Hacer ejercicio, huir del estrés y la actividad intelectual te ayuda a prevenir el Alzheimer

La práctica deportiva oxigena el cerebro y ayuda a preservar las neuronas que son especialmente sensibles a la enfermedad.

Leer contribuye a tener una reserva cognitiva para afrontar los cambios neuronales producidos por el envejecimiento.

En las sociedades occidentales la enfermedad de Alzheimer afecta al 10 % de la población mayor de 65 años. En España la cifra supera los 800.000 diagnosticados. Es una enfermedad degenerativa muy frecuente pero todavía no se ha encontrado un fármaco que la cure. En este sentido, se trabaja para detectar la enfermedad precozmente, paliar sus síntomas y, en estadios iniciales, frenar su avance.
 
El neurocientífico Diego Redolar, director del grupo de investigación Cognitive NeuroLab y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC, señala que hay ciertos hábitos que ayudan a que nuestro cerebro sea más resistente al ataque de la enfermedad y retrasan la aparición de los síntomas.

Hacer ejercicio

Hace años que los científicos desmontaron la creencia de que en la edad adulta no se generaban neuronas nuevas en el cerebro. Tal y como explica Redolar en el libro El cerebro cambiante (Editorial UOC), «el proceso de formación de neuronas nuevas —neurogénesis— también se da en edades adultas». En este sentido, hacer actividad física de manera regular es un buen motor porque se ha comprobado que impulsa la creación de nuevas neuronas en el hipocampo. 

Además, la práctica deportiva oxigena la sangre y mejora la vascularización, el riego sanguíneo del cerebro y el tejido nervioso. Esto también ayuda a preservar las neuronas que son especialmente sensibles. «No es la profusión de estímulos lo que induce el nacimiento de nuevas neuronas, sino el ejercicio físico que hacemos como respuesta a estos estímulos», apunta el doctor especialista en neurociencia. En este sentido, «el ejercicio no solo es ventajoso para fomentar el nacimiento de neuronas nuevas, sino que ayuda a mantener un equilibrio y un entorno óptimo en nuestro cerebro». Por último, cabe destacar que el ejercicio también estimula la liberación de una molécula que es importante para hacer efectiva la reorganización que se da en el cerebro vinculada a la experiencia.

Actividad intelectual alta

«Las personas de mediana edad que tienen una actividad intelectual alta —leer, hacer crucigramas…— generan lo que los expertos llaman reserva cognitiva. La reserva —explica Redolar— es la capacidad del cerebro para afrontar los cambios neurales producidos por el envejecimiento o por un proceso patológico, por lo que modularía la relación entre las lesiones cerebrales y sus manifestaciones clínicas, y limitaría así el impacto negativo sobre la cognición». El efecto, por lo tanto, es «un retraso en la aparición de los síntomas». 

Varios estudios lo han demostrado mediante resonancias magnéticas. Individuos con una carga genética importante para desarrollar la enfermedad o incluso ya enfermos han logrado frenar la aparición de la sintomatología con esta reserva intelectual que, de alguna manera, ha compensado los factores clínicos. En este campo trabaja el también profesor colaborador de la UOC David Bartrés-Faz, que lidera el proyecto de salud cerebral Barcelona Brain Health Initiative, impulsado por el Instituto Guttmann y la Obra Social «la Caixa». El objetivo último es descubrir cómo, con hábitos saludables, se puede incidir sobre la plasticidad neuronal, que es la capacidad intrínseca del sistema nervioso de modificar su estructura y las conexiones neuronales para desarrollar nuevas capacidades y adaptarse a los cambios.

Huir del estrés

Si hacer ejercicio oxigena la sangre, el estrés hace todo lo contrario y tiene un efecto nefasto sobre las neuronas. Por lo tanto, hay que evitar esta circunstancia y encontrar un punto de equilibrio saludable que estimule el cerebro pero que, literalmente, no lo queme.

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