Un atisbo de poesía

Un atisbo de poesía

Autora: Carolina Vásquez Araya 

A veces, y el sueño es triste,/ En mis deseos existe/ Lejanamente un país/ Donde ser feliz consiste/ Solamente en ser feliz. (Fernando Pessoa).

“Los poetas dijeron que hacían esto (leerles poemas a los monos) porque los monos son sensibles a los poemas”. Así decía la nota de prensa. Que un grupo de poetas chilenos se había metido a una jaula del zoológico a leerles poemas a los monos, seguros de que los animalitos disfrutaban de la lectura.

Es fascinante la propuesta, no por el hecho de que quizás los monos entiendan poesía, sino por las enormes posibilidades que esto abre en otros ámbitos, como por ejemplo instalarse en los pasillos de algunas dependencias a recitar poemas de Humberto Ak’abal, como ese que me envió Rudy Cotton y que dice: ¡Cómo quisiera ser pájaro/ y volar, volar, volar,/ y cantar, cantar, cantar,/ y cagarme –de buena gana-/ sobre algunos/ y algunas cosas!

Poesía, nada más que eso. Como las pintas de los jóvenes universitarios que reaccionaron contra la estupidez oficial por allá a finales de los 60, exigiendo un espacio para “la imaginación al poder”, obviamente sin estar totalmente seguros de las consecuencias, pero quizás presintiendo que la imaginación es mucho más interesante y nutritiva para la sociedad que la ambición pura y simple, y por supuesto más divertida y menos dañina.

Créanme. El hecho de que los monos entiendan poesía no es ninguna ofensa para los humanos, sino más bien un reconocimiento a la sensibilidad de los primates. Por algo dicen también que los tigres aprecian a Mozart y que a los elefantes se les puede tranquilizar leyéndoles versículos del Mahabharata, y no me cabe duda alguna de que es cierto: ya los paquidermos cultivan otros atributos elevados, como la fidelidad y el honor, que entre los humanos han pasado a engrosar la lista de los valores en vías de extinción, no sería sorprendente que también pudieran darnos lecciones de solidaridad y unos cursos rápidos sobre poesía india.

Por lo tanto, no es una mala idea recetar, a quienes ocupan posiciones de privilegio dentro de la comunidad, una dosis reforzada de poesía. Es posible que de esa manera se les vaya afinando el entendimiento y logren asimilar conceptos tan inasibles como integridad, dignidad, amor al prójimo y respeto por los derechos de los seres vivos.

Se podría comenzar la campaña usando textos sencillos y directos para ir escalando progresivamente hasta las alturas del Macchu Picchu con Neruda, o hacia las insondables profundidades del Popol Vuh. Y así, poco a poco, ir educando a dirigentes que no saben dirigir, a líderes que no comprenden aún lo que es el liderazgo y a políticos que no tienen idea de lo que es gobernar. A lo mejor algún día, en medio de un discurso de campaña, aparece por ahí un verso sin mayor protocolo, como nacido de la pura necesidad de nacer, como respondiendo a la sed urgente de sensibilidad y cultura.

(Publicado en 2001)

 

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