Las 21 denuncias de violencia y maltrato que antecedieron el incendio en el Hogar Seguro

Por Mariela Castañón

La semana pasada, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Guatemala (Oacnudh), presentó el informe “Las víctimas del Hogar Seguro Virgen de la Asunción – Un camino hacia la dignidad”,  donde destacó los eventos del 7 y 8 de marzo de 2017, cuando 41 niñas murieron y 15 resultaron heridas en el incendio en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. 

El dato que más llamó mi atención fue las 21 denuncias presentadas ante el Ministerio Público en 2016, sobre violencia y maltrato físico en el módulo “Mi Hogar”, donde estaban las 56 jovencitas que se quemaron.  De esos 21 casos, seis correspondían a niñas que murieron en el incendio del 8 de marzo, quienes antes de su fallecimiento develaron abusos físicos que sufrían en el Hogar Seguro. 

Además de septiembre a noviembre de 2016, 55 niñas, niños y adolescentes “desaparecieron” del Hogar Seguro, según Oacnudh.

Estos datos son útiles y certeros,  nos dan un parámetro oficial de lo que ocurrió antes del incendio en el Hogar Seguro.  

Durante aproximadamente dos años le di cobertura al Hogar Seguro y recuerdo el relato, las lágrimas y la desesperanza en el rostro de esos niños y niñas, que confiaron en mí para denunciar los vejámenes a los que fueron expuestos.  

Las denuncias iban desde “meterlos a la bartocha” o lugar de castigo, mientras meditaban por su “mal comportamiento”, lanzarles agua en la madrugada, ponerlos a correr desnudos, obligar a los niños con discapacidad a hacer limpieza, golpearse entre sí.  Además hablaban de la escasez de sábanas calientes y una cama cómoda para descansar (dormían en el piso y en colchonetas).  Describían el aire que entraba por la ventana y el frío que sentían en la madrugada.  Otros expusieron el asco que sentían por usar un cepillo para diez personas (principalmente los adolescentes), usar la esponja de su colchoneta cada vez que iban al sanitario, entre tanto más…

Les pregunté a las niñas y a los niños sobre a qué se referían cuando les recriminaban su mal comportamiento.  Explicaron que se ponían mal cada vez que los golpeaban, les jalaban el pelo, retorcían el brazo, les daban patadas, golpes en la boca.  Eso no era todo, también hubo denuncias de agresiones y violaciones sexuales y posible trata. Violencia psicológica como decirles que eran “escoria”, que “nadie los quería”, “nadie les iba a creer”.  Yo si les creí y les creo. 

Estuve reportando centenares de denuncias de desaparición de 2015 a 2017 en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción, las cuales fueron recurrentes, pero no acaparaban la atención de nadie.  Creo que la gravedad se reflejó entre el 28 y 29 de septiembre de 2016, cuando 31 niñas desaparecieron.  

Desconozco en qué fase se encuentran las 21 denuncias a las que Oacnudh hace referencia en su informe, pero considero oportuno que la Fiscal General del Ministerio Público, María Consuelo Porras, verifique si existió negligencia o pasividad en los casos develados ante los fiscales.  Si hay, se debe deducir responsabilidades sin excusas.

Si bien es cierto, esos eventos NO ocurrieron en la gestión de la Fiscal Porras, es el momento de comprobar su genuino compromiso con la niñez.  Así como recientemente vimos un MP diligente al revivir un caso de hace 14 años, así se pediría que se investigue lo que ocurrió en el periodo de 2010 a 2017 en el Hogar Seguro Virgen de la Asunción. 

Yo le creo a la niñez del Hogar Seguro, su dolor es mi dolor.  Que ningún delito quede impune.  

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