Sobre leer

Sobre leer
Por Margarita Rosa de Francisco

Mi relación apasionada con la lectura es muy joven, no tiene más de siete años. No es que antes no me gustara leer, sino que leía menos. No me pasaba como ahora, que, cada vez que leo un libro, vivo la experiencia como un descubrimiento apoteósico.

Siento mucha lástima de que este encuentro profundo haya sucedido tan tarde en mi vida, ahora leo como alguien que se ha quedado atrás en el camino y trata de desatrasarse. Como lectora, tengo muchos vacíos y complejos, no me atrevería jamás a volver a opinar sobre literatura (sí, ya lo hice una vez y metí la pata mal), pero sí puedo hablar sobre qué tipo de lectora soy.

1) Aunque prefiero la lectura inocente y sin solemnidades, disfruto mi ritual: té o café, lapicero, diccionario y un cuarto fresco y silencioso al que llamo mi oficina, donde me encierro con llave. Leo con deleite, sin afán, subrayo, saboreo las palabras y colecciono mis favoritas.

De leer, adoro el privilegio de tener ese intercambio ardiente y a puerta cerrada con el artista o el pensador.

2) Lo de los complejos es porque hay libros que he gozado y luego no me acuerdo de qué se trataban (si les digo cuáles son, sentirían mucha vergüenza y pesar, al igual que yo). La ventaja es que los libros no se van, lo esperan a uno con su sabia paciencia, y eso me consuela. Pero, ya me ha pasado que alguien cita frases enteras sobre un libro que conozco y por dentro pienso: “Pero ¿por qué no me acuerdo de eso?”, y me quedo ahí, frustrada, queriendo llegar a mi casa para agarrarlo a mansalva y buscar ese pasaje precisamente. Lo que retengo de los libros que leo es algo así como el perfume (¿del alma?) de su autor, la resaca después del viaje; lo que me hizo sentir, eso más que nada. He dado con párrafos que me han dejado sin aire o llorando de hermosura.

3) Hay grandes escritores que me resultan difíciles o insoportables, pero jamás les dejo su libro tirado; es más, me entusiasma el hecho de pelearme con ellos.

4) Elijo los temas instintivamente; por lo general, escojo firmas que tengan un altar en la historia de la literatura y filósofos que debería estudiar con la ayuda de un profesor; aun así, me lanzo sin salvavidas, paso páginas sin entender nada y, de pronto, parece ocurrir el milagro; la frase reveladora que me rescata, veo la aguja brillar en el pajar.

De leer, adoro el privilegio de tener ese intercambio ardiente y a puerta cerrada con el artista o el pensador, que me dirige la palabra desde su mundo y me devuelve a chorros la fe en el ser humano.

 

El Tiempo 

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