Por Patricio Jara

Es el adjetivo más fácil y también el más engañoso. Etiquetar a un autor como “inclasificable” despierta siempre más sospechas que curiosidad. “Las clasificaciones son sólo eso. Lo dicen porque he escrito libros en varios géneros, lo cual también hace buena parte de mi generación, así que no es nada del otro mundo”, dice Legna Rodríguez Iglesias (Cuba, 1984). Aunque, en su caso, el adjetivo en cuestión parece más bien una manera de rendirse ante la propuesta de una autora que se rebela frente a las formas clásicas: sus novelas no parecen novelas ni sus cuentos parecen cuentos, y eso, que a ojos puristas se consideraría un problema, en su caso le brinda un atractivo mayor. Ella escribe libros que cuentan historias y en la forma está el truco.

“Los géneros están ahí para ser usados, y manipulados, como uno mejor entienda”, dice la autora desde Miami, donde vive hace tres años. “La manipulación es una de las primeras cosas que uno aprende. Nuestros padres nos manipulan, nuestros maestros nos manipulan, nuestras parejas nos manipulan, la sociedad entera es un órgano de manipulación. Así que yo, desde mi pequeño hueco, manipulo géneros”.

Rodríguez Iglesias acaba de publicar en Chile el volumen La mujer que compró el mundo, un conjunto de relatos donde la disposición del texto es fundamental: párrafos cortos, a veces de una línea, justificados a izquierda o derecha según la página, escalados como si fueran versos de un poema y que bien podrían leerse como poemas. También hay voces, acciones, imágenes, ideas, descripciones y giros coloquiales, como en el caso del cuento que titula el volumen.

“En la confianza está el peligro pero también están los campos de acelgas para siempre”, dice la protagonista de la historia. “Podríamos cosechar acelga y venderla más barata que el Estado. No nos cuesta nada. La agronomía me corre por la sangre. Mamá es ingeniera agrónoma, papá es ingeniero agrónomo. Una vez tuve un novio que estudió esa especialidad pero más parecía una chimenea y yo con chimeneas no voy a ningún lado”.

La mujer que compró el mundo fue el primer conjunto de cuentos de la cubana y ahora, para esta nueva edición, publicada en Chile por Los Libros de la Mujer Rota, tuvo la oportunidad de revisarlo. “Es un hecho renovado gracias a la editorial, que comprendió al pie de la letra lo que yo quería con el volumen, y la verdad es que me parece hermoso”.

¿Qué está primero: la historia o la forma cómo se cuenta?

Todo está primero. No hay divorcio posible entre la forma y el suceso narrativo. Cuando empiezo a escribir un libro -que eso es lo que hago, escribir libros, no textos sueltos-, sé cómo es y de qué tratará. La idea es importante, el concepto del libro, su totalidad. Eso lo tengo claro desde el principio.

¿Está de acuerdo con que un párrafo corto sirve tanto para un cuento como para un poema?

De acuerdísimo. Mientras sea efectivo, hasta un sonido onomatopéyico basta.

El nombre de Legna Rodríguez Iglesias no es nuevo en las librerías nacionales. A mediados del año pasado apareció Mi novia preferida fue un bulldog francés (Alfaguara), una serie de historias conectadas y ambientadas en la Cuba actual. Su contenido tiene todos los elementos para ser calificado como “novela”, y sin embargo, la autora prefiere llamarlo “libro”. La forma, otra vez, se vuelve un factor clave: el supuesto desorden de las historias es justamente eso, un desorden aparente.

“Que unos capítulos o relatos se diferencien de otros, tiene que ver con sus personajes”, explica la autora. “Cada historia está contada en primera persona, y cada uno padece su propio paisaje. Esa era la idea: exponer paisajes de una realidad con diferentes protagonistas. Hay viejos, padres de familia, disidentes, artistas, enfermos de sida, jóvenes y hasta un perro”.

El capítulo que abre el libro se llama Política y tiene como voz la de un revolucionario senil. El hombre ha fallecido y repasa su vida durante el velorio. Hasta que advierte que no le han quitado el marcapasos.

“Es la historia del veterano que no puede hablar de otra forma sino esa, desde la decepción”, comenta. “El primero en ser engañado por ‘cierta revolución’ (he aquí otra vez las manipulaciones) fue él”.

¿Escribiste todo dentro de un mismo tiempo? ¿Cómo llegaste a esa unidad?

El libro entero se escribió durante el verano de 2014 en Centro Habana. Mi novia… siempre fue un libro de varias historias, las cuales tendrían un hilo conductor basado en la situación doméstica de una persona y su mascota como célula familiar. Una idea solitaria y ensimismada que me daba la oportunidad de recrearme cuanto quisiera. En mis libros de narrativa casi siempre hay quince relatos o quince capítulos. Es mi número fetiche. Este también fue concebido así.

Publicado en La Tercera
Categories: Cuba, Entrevista, Literatura