Las heroínas olvidadas de la historia de Puerto Rico

Las heroínas olvidadas de la historia de Puerto Rico
Carmen María Pérez González, Olga Viscal y Ruth Reynolds, esposadas compareciendo ante las autoridades judiciales acusadas de cargos de sedición. Enero 4 de 1951.

Existen muchos estudios y libros sobre la historia de Puerto Rico, pero poco se sabe del rol de las mujeres que sacrificaron a sus familias, profesiones y sus propias vidas por el ideal de una república libre y soberana. Un nuevo libro ahonda en la historia de 16 de estas heroínas nacionalistas

Por Carmen Molina Tamacas

Es Carmen María (Carmin) Pérez, de 25 años, al ser arrestada en San Juan, el 6 de marzo de 1954. En otra imagen, Dolores (Lolita) Lebrón luce frágil y pequeña al ser detenida por dos oficiales de la policía en Washington, D.C. -cinco días antes que Pérez- luego de dirigir un grupo de ataque contra el Congreso de los Estados Unidos, que dejó cinco representantes de la Cámara heridos.

Olga Isabel Viscal inició su militancia política en 1948, durante la huelga contra la Universidad de Puerto Rico. Acusada de mentir a las autoridades, permaneció 15 meses en prisión.
Olga Isabel Viscal inició su militancia política en 1948, durante la huelga contra la Universidad de Puerto Rico. Acusada de mentir a las autoridades, permaneció 15 meses en prisión.

Las fotografías forman parte de una recopilación que ha salido a la luz bajo el título “Heroínas Nacionalistas: Mujeres Puertorriqueñas Olvidadas por la Historia, 1930-1950”. La monumental investigación, realizada por la historiadora Olga Jiménez de Wagenheim, hace una revisión de la participación de los distintos sectores de la clase política puertorriqueña que desafiaron a la Corona Española en el siglo XIX y luego se opusieron al gobierno implantado por Estados Unidos desde 1898.

En especial, la profesora emérita de la Universidad de Rutgers (Newark, Nueva Jersey), explora la vida de 16 mujeres -entre jóvenes solteras y estudiantes hasta esposas y madres de familia- que fueron perseguidas, espiadas, detenidas, torturadas y encarceladas por pertenecer al movimiento que luchó contra el régimen colonial desde finales de los años 30 hasta la década de los 50.

Jiménez ha abordado la historia de Puerto Rico desde 1970, organizando encuentros y publicando libros que son lectura obligada y referentes en el mundo académico, como “Puerto Rico: An Interpretive History”, “El Grito de Lares: sus causas y sus hombres”, “Puerto Rico’s Revolt for Independence: El Grito de Lares” y es coeditora junto a su esposo Kal Wagenheim de “The Puerto Ricans: A Documentary History”.

“En “Grito de Lares”, abordó el papel que desempeñó la mujer en ese movimiento, de hecho se arrestaron a tres mujeres, pero no volví a tratar el tema por mucho tiempo hasta 1998, a raíz de entregar un nuevo libro de historia decidí que iba a seguir el tema de la Independencia”, indicó.

Leonides Díaz de Díaz, fue convicta por 11 crímenes que no cometió, siendo sentenciada a 496 años de cárcel. Tras siete años presa recobró la libertad.
Leonides Díaz de Díaz, fue convicta por 11 crímenes que no cometió, siendo sentenciada a 496 años de cárcel. Tras siete años presa recobró la libertad.

16 historias

Existe una placa de reconocimiento en Mayagüez que contiene unos 70 nombres de mujeres nacionalistas puertorriqueñas que lucharon durante los años 30 y 50. En virtud de la información disponible, Jiménez seleccionó un total de 16 para su libro, la mayoría arrestadas y encarceladas tanto en la isla como en Estados Unidos; dos de ellas fueron condenadas a cadena perpetua y lucharon incansablemente por recuperar la libertad.

La primera del listado, sin embargo, es la única que no fue encarcelada. Se trata de Dominga de la Cruz-Becerril, una mujer negra de clase trabajadora y miembro del Partido Nacionalista, quien rescató la bandera de la isla antes que ésta tocara el suelo, el 21 de marzo de 1937, durante la Masacre de Ponce. Por este y otros actos políticos, Dominga fue considerada como una criminal ante los ojos de la ley y en una heroína por sus compañeros opositores.

Si bien fue perseguida, De la Cruz logró exiliarse en México, donde conoció al Che Guevara, y fue invitada a Cuba, donde vivió hasta su muerte en 1981.

El personaje clave del Movimiento Nacionalista es Pedro Albizú Campos, quien lideró una revuelta en 1935, por la cual fue encarcelado en una prisión federal en Atlanta. No obstante, de regreso en la isla, lanzó una revolución a finales de octubre de 1950, que incluyó el asalto en la residencia del Gobernador y a estaciones policiales en una media docena de localidades en el interior. Doris Torresola-Roura fue herida por intentar proteger al líder, y Blanca Canales lideró una revuelta en Jayuya contra el régimen colonial que declaró a Puerto Rico como una república. Ésta fue sentenciada a cadena perpetua por crímenes que no cometió, entre ellos el asesinato de un policía y la destrucción de la oficina postal de su pueblo; sirvió cinco años y medio en Alderson, West Virginia antes de volver a Puerto Rico, donde luchó incansablemente hasta recuperar la libertad en 1967.

Ambas mujeres fueron encarceladas, junto a otras figuras como Leonides Díaz-Díaz, Carmen María Pérez-González, Ruth Mary Reynolds, Isabel Rosado-Morales y Olga I. Viscal-Garriga.

De acuerdo con los registros de Jiménez, tras el intento de asesinato cometido en Nueva York contra el presidente Truman -en Blair House- se realizó una gran cantidad de arrestos y 41 mujeres fueron detenidas acusadas de haber conspirado junto a los rebeldes. Eso derivó en otra serie de detenciones, ahora en suelo estadounidense y entre las mujeres capturadas están Rosa Cortés-Collazo, Carmen D. Otero de Torresola y Lolita Lebrón-Soto, quien como se mencionó antes, encabezó un comando de asalto a la Casa de los Representantes, donde cinco congresistas fueron tiroteados por “tener a Puerto Rico en esclavitud”.

Otras heroínas cuyas historias son relatadas en un cuarto apartado son Juana Mills-Rosa, Juanita Ojeada-Maldonado y Angelina Torresola de Platet, todas reconocidas nacionalistas que habían estado bajo vigilancia policial por muchos años antes de ser arrestadas en los años 50.

Testimonios vivientes

Como historiadora, la doctora Jiménez está acostumbrada a manejar grandes cantidades de documentos, libros y archivos. Esta obra -que será presentada el 29 de junio en la Biblioteca Pública de Newark- contiene dos elementos claves y de gran valor para la historia oral de Puerto Rico: las entrevistas en persona realizadas a Carmen María Pérez e Isabel Rosado.

Cuando comenzó la investigación documental en el Archivo General de Puerto Rico, en 1998, le informaron que ambas heroínas nacionalistas todavía vivían; logró conseguir los teléfonos y tuvo que esperar varios meses hasta que ambas accedieron a contar la versión sobre sus vidas luchando contra el sistema colonial.

“Fue una experiencia muy singular”, recuerda complacida. Conoció a Isabel Rosado, entonces de 91 años, quien la recibió en su vivienda ubicada en la localidad de Ceiba. No sabe si fue “coincidencia” que justo ese día se instaló una cuadrilla de trabajadores con maquinaria pesada a taladrar la calle; Rosado con sentido del humor le sugirió moverse a la cocina, donde un gallo comenzó a cantar. Así se efectuó la entrevista que duró varias horas.

Rosado fue trabajadora social graduada de la Universidad de Puerto Rico y también tenía un título de maestra, licencias que le fueron revocadas después de ser arrestada en 1951 por sus convicciones políticas. Se ganó la vida tejiendo y bordando hasta marzo de 1954 cuando fue arrestada de nuevo bajo la sospecha de haber servido como intermediaria entre Albizú y el comando que asaltó el Congreso; en febrero de 1955 fue hallada culpable de todos los cargos y sentenciada a 17 años de cárcel.

Su educación le permitió presentar su propio Habeas Corpus, siendo liberada en 1965. Esta  petición, basada en la revocación de la Ley de Sedición (Law #53) por la cual ella y otros opositores habían sido encarcelados, benefició a muchos acusados. En total, Rosado estuvo 13 años en la cárcel y fue libre hasta 2015, cuando murió a los 107 años de edad.

Una de las beneficiadas por el Habeas Corpus fue Carmen María Pérez, quien después de la muerte de Albizú -en abril de 1965- se integró a la Liga Socialista, fundada por Juan Antonio Corretjer y otros grupos activistas, los cuales exigían que la marina estadounidense abandonara las islas de Vieques y Culebra. Ella permaneció bajo vigilancia local y federal hasta el día de su muerte, a los 74 años.

Muchas diferencias y similitudes

En su estudio, que salió a la luz bajo el sello editorial Markus Wiener Publishers, Jiménez de Wagenheim describe las diferencias y similitudes de todas estas mujeres comprometidas con la causa nacionalista. “¿Qué más tenían en común además de su experiencia en prisión? Todas creían en el derecho de Puerto Rico a ser independiente. Creían que Pedro Albizú Campos (el máximo líder del Partido Nacionalista) era un hombre destacado que las trató como iguales en la lucha por la liberación, que él era el líder mejor calificado para liberar a Puerto Rico y traer los cambios que la isla necesitaba. Por esa razón juraron lealtad al partido y entregaron sus vidas y fortunas para lograr la liberación de su tierra”, reflexiona.

Añade que sus edades y contextos socioeconómicos eran distintos, algunas eran amas de casa que bordeaban los 50 años y otras eran jóvenes con títulos universitarios y otras pertenecían a la clase obrera. Ocho eran solteras, cinco casadas, dos estuvieron casadas antes, una divorciada y otra viuda. Eran profundamente creyentes y vieron la fe como parte de su identidad cultural. Sus arrestos sólo las convencieron de continuar en la lucha.

Sus vidas fueron duras, especialmente para las que tenían hijos; una de ellas estuvo presa en la misma cárcel que su marido y dos hijos, enfrentando cargos de sedición. Otra fue testigo de cómo, después de incorporarse al partido, sus hijas murieron de desnutrición. Al salir de la cárcel, algunas estaban demasiado mayores para buscar trabajo, padecieron graves enfermedades por la mala nutrición, como diabetes y cáncer,  y otras eran despedidas cuando los servicios secretos “visitaban” a sus empleadores. Todas fueron sometidas a vigilancia policial y federal hasta que murieron.

“A pesar de grandes obstáculos, estas mujeres resistieron. Fueron admiradas y amadas. Muchas fueron homenajeadas por sus compañeros y partidarios. Algunas fueron elogiadas al morir, incluso por quienes se oponían a su política, en el tiempo fueron reconocidas como heroínas de su tierra”, finaliza la autora.

El libro

Título: “Heroínas Nacionalistas: Mujeres Puertorriqueñas Olvidadas por la Historia, 1930-1950”

Autora:  Olga Jiménez de Wagenheim, PhD, profesora emérita de Historia, Rutgers University.

Editorial: Markus Wiener Publishers, Princeton, New Jersey

El Diario (2016)
Categories: Género, Puerto Rico