La construcción de personajes gays para teleseries aún concibe roles estereotipados

La construcción de personajes gays para teleseries aún concibe roles estereotipados

Por Giselle Hidalgo Villagómez

Los coros de la canción ‘Fresa Salvaje’, de Camilo Sesto, anuncian la llegada de un ‘chico’,  pero él no es un muchacho cualquiera. A su paso llama la atención sus ademanes, su voz suave  y su caminar. Él se acerca a un quiosco de venta de medicina, donde es abordado por 2 vendedores informales: —Pregunte nomash, reina; lo que usted quiera le damos. —No soy lo que ustedes piensan, solo soy un chico… hipocondríaco, contesta.

El protagonista de esta escena es ‘La Melo’, de la producción televisiva Vivos (2001), que se estrenó en TC mi Canal y que está en la plataforma YouTube. Antes que ‘La Melo’, Fermín, el amanerado mayordomo de la extinta serie Mis adorables entenados con plata, que se emitió en RTS, fue el primer personaje homosexual de la pantalla chica ecuatoriana. Al parecer, la concepción de los homosexuales en la televisión local va encaminada a los estereotipos que encasillan a esta comunidad con gestos, aptitudes, actitudes y comportamientos que llegan a denigrar a la comunidad gay.

“La escasez en la variedad de representaciones se refleja en las repetidas características,  roles y especialmente las tramas en los que se encuentran envueltos los personajes”, es la conclusión a la que llegó un grupo de estudiantes de la Universidad Casa Grande en la tesis  ‘Representaciones de género en los programas de ficción de la televisión ecuatoriana’, elaborada en 2014, que repasa las producciones ecuatorianas desde la década del 80 al 2010.

El texto argumenta que la construcción de roles se ha concebido por una cultura en la que predomina el patriarcado, con una perspectiva machista y sexista, alentando al racismo y presentando fobia a la diversidad sexual. La investigación concluye que el estereotipo que no ha evolucionado hasta la actualidad es el del gay, representado como un predador, desaforado sexual, físicamente no atractivo, de contextura robusta o delgada, vistiendo accesorios y colores llamativos y con un rol laboral menor al del hombre heterosexual; mientras que las lesbianas son invisibilizadas en su totalidad.

Estas características invitan a recordar a los personajes que se  quedaron en la retina del televidente ecuatoriano, como Fermín, caracterizado por Fernando Villarroel, en 1998, que además fue el primer homosexual con  perfil de adinerado, pero ridiculizado por su propia naturaleza. La misma comicidad se desarrolló en las producciones El Secreto de Toño Palomino (2008) y  El exitoso licenciado Cardoso (2009), personajes interpretados por el actor Martín Calle, donde un gay fue protagonista, pero el estigma de la mofa lo envolvió. En 2010, ‘La Melo’ fue entendida como una sátira de la farándula, al igual que ‘La Michi’, caracterizada por Víctor Aráuz (2011), que popularizó la palabra ‘Escándalo’.

Sobre la construcción de estos últimos perfiles, el productor y director, Jorge Toledo, aclara que siempre tuvieron aceptación porque la intención fue demostrar el entorno, la realidad y la auténtica “idiosincrasia latinoamericana” con el ánimo de ponderar y no de ofender. “Si hablamos de un contexto universal, de un guión o producción, cada personaje debe estar acorde a la historia. Dentro de una producción cinematográfica con un guión dramático nunca va a caber un personaje así; hay otros contextos y este era un programa de humor, de comedia.

Si uno quiere ver cuestiones políticas tiene que ver un programa político, si ves un programa cómico vas a reír, así de sencillo”. El comunicador y activista GLBTI, Óscar Ugarte, discrepa con  este argumento porque dice que los comediantes recurren a lo “más básico” para hacer reír en forma inmediata, burlándose del homosexual y  creando estereotipos. Además celebra los derechos que la Ley de Comunicación les ha otorgado en materia de defensa contra los medios que transmiten estas series, pero cree que falta un trabajo acucioso por parte del gremio al que representa para lograr los mismos efectos en la radio, donde la mofa y la segregación continúan a través de encasillamientos.

Despenalización de la ley

En Ecuador, hasta 1997, la homosexualidad era considerada un delito grave con pena de 4 a 8 años de cárcel. Esta política cambió en la Constitución de 2008, en la que se incluyó el respeto a los derechos de las personas con diferentes identidades de género, pero que no logró modificar la percepción de una sociedad conservadora.

La psicóloga Yuli Enireb dice que esta apreciación se fundamenta en la existencia de casos en que los  homosexuales se afanan por expresar su género y sentimientos, sobredimensionando sus conductas hasta el punto de estereotiparlas. Recuerda la época en que el VIH se propagaba en el país (a mediados de la década del 80) y hombres “no heterosexuales” solicitaban terapia con el objetivo de cambiar su forma de hablar y vestir para evitar que los “marginen”. Enireb asegura que ese comportamiento afeminado se originaba por el rechazo a la discriminación, manifestándolo con un exagerado amaneramiento, algo que utilizaron los medios comerciales para ridiculizarlos.

Nueva concepción del perfil gay

El compositor, músico y guionista Christian Valencia, considera que la televisión ecuatoriana tiene mucho “facilismo”, por lo que debe arriesgarse a lo diferente, en vez de fomentar  burlas contra la comunidad GLBTI como una medida de responsabilidad social. “He creado personajes gays sin hacer una burla, ni sacarle provecho comedial o temático”. Manifiesta que a la hora de crear el perfil de un personaje no se debe subrayar o hacer notorias ciertas actitudes que lo  conlleven a caricaturizarlo. Bajo esta primicia creó a Paúl, personaje de la obra Enredos (2014, presentada en el Teatro Sánchez Aguilar), un cuencano que, a punto de casarse, siente dudas.

Para construirlo, Valencia trabajó más en su acento que en sus preferencias sexuales, que fueron manejadas con sutileza. “Creo que las historias se construyen mejor cuando están sustentadas en el contexto; el humor de contexto es mucho más inteligente, astuto y brillante que el que viene de clichés”, señala Silvio Villagómez, quien dio vida a Paúl. Experiencia similar vivió el actor y director teatral, Ricardo Velasteguí, en Cock, de Mike Barlett. Al estudiar su papel se dio cuenta de los abusos que se cometen a la hora de construir un personaje homosexual. “La gente no se enamora del sexo, sino de la persona como tal. Mi personaje se enamoró de un hombre, pero no por ser hombre, sino por cómo era él.

Eso es lo interesante en un personaje, que más allá de que sea gay o no, pesa lo que te transmite”, argumenta Velasteguí. Edyy González, presidente de Guionistas y Autores Literarios y Asociados (GALA), dice que sus colegas “aún no están empapados” de la Ley de Comunicación como para enfocarse en lo positivo y no en lo peyorativo porque incurren en situaciones cliché para introducir un personaje. Como lo que ocurrió con ‘Kiki’ Kilovatio, personaje gay que caracteriza Efraín Ruales en la serie Tres Familias, de Ecuavisa. ‘Kilovatio’ hizo su aparición en el seriado como un ayudante de limpieza de una peluquería de la que terminó siendo el contador, ejerciendo la profesión que estudió en la universidad. “Si lo presentamos de una como contador, el público no lo recepta porque está acostumbrado al humor fácil, ese que se veía en las calles de Guayaquil en las escenas teatrales de la Plaza San Francisco. Ahí, ver a un hombre vestido con bata es humor. Son conceptos enraizados en nuestro público que hay que cambiar de a poco”. El guionista justifica su argumento al asegurar que el público que consume la producción televisiva nacional es de “décadas pasadas” porque las nuevas generaciones están en la web. (I)

Colectivos GLBTI lograron avances con la nueva ley   El cese de la transmisión de la serie La Pareja Feliz, en noviembre de 2014, marcó la nueva era legislativa donde los derechos de los GLBTI se hicieron respetar a partir del fallo a favor que se consiguió el 31 de octubre, por la denuncia que interpuso el colectivo Silueta X, al canal Teleamazonas, que la reproducía. La demanda se inició en abril del mismo año, cuando a este colectivo, que representó a 49 organizaciones, se le sumaron otros movimientos en desacuerdo con los programas Vivos y Mi Recinto, que registraban contenidos discriminatorios por razón de sexo y orientación sexual. La denuncia se basó en lo que estipulan los artículos 62, 63, 64 y 65 de la Ley Orgánica de Comunicación (LOC).

“Está prohibida la difusión a través de todo medio de comunicación social de contenidos discriminatorios que tengan por objeto o resultado menoscabar o anular el reconocimiento, goce o ejercicio de los derechos humanos reconocidos en la Constitución y en los instrumentos internacionales. Se prohíbe también la difusión de mensajes a través de los medios de comunicación que constituyan apología de la discriminación e incitación a la realización de prácticas o actos violentos basados en algún tipo de mensaje discriminatorio”, señala el primer numeral, mientras que los otros se refieren a los criterios de calificación, las medidas administrativas que establecen las sanciones como disculpas públicas y multas; y finalmente la clasificación de audiencia y franjas horarias donde el medio se hace responsable de clasificar el tipo de público apto para ver su programación, como el familiar, adulto y de responsabilidad compartida. (I)

El Telégrafo

Categories: De interés, Ecuador, LGBTI