Iwianch´ de la Amazonía ecuatoriana

Iwianch´ de la Amazonía ecuatoriana

Nuestra selva viva

Por Edgar Rogeron

Iwianch´(Espíritus)

Y es que entendí que en la selva todo tiene vida, nada ni nadie vive solo. Su sentido cíclico hace que nada desparezca. Hay seres que luego de desparecer materialmente, toman diferentes formas y es que, la mayoría de plantas, animales, aves, etc., fueron shuar en tiempos remotos.

De igual manera los íwianch (espíritus) han habitado la selva, donde los encuentros y desencuentros con los shuar se ha dado hasta en la actualidad.

Cuando pequeño, en nuestra jea (casa) rodeada de árboles de laurel, ampakai (palmeras), kunchai (copal), una tarde de lluvia, con truenos y relámpagos; toda la familia nos reuníamos, pues el viento movía con gran intensidad los árboles, dando la impresión de que caían sobre nuestra casa.

Minutos antes, etsa (sol) irradiaba intensamente, provocando un calor insoportable, por eso al llover, el contacto del suelo caliente con la lluvia, provocaba la evaporación y dicho vapor se elevaba poco a poco del suelo confundiéndose entre la verde vegetación, provocando un escenario de otra dimensión.

En medio de este ambiente, invadido por el soplo del viento, truenos, relámpagos y el sonido de la lluvia, pudimos escuchar el relato de íwianch’ (espíritu). Nekás, iwinchna yauchuk íi uuntri aujmatin armia nuna aujmatsatajai (en verdad, de espíritus, que nuestros mayores sabían conversar les voy a contar), inicio nukuchur (abuelita) Antria. “Los íwianch solían molestar a los shuar, no nos dejaban en paz, provocándonos mucho daño, por tal razón debíamos estar a la defensiva –solían contar mis abuelos-. Los shuar siempre guardaban en una olla, la mezcla de namaj (hoja de yuca tierna), núse (maní) y míik (fréjol), se lo acompañaba con yuca o plátano una vez que regresaban del trabajo.

Sin embargo por ese tiempo, una familia, que dejaba preparado dicho aperitivo, al regresar a casa después del trabajo, cuando deseaban servirse, encontraban las ollas vacías. Y claro, no podían culpar a nadie del robo, pues no había rastro alguno de que algún vecino lo haya robado.Como este robo se repetía frecuentemente y con el fin de descubrir al ladrón, un joven decidió hacer guardia.

-Me esconderé en la repisa, donde se guarda el maíz para que se seque al calor del humo, y desde allí observaré lo que ocurra, pues desde ese lugar nadie podrá descubrirme, dijo el joven.

Fue así que, cuando toda la familia se marchó al trabajo, el joven usó el escondite. Ni bien se acomodó, escuchó conversaciones que cada vez eran más cercanas. El joven a pesar del miedo, cerró los ojos y conteniendo su respiración, quedó inmóvil. Cuando abrió los ojos, vio como ingresaba toda una familia a la casa. Pero estos seres tenían un aspecto distinto a los shuar, se asemejaban a los monos Washi, es decir, todo su cuerpo cubierto de pelo. Claro… Eran los wakán, espíritus de los parientes fallecidos.

El más anciano de ellos se sentó en el Chimpí (silla exclusiva del jefe de familia) y ordenó que le trajeran todas las ollas de comida.

Empezó a saborear el contenido de cada olla, al probar la primera olla dijo:

Juka michuiti (esto, está simple, sin sabor),

Y, probando el siguiente exclamó:

Maj, juka tii kunturmaiti (oh, esto si está muy sabroso), sentenció.

Para ponerle sal a la primera olla, se sentó firme, con el dedo índice sacó uno de sus ojos, y mezcló con la comida. Y, una vez que adquirió sabor, lo tomo nuevamente, lo limpió lamiéndolo con mucho cuidado y lo asentó en un tronco, junto al fogón para luego ponérselo una vez se seque.

Y así, armando gran alboroto, entre diálogos y risas, comieron lo que la familia había preparado para alimentarse luego del trabajo.

Cuando escucharon a los shuar que retornaban después de sus labores, íwianch mayor tomó el ojo que ya estaba seco y se colocó nuevamente luego, todos los íwianch se levantaron inmediatamente, diciendo;

¡Íwianch winíniawai! (vienen los espíritus), ellos, a nosotros nos ven como íwianch (espíritus).

Y, salieron asustados, con el fin de no ser descubiertos (según ellos).

Una vez que los familiares ingresaron a la Jea (casa), el joven asustado, aun temblando de miedo, contó con lujo de detalles todo lo ocurrido. Gracias a la valentía del joven, los shuar descubrieron quienes robaban sus alimentos.

Sin embargo, perdiendo el miedo, el joven prometió vengarse de los íwianch (espíritus) ladrones, que dejaban a los shuar sin alimentos. Seguramente algo debía tramar para consumar la venganza contra los íwianch.

Y el día esperado, se subió a la repisa y colocó un palo delgado que lo arrimó desde donde estaba él, y la punta lo acercó al fogón, junto al tronco donde el íwianch mayor asentaba su ojo para el respectivo secado. ¿Cuál era su plan?

Cuando llegaron los íwianch, actuaron tal cual lo hacían siempre. Cuando el íwianch mayor asentó su ojo en el tronco, el joven shuar tomó el palo y empujó el ojo del íwianch al fuego – nadie se dio cuenta de este movimiento, pues estaban ocupados en comer-, éste al ponerse en contacto con el fuego empezó a emitir un zumbido, como cuando se quema leña mojada y luego explotó fuertemente, logrando asustar a los mismos íwianch.

Mientras se recuperaban del susto, entre grandes carcajadas y conversaciones, se dan cuenta que los shuar se acercaban, por eso se alejaron apresuradamente, menos el íwianch mayor, que no sabía qué hacer, la desesperación le invadía, ¡no encontraba su ojo!, los demás íwianch se marcharon y los shuar ya ingresaban a la casa. Para no ser sorprendido por los shuar, íwianch mayor se convirtió en una mariposa gigante llamada wámpank y salió por una rendija.

Luego al ir por la selva, íwianch mayor encontró una pepa de kuimiank, que ese tiempo tenía un solo color y se colocó en el ojo que le faltaba. En seguida la pepa de kumiank tomó la forma y coloración de un ojo. Desde ese momento la pepa kuimiank (ojo de venado) tiene una mancha café oscuro, muy parecida al iris del ojo.

Kuimiank, pepa que le sirvió de ojo a Íwia durante un buen tiempo

Fue gran escarmiento para los íwianch, pues desde ese momento no volvieron a desaparecer los alimentos de la casa de los shuar.

Pero, no pasaron muchos tsawant (días), cuando la abuelita de la casa, después de un repentino aguacero, retornó a la casa, pues estaba mojada, con mucho frío y su deseo era ponerse junto al fogón y calentarse.

Le costó ingresar a la casa, pues estaba cerrada por dentro. Después de mucho esfuerzo ingresó a la casa y en una cama (peak), envuelto con todas las mantas que había encontrado, con los pies apoyados en el palo patach´ (sirve para calentar los pies junto al fuego mientras se está acostado) estaba una persona desconocida.

La anciana le pidió las mantas pero no se inmutaba el desconocido. Es cuando la anciana se acerca y sacudiéndole de las piernas le grita:

¿Yaitiam? (Quién eres)

En ese instante, el desconocido se levantó rápidamente y metiendo los dedos en el ojo de la anciana, se lo sacó. Luego removió la pepa de kuimiak de su órbita y se introdujo el ojo que le arrebató a la anciana.

A pesar de que la anciana gritaba de dolor, el íwianch, le introdujo el ojo de venado (kuimiank) y se marchó satisfecho de su venganza.

Ainis iwianch-ka, yaunchu íi uuntrin waitmamai najankin pujuarmiayi, tiniuarmaiayi”, (Así los espíritus, a nuestros antiguos mayores solían hacer sufrir, así contaban. – dijo mi abuelita Antria.

ETSA (Sol) que nos recuerda que la vida continúa

La lluvia ha clamado, las aves inician su concierto unido al croac de las ranas. Túntiak (arco iris) aparece uniendo la tierra con el cielo con su belleza multicolor y, Etsa con su resplandor iluminacon más intensidad el firmamento para decirnos que la vida continua. Un aire de misterio y temor hacia los íwianch nació en mí, la selva vive, la selva es mi mundo, la selva soy yo, la selva somos todos.

AntropologoShuar