Poeta de la lente

Por Ángeles González Gamio
Los años 20 del pasado siglo fueron testigos de una efervescencia cultural que reflejaba el sentimiento nacionalista que había generado el movimiento revolucionario. Papel central tenía la exaltación de las raíces prehispánicas e indígenas. Estos ideales se reflejaban en el arte, la música y la literatura.

La fotografía no fue la excepción, uno de los fundadores de la que podemos considerar la fotografía moderna fue Manuel Álvarez Bravo, cuya vasta obra abarca de finales de la década de 1920 a la de los 90.

Oriundo de Ciudad de México, nació en el centro en 1902, hijo de maestro y nieto de pintor, ambos aficionados a la fotografía; desde niño le llamó la atención y exploró por su cuenta procedimientos y técnicas. Huérfano de padre, a los 12 años se vio obligado a trabajar en una fábrica textil y después en la Tesorería.

Ya adolescente entró a la Academia de San Carlos en donde abordó el pictorialismo, influido por sus estudios de pintura. Posteriormente las estéticas modernas, donde descubrió el cubismo y las posibilidades de la abstracción. En los años 30 se inició en la fotografía documental.

Cuando deportaron a la fotógrafa italiana Tina Modotti, ésta le dejó su trabajo en la revista Mexican Folkways. Colaboró para Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros, entre otros. Ellos lo estimularon ideológica y políticamente hacia el carácter social que caracteriza su obra, que busca plasmar la cultura e identidad mexicanas. Su visión trasciende lo documental para adentrarse en el alma de la vida urbana y la rural, la religión, el paisaje y las tradiciones.

A este fructífero periodo posterior a la Revolución se le ha llamado el renacimiento mexicano. Sin duda, Álvarez Bravo es una figura emblemática de esa época. Críticos renombrados lo han llamado poeta de la lente.

Ahora tenemos la oportunidad de apreciar un fragmento de su obra gracias a la Asociación Manuel Álvarez Bravo, custodia del vasto archivo. Con el propósito de darle vida y dinamismo rehabilitó el cuarto oscuro del artista y conjuntamente con el fotógrafo José Ángel Rodríguez, su discípulo a finales de la década de los 70, se imprimieron 105 retratos utilizando la técnica de plata sobre gelatina.

La exposición muestra personas de todas las edades y de orígenes muy distintos. Pocos de los retratados parecen posar intencionalmente a la cámara. Aurelia Álvarez Urbajtel, hija del fotógrafo, directora de la Asociación y una de las curadoras de la exhibición, comenta: Nos divertíamos tratando de adivinar a qué se dedicaban o quiénes pudieron haber sido estos personajes. Les dábamos vueltas y vueltas y les inventábamos historias. Acabaron formando una entrañable comunidad de seres humanos silenciosos pero expresivos, ausentes y a la vez casi palpables.

Ahora, en la muestra se busca que el público ayude a identificarlos. Ya ha sucedido con varios; si usted no se cuece al primer hervor dese una vuelta, a lo mejor se encuentra a su abuelo o a la tía Conchita.

La exposición Se buscan. Retratos inéditos de Manuel Álvarez Bravo se puede ver en El Museo Archivo de la Fotografía (MAF), situado en calle de República de Guatemala 34-38, en el Centro Histórico de Ciudad de México. La entrada es gratuita

Ocupa la hermosa mansión conocida como Casa de las Ajaracas, por la decoración que adorna la fachada. Se dice que aquí estaba la vecindad donde nació el fotógrafo que falleció en 2002, a los 100 años de edad.

Está junto a otra edificación de gran belleza que aloja el restaurante Casa de las Sirenas, del que hemos hablado en otras ocasiones por su soberbia terraza y sabrosa comida mexicana. Con la vista de la catedral y las jacarandas ahora en plena floración, puede degustar unos chiles mecos rellenos de picadillo y frutas secas para acompañar el aperitivo

Después el caldo mixteco en caldo de jitomate picosito, con camarones y un toque de pernaud, de plato fuerte, el pato dorado al horno. Todavía falta el postre ¿que tal los gaznates de higo al anís?

La Jornada
Categories: Cultura, Fotografía, México