La abuela

La abuela

Abuela y su nieta. Antonio Gutiérrez de la Rosa

 

Por Mabel Fernández Albelo 

 

Abuela, ¿qué profundidad tiene el silencio?

La abuela alzó los ojos gastados por el tiempo, bebió el aire del bosque, y respondió:

“Cuando en la noche, acostado en tu tienda, estiras los sentidos para alcanzarlo, el silencio desciende y se hace más profundo.

Cuando escuchas sobre tu pecho el latido de tu corazón y cuando suenan los tambores que iluminan las hogueras del verano, lo que oyes es el latido del silencio…

Detrás del vuelo de las aves está el silencio y entre las notas de sus trinos, sin él y su profundidad, no podría extasiarte la melodía.

Detrás de las huellas del búfalo está el silencio, hundiendo en los pastos de la pradera hacia el centro de la madre tierra los ecos de todas las estampidas que fueron…

En la cascada está la profundidad del silencio, sólo tienes que escucharlo bucear entre las rocas y los peces.

En la nieve deslizándose en la copa de los pinos está el profundo silencio… y en el beso de tu madre y en el abrazo de tu padre y en la mirada de los abuelos…

En el humo de la pipa sagrada el silencio va más allá de todas las profundidades al mundo donde yacen, esperando, las respuestas.

En la cima de los montes el silencio estremece de tan profundo y el viento se detiene intentando escuchar… pero es un juego: el viento sabe que la profundidad del silencio está en su esencia, como lo está en tu alma.

Mira el vuelo del águila y captarás la profundidad del silencio… acerca tu oído al silencio y conocerás todos los sonidos, aún aquellos que no han sido creados… aquellos, que oyen los astros en el cielo…

Sólo en el silencio podrás hallar lo que buscas… en su vasta oquedad…

Hijo, calla conmigo y escucha… siente como nos hundimos en él y somos, más allá de nosotros y de todo lo que vemos…

 

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