Coruña, con la voz de los olvidados…

Coruña, con la voz de los olvidados…

 

Por Julio Cámara C. (Iquique, Chile)

 

Las difíciles condiciones de vida de los hombres y mujeres de la pampa, con faenas duras e interminables, y siempre mal compensadas económicamente, no impidieron que las manifestaciones artísticas florecieran bajo el calcinante sol y las heladas noches del desierto nortino.

Los hombres y mujeres de la pampa fueron también capaces de construir, a través del arte y la cultura, un espacio para la creatividad, los sueños y las esperanzas en un mundo mejor. La salitrera Coruña fue uno de esos espacios, uno más, en la desmesurada y árida pampa.

Pero, ese mundo mejor, cuyos atisbos pudieron percibir más de una vez a través de alguna expresión del arte; ese mundo mejor en que prevaleciera la dignidad y la justicia, bien lo sabían, había que construirlo. Y esa era una tarea titánica, que requería de mucho valor y tenacidad, y había que sustentarla en la unidad de todos los asalariados.

Unidad que es fuerza movilizadora, y más sólida aún, cuando está inspirada en convicciones de que otra vida es posible, incluso, en esos cerros y pampas salobres castigadas doblemente por el clima contradictorio y la voracidad sin límites de los empresarios del salitre

Una tarea titánica, sin duda, pero, también peligrosa y amenazante para la vida, que en la pampa solía tornarse más frágil cuando se enarbolaban demandas por mejores condiciones de vida. Sí, bien lo sabían, los sufridos hombres y mujeres de Coruña y de los campamentos cercanos. El dolor y la impotencia de la derrota vivida en la escuela Santa María, allá en Iquique, apenas dieciocho años antes de ese comienzo de junio de 1925, todavía estaba presente y se sentía en los ánimos, como aciaga advertencia.

Pero, esta vez no bajarían a Iquique, el “puerto grande” del infortunio, ni habría ninguna escuela esperándolos como anticipada sepultura. Esta vez, la determinación era luchar, con lo que se tenía, y se intentaría resistir en la pampa, férreamente unidos, los embates inevitables de los “señores” detentadores del capital y del poder político. Ellos, los proletarios de la pampa y la ciudad, cuando se unían y organizaban dispuestos a luchar por una mejor vida, solían infundir temor también en las clases dominantes. Así ha sido siempre.

Pero, las duras lecciones aprendidas en la lucha por el pan, enseñan que no se avanzará en la construcción de un mundo mejor sin la generosidad de ofrendar la propia vida si las circunstancias lo exigen. Una lección que los obreros que bajaron a Iquique aprendieron duramente en la escuela Santa María, en diciembre de 1907.

Un 05 de junio de 1925, y después de resistir varios días el asedio de fuerzas militares combinadas, que les superaban en hombres y armamento, los heroicos obreros de Coruña, liderados por el “Huaso” Garrido, depusieron su lucha y entregaron el campamento.

Carlos Garrido, y otros cientos de huelguistas pagaron con su vida la  osadía de pretender alcanzar una vida más digna en las calicheras del norte chileno.

Lo que vino después es historia conocida en las luchas del movimiento obrero chileno, represión, y más represión para acallar demandas y reivindicaciones sociales. Así ha sido siempre también.

La “historia oficial” se empeña en seguir ocultando este hecho brutal, como suele ocurrir con otros acontecimientos que se inscriben en la historia de las luchas sociales en Chile.

Pero, lo más penoso es constatar que el ocultamiento de este suceso  represivo involucra también, por omisión o desidia, a las organizaciones políticas y sociales que por sus historias y demandas debieran relevar este acontecimiento, como símbolo y ejemplo de las luchas reivindicativas por una sociedad mejor y más justa.

Tenemos que saldar deudas con nuestra memoria histórica. Aquella memoria aún ausente, incluso, en los textos escolares, y que sigue reproduciendo en la percepción de las actuales generaciones una “historia oficial”, que es sesgada, de ocultamiento de hechos  y de medias verdades, de sucesos que hay que destacar y glorificar y hechos  que es preferible y convenientes ocultar y menos recordar. Y así,  acontecimientos brutales como los ocurridos en Coruña simplemente nunca existieron.

Es esta una tarea vigente y necesaria por la memoria de nuestros luchadores sociales, héroes y mártires del pueblo que ofrendaron sus vidas por una sociedad más justa y solidaria, por un Chile mejor…como lo soñaron los pampinos en la escuela Santa María y en las calicheras de la pampa, en Coruña y otros campamentos.

El autor, Julio Cámara C., es Consejero Regional CNCA, Iquique, Chile

Piensa Chile 

 

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