Diatriba

Por Martín Griffo Adorno


No se extraña tu inteligencia.
No tu elegancia.
No tu soberbia.
No tu vigor.
No tu voz cheta y quebradiza.
No tu retórica.
No tu voracidad por hacerle frente a los poderosos.
No tu sensibilidad.
No tu coherencia.
No tu corrupción.
No tus mentiras.
No tus verdades.
No tus subsidios.
No tus ahora 12.
No tus procrear
No tus aerolíneas.
No tus trenes.
No tus YPF.
No tus hoteles (llenos cada finde largo).
No tus provocaciones políticamente incorrectas.
No la admiración y el apoyo que te tienen y brindan varios y grandes líderes mundiales.
No tus tapas o zócalos de La Nazión, Clarín, Noticias.
No tus récords de producción, empleo y consumo.
No tus leyes de género, ni de medios.
No tus ansias de discutir todo lo discutible.
No tu liderazgo indiscutible.
No tu obcecación de yegua.
No tus calles atestadas de vehículos nacionales fabricados durante la década…
No tu recuperación del debate en las mesas de familia y amigos.
No tu claridad conceptual acerca de la inflación como resultado de la puja distributiva.
No tus paritarias dignificantes, por encima de la inflación.
No tu empoderamiento de los más postergados, a través de la reconstrucción del tejido social que les devolvió autoestima.
No tu reparación histórica de la posta, posta.
No tu visión del conflicto como paso necesario e ineludible en la resolución sensata de intereses.
No tus ínfulas por que se conozcan los nombres del poder real.
No tus echadas de luz sobre los métodos de extorsión y opresión de ese poder real.
No tus luchas por la memoria, la verdad, y la justicia, a pesar de que hoy volvieron los civiles de la dictadura.
No tus férreos compromisos con los organismos de DDHH de todo el continente.
No el amor y el respeto que te han tenido los líderes populares regionales de la última década.
No tu soberanía satelital, porque la información es un derecho, no un privilegio.
No tu asignación universal.
No tus beneficios para los jubilados.
No tu calendario de casi 20 vacunas.
No tus fines ni progresar, ni netbooks para acortar la brecha digital de los más hunildes.
No tu procreauto.
No tu Renovate.
No tu sube.
No ti Qunita.
No tus Ellas Hacen.
No tu Pakapaka ni Encuentro.
No tu Fútbol para todos.
No tu Tecnópolis.
No tú Bicentenario.
No tus discursos en la ONU sin leer.
No tus fiestas populares en Plaza de Mayo.
No tus denuncias contra EEUU.
No tu animal político.
No tu ternura.
No tu devoción por la historia.
No tu capacidad de análisis de la realidad.
No tus dotes de estadista.
No tu solvencia en la conducción de un país y un movimiento tan complejo y complicados.
No tus saberes académicos.
No tu formación experiencial.
No tu perspicacia.
No tu intrepidez.
No tu irreverencia.
No tu arrogancia.
No tu osadía.
No tu lucha cotidiana, contra todos y contra todos; de afuera y de adentro.
No tus conquistas para y por los que menos tienen.
No tus exoneraciones de las ONG que convertian derechos en negocios.
No tus canciones de cancha.
No tu integridad frente los embates irracionales y ridículos de los ex gordos del sindicalismo, o de Lanata, Carrió, Stolbizer, Leucocitos, Niembro, Sú Giménez, Sauria Legrand o Majul.
No la emergencia de tu figura por las convicciones que esgrimís, ante tanta mediocridad de los partidos políticos, mediáticos, judicial, sindical, y empresarial cipayos.
No el tenor de tu pericia y tu entrega, re-uniendo al amor con la militancia.
No tu obstinación por recuperar el concepto de política, como herramienta de transformación social.
No el enorme piso de subjetividades que dejaste, imposibles de acallar.
No tu pésimo baile.
No tu envidiada sensualidad.
No tu mirada desafiante y franca.
Ni siquiera a vos.
No.

Se extraña el país que nos habíamos mal acostumbrado a ser y a soñar, con y por vos, y por el cual te han hecho odiar, quienes jamás serán amados, yegua.

Griffo

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