El 15 de agosto de 1905: “un banquete de charque de caballo gordo untado en grasa”

El 15 de agosto de 1905: “un banquete de charque de caballo gordo untado en grasa”
Por  Bernardo Veksler
La necesidad de contar con sal llevó a un par de pioneros santacruceños a dirigirse hacia una toldería tehuelche próxima, con el fin de aprovisionarse del producto. “Para entonces la nieve estaba compacta y nos fabricamos unos esquíes con duelas de barril.
El viaje no tuvo contratiempo, y uno de los indios, el viejo Cocinero, nos cedió generosamente un par de kilos de sal; más aún nos invitaron a un verdadero banquete: charque de caballo gordo untado con grasa de yegua… Podéis reíros, pero para nosotros fue algo soberbio” (Andreas Madsen. Patagonia vieja).
La generosidad tehuelche se manifestó también en la invitación “a quedarnos varios días con ellos. Esos indios se mostraron más hospitalarios y bondadosos que cualquier cristiano en la circunstancia, y pensamos seriamente en aceptar la invitación, pero nos disuadió el pensar en los que ansiosamente esperaban nuestro regreso con la sal. A la mañana siguiente estuvimos en marcha, cuidando aquella sal como si fuera un valioso diamante. En el rancho fuimos recibidos como conquistadores. Habíamos salvado la situación en lo principal”.
Los pioneros del oeste santacruceño estaban viviendo una situación cargada de carencias: “Era bastante miseria ya subsistir a carne flaca de caballo, simplemente hervida, sin pan ni nada más: algo como suela de goma. La yerba la habíamos secado por lo menos veinte veces y constituía una simple ilusión para el estómago, sin gusto absolutamente”.
Madsen recordó con gratitud a los tehuelches que cedieron “a dos extraños parte de su muy escaso sustento, sin querer siquiera oír de pago alguno. Siempre tuve amistad con los indios, pues siempre los traté como iguales ¡Pobres tehuelches! Tiempo hubo, y no hace tanto, en que eran los únicos señores de la Patagonia; ahora sólo quedan unos pocos, en un par de lotes reservados, que se ven generalmente explotados por algún estanciero vecino (…)

El tehuelche es raza sentenciada, pero siempre guardaré la memoria de sus hombres y mujeres corpulentos, silenciosos, bondadosos y cordiales, tales como Kankel, Cocinero, Kopajulio, Ojo Verde, Eusebio, Kocayo, Jempi, Malén, Cándido y Soldado Viejo; gente que nunca hizo daño material, ni mató a guanaco, ave o animal alguno más que para sustento o abrigo, no como el cristiano supercivilizado que mata por puro gusto de matar o de codicia” (op.cit.).

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