Estudio crítico: Analizando la obra de Lorgio Vaca, pintor, muralista y ceramista cruceño

Estudio crítico: Analizando la obra de Lorgio Vaca, pintor, muralista y ceramista cruceño

El maestro Lorgio Vaca es uno de los artistas cruceños fundamentales y uno de los mas representativos y prolíficos muralistas bolivianos del siglo XX. Con cerca de medio centenar de obras de formato monumental en su haber, es además reconocido como uno de los más destacados muralistas de nuestro continente. El Crítico e Investigador de arte Harold Suárez Llápiz a través de esta reseña analiza su importante obra.

Lorgio Vaca nació en Santa Cruz un 24 de septiembre de 1930.Pintor, dibujante, escultor, muralista y ceramista. Hombre de espíritu sensible e inquieto, ha paseado su arte por muchos países del mundo dejando un sendero abierto para posteriores generaciones de artistas. Dueño de una obra que trasciende las barreras de los formatos y técnicas, hasta alcanzar fácilmente la dimensión monumental del Mural. Se puede decir que se trata de un artista autodidacta, pero que gracias a las múltiples experiencias vividas y una gran avidez para acumular conocimientos supo formarse en las situaciones más adversas. Fue testigo de los diversos procesos históricos que acontecieron en el transcurso de su carrera y supo plasmar muchos de éstos con gran valentía. Formó parte de aquel puñado de artistas bolivianos que integraron la influyente generación del 52,(junto a Gil Imaná, Alfredo La Placa, Oscar Pantoja, María Esther Ballivián entre otros destacados).

También fue miembro del fundamental grupo de intelectuales y artistas denominado Anteo, que se fundara casi paralelamente en Sucre, en 1950 ( conformado además por Walter Solón Romero, Enrique Valda del Castillo, Hugo Poppe, Luis Chopitea, Eliodoro Ayllón, los hermanos Imaná, etc) y que se congregaban para compartir sus ideas para después darlas a conocer en diversos manifiestos públicos dirigidos a la comunidad en general, creando murales en las calles o también realizando exposiciones grupales.

En 1956 el grupo Anteo lleva a cabo sendas exposiciones colectivas, que recorrieron todo el país y que incluso en 1958 viajaron por importantes ciudades de varios países del continente como ser Lima, Quito, Bogotá y Caracas. Para todos ellos prevalecía una sola consigna: acercar el arte al pueblo. Los unía el entusiasmo por sacar el máximo provecho de estas experiencias. En 1959 ejerce la docencia en la Universidad de Los Andes en Mérida, Venezuela. El mismo año realiza varias exposiciones en el país llanero.

La muralística de Lorgio Vaca es bastante vasta. Ha realizado obras monumentales tanto en espacios públicos como privados dentro y fuera de nuestro país.Viajero incesante, supo nutrirse de otras culturas incluso para aprender diversas técnicas que posteriormente perfeccionó para aplicarlas en su propio trabajo artístico. Pero para Lorgio Vaca el hecho de descubrir la cerámica resultó el poder encontrar un recurso que en definitiva, sería una especie de sello personal para crear sus posteriores murales. Su trabajo minucioso es llevado a cabo a partir de la misma arcilla, seleccionando primeramente las mismas, para posteriormente prepararla auxiliado de diversas técnicas y conocimientos adquiridos gracias a su permanente contacto con las culturas primitivas. El proceso también incluye el modelado del barro, la segmentación en ladrillos, cocido, vidriado, y finalmente el montado de la obra. El carácter barroco de sus composiciones de gran formato se enriquecen con el repertorio de colores intensos que adquiere su paleta.

Su romance con el arte Monumental se consolida en el transcurso de sus muchos viajes; Queda fascinado por los murales mesopotámicos, los esmaltes chinos, caligrafías islámicas y sobre todo, por los grandes esponentes del mural renancentista italiano.Estar en contacto con grandes maestros de la talla del boliviano Walter Solón Romero, el mexicano Siqueiros y también con el reconocido ceramólogo argentino, Jorge Fernández Chiti serían experiencias que marcarían un nuevo rumbo a su carrera.

Su primer mural público lo realizó en Sucre en 1954, mediante la técnica de Piroxilina y titulaba: “Educación para la Paz y la Libertad”, de 25 m² ubicado en las paredes del Colegio Nocturno Padilla, realizado en conjunto de su colega y amigo Jorge Imaná. En 1960 creó otro mural titulado: Historia de la Libertad en el Perú (103 m²), mediante la misma técnica, ubicado en pleno Sindicato de la Construcción Civil en la ciudad de Lima. Posteriormente vendrían medio centenar de murales más, tan variados en sus dimensiones como en temáticas.Podriamos decir que existe una sinergia de influencias tempranas en su obra.Por un lado observamos que estéticamente su obra Mural se aproxima en cierto modo a la de los grandes representantes de la escuela mexicana, muy influyentes por aquel tiempo en Sudamérica: José Clemente Orozco, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.Sin embargo, también toma como importantes referentes a Cándido Portinari y Di Cavalcanti grandes exponentes de la figuración brasileña.

En cuanto a su producción de carácter monumental, si existe un mural que se puede considerar como una obra maestra del artista Cruceño, ése es “La Gesta del Oriente boliviano”, (1970-1971), dos grandes muros de concreto trabajados con relieve cerámico policromado y vidriado, conjunto Mural de 240 m² que embellece el tradicional paseo Municipal del Arenal. En esta magnífica representación que rememora las diversas etapas de la Historia de la ciudad de Santa Cruz, resaltan enormes figuras vigorosas de notable fuerza expresiva, el entorno urbano, la rica flora y la fauna de estas cálidas tierras se manifiestan a través de logrados escorzos y gran virtuosismo técnico en el manejo de la cerámica, atributos que hacen de ésta obra una de sus mejores creaciones.

Si el artista potosino Cecilio Guzmán de Rojas creó un Cristo Aimara, el maestro Cruceño no se quedaría atrás llegado el momento de realizar estas representaciones religiosas-autóctonas. Es así como en 1977 realiza su propia versión, pero en formato monumental: “Cristo viene del trigo”.( Mural de 60 m² en relieve cerámico, ubicado en el Altar Mayor de la Iglesia de Santo Domingo, en Santa Cruz).La imagen de este Cristo de Lorgio Vaca a diferencia del creado por el precursor del indigenismo, es mucho más contemporánea; Ostenta un rostro con definidos rasgos propios del habitante común del Oriente boliviano, por otro lado asume una impresionante expresión bondadosa y es dueño de una mirada que por su serenidad luce impactante. Una imagen religiosa que se muestra lejos de ser “Divina”, mas bien carece de las comunes facciones de rostro “idealizadas”, (común denominador a la hora de retratar este tipo de obras de tintes hagiográficos).El suyo es un Cristo campesino, que da la impresión de estar muy cerca de los simples mortales, es más humano, mundano, y corriente que nunca, se abre paso entre abundantes espigas, mientras luce ataviado con delicadas vestiduras de un color blanco casi inmaculado, y que contrastan perfectamente con su moreno y robusto cuerpo.

Tal vez su obra monumental más polémica sea la reciente: “Celebración en Montero”, mural de cuatro paneles ejecutado con cerámica en relieve y mosaicos policromados, que demoró en su realización unos 7 años, hasta que finalmente estuvo concluido, fue posteriormente presentado el 2007, incomprensiblemente censurado e incluso hasta parcialmente destruido.Dicho mural retrata distintas temáticas históricas y culturales de la región cruceña. El motivo del atentado fue el hecho de que en el cuarto panel aparecían dos imágenes; la primera plasmaba el rosto del guerrillero cubano-argentino Ernesto Che Guevara y la segunda, la controversial bandera indígena más conocida como whipala.

Ambas imágenes fueron eliminadas del mural a punta de martillazos por un grupo de enervados ciudadanos. El artista, (como no podía ser de otra manera) se rehusó a restaurar la obra. Dejando bien en claro que el tiempo y la historia se encargarían de juzgar lo sucedido aquel día. Los acontecimientos que evoca dicho mural en Montero,  evidentemente tienen mucho que ver con ciertos hechos que se fueron sucediendo en el transcurso de su historia: la constante inmigración de ciudadanos procedentes de otros departamentos del país, muchos de ellos de regiones andinas, que fueron representadas por la Wiphalla.

La otra figura de la discordia en Montero fue aquella que retrataba a Ernesto “Che” Guevara”, imagen que simplemente no podemos obviar, puesto que evoca la presencia del mítico guerrillero en nuestro país y que siendo además una figura universal, se ha instalado de manera perpetua en el imaginario colectivo de muchos bolivianos, quienes se identifican con el eterno mártir, sus ideales incorruptibles o sus luchas por la igualdad social. El arte en sí mismo permite una multiplicidad de lecturas, que por su carácter diverso se pueden compartir o no, pero ante todo se deben respetar.

Tal vez la intención de Lorgio Vaca fue tratar de resaltar paralelamente lo que para el resultaba ser la autenticidad de todo aquello en contra de la artificialidad de la sociedad moderna. Este lamentable accionar, me remite de manera inevitable a los tristes episodios acontecidos en el pasado también en el ámbito nacional,( aunque guardando las prudenciales distancias ), que fueron protagonizados por los dictadores René Barrientos y Luis García Meza, quienes en tiempos de las dictaduras militares ordenaran la destrucción de los murales de Miguel Alandia Pantoja (quien  tenía incluso una obra mucho más radical y provocadora que la de su colega cruceño ), en el Palacio de Gobierno y en la Sede Sindical de la Central Obrera Boliviana (COB).

En el contexto universal debo citar (por la similitud con el caso suscitado por el cuestionado mural en el Norte Cruceño), aquel insólito episodio que protagonizó el muralista mexicano Diego Rivera, hacia 1933, cuando el acaudalado empresario John D. Rockefeller lo contrata para pintar un mural en el Rockefeller Center ubicado ni más ni menos que en la 5ta avenida de la ciudad de Nueva York y que se constituía en símbolo del capitalismo yanqui. El título del mismo era “El hombre en el cruce de caminos o El hombre controlador del universo”. Cuando Diego Rivera se disponía a completarlo, imprevistamente incluyó  un retrato del propio Lenin.(Tal vez en ese instante recordó que era comunista). La reacción no se hizo esperar, la prensa nacionalista del país del Norte criticó duramente el hecho, por si fuera poco el propio Rockefeller creyó que era una provocación y sintiéndose ofendido, ordenó su destrucción. Pero lo que ni el propio millonario estadunidense pudo imaginar, era que el irreverente Rivera se “vengaría” y en menos de un año, en 1934 (haciendo uso de su libertad de artista), pintó el mismo mural en pleno Palacio de Bellas Artes de México, basándose en los mismos bocetos previos del malogrado trabajo de Rockefeller.Rivera le propinó una patada en el trasero a la censura.

Todos los episodios citados son una demostración de irrespeto y desconocimiento de parte de ciertos sectores hacia el valor real del arte y la cultura, al ignorar su verdadera significación espiritual que se involucra tanto en la historia como en la vida misma de los habitantes, que va mas allá de las posiciones, banderas o símbolos políticos adoptados consciente o inconscientemente por el artista cuestionado, quien por sobre todas las cosas es un creador y su trabajo (guste o no) es su manera de comunicarse. Censurar a un artista en tiempos democráticos resulta vulnerar su libertad de expresión, y en pleno siglo XXI, actitudes de intolerancia como éstas se constituyen en un mal precedente.

 

 Otra obra mural de gran factura es “La energía de la tierra” (Acrílico sobre Lienzo, ubicado en Transredes, en Santa Cruz), realizada con una amalgama amplia de colores: rojos, ocres, azules, amarillos, naranjas, que incluso se asemeja a una composición Fauve. También es imponente el Monumental trabajo realizado en relieves cerámicos policromados que engalana el frontis del Hotel Los Tajibos: “Tradiciones cruceñas”, (1975) que se explaya en las diversas expresiones costumbristas de las cálidas regiones del oriente boliviano. Existen otros trabajos monumentales que son dignos de destacar : “El Homenaje a Melchor Pinto”, (1984-1985), que destaca entre la avenida del mismo nombre y del primer anillo, “El carretón de la vida” (1993-1994) ubicado en el Banco Santa Cruz y el mural del jardín exterior de la Asociación de Radioaficionados en Santa Cruz, Bolivia (1999), que incluso tiene una leyenda que reza: “Si todos los hombres del mundo fueran radioaficionados, el camino hacia la paz sería tan ancho como el universo”.Todos ellos realizados en relieve cerámicos policromados.

También considero importante mencionar el Mural de la fachada del Edificio del Diario Mayor El Deber, (Relieve cerámico de 50 m2, año 1999) que evoca parte de la historia de este medio de comunicación y su consolidación como un valioso instrumento informativo que acompañó al desarrollo cruceño. Se podría bien decir que la muralística del maestro Lorgio Vaca documenta gran parte de la historia cruceña contemporánea. Es que sus monumentales obras, que se lucen en muchos espacios públicos de la también denominada “Ciudad de los Anillos”, se constituyen en un valioso testimonio de aquella transformación cultural que vivió Santa Cruz en los ultimos cincuenta años.

En términos generales podríamos definir el conjunto de la obra artística del maestro Lorgio Vaca como una neo figuración expresionista, que al estar fuertemente identificada con el acontecer histórico y dramas colectivos de su entorno, adquiere ineludiblemente un tinte social. La yuxtaposición de los conceptos de lucha y libertad es utilizada en gran parte de su obra pictórica de caballete, pero es indudable que lo expresado cobra mayor fuerza en su producción muralística. Esto es evidente en el enorme tríptico titulado: “Los majaderos de la historia” que retrata a ciertos personajes decisivos en parte de la historia de la humanidad, las luchas de clases, las desigualdades sociales, las innumerables conquistas que el hombre ha llevado a cabo, sus ambiciones, frustraciones, miserias humanas y la búsqueda constante de su libertad, son plasmadas en esta pieza.

Es que la lectura intercultural-político-social-filosófica en su obra es fundamental, no la puede obviar y que si la deja de lado, para privilegiar una propuesta exclusivamente esteticista, esta verdadera intención, que paulatinamente a lo largo de los años se ha convertido en una constante, no podría ser comprendida en su real magnitud. Es que la pintura, como el arte en general, supone  para el artista una relación dramática con la realidad, ya que su razón de ser es el insistente esfuerzo por tratar de manifestar una posición ideológica ante los sucesos políticos o sociales que se inmiscuyen y se suceden en el transcurrir de su vida. Un creador difícilmente puede mantenerse ajeno a estos sucesos.

Lorgio Vaca transfigura la atmósfera clara y despreocupada de algunos paisajes suburbanos de los impresionistas, trazando sobre ellos un ferviente apostolado de lucha por la igualdad social, que se descubre claramente en significativas obras que reflejan el sentimiento de su gente a través de huelgas, protestas manifestaciones sociales y políticas. Aparecen numerosas figuras que parecen estar unidas como una sola masa humana gigantesca y que a su vez se encuentran enarbolando directamente las banderas de lucha. Ésta descripción corresponde a la obra que descansa en las paredes del Museo Nacional de Arte de La Paz y que lleva como título “Manifestación Popular” (1963).

Otras obras reflejan con cierta crudeza la lucha de clases sociales: “Muerte de Tupaj Katari”, escena que retrata el instante mismo de aquella salvaje ejecución, cuando el líder Aimara después de ser torturado fue obligado a sufrir el suplicio y posterior destrozo de su cuerpo aún en vida, utilizando la fuerza de cuatro caballos atados a sus cuatro extremidades. O en su obra monumental “Marcha popular” ( Fragmento de uno de sus murales del Parque el Arenal, en Santa Cruz ). “La rebelión de Tupaj Amaru (Mural realizado en acrílico que está situado en el Sindicato de la Construcción Civil, en Lima, Perú).

Todas las mencionadas son tan solo algunas de sus creaciones que mejor lo ilustran, poniendo de manifiesto una amplia variedad temática y compositiva. En cuanto a analizar un poco mas acerca de dichas temáticas que nutren su obra, diré  de que estas fluyen con una libertad absoluta que van desde adoptar una posición como artista acerca del descubrimiento de América y el choque de dos culturas totalmente antagónicas, que supuso este primer encuentro de naturaleza violenta, descrito magistralmente en las dramáticas telas “Encuentro de dos mundos”, “Tierra herida” (ambas creadas en 1992, para rememorar los 500 años del “descubrimiento” de América ), o la inquietante “Apocalipsis” (1984).

Su obra apunta muchas veces también al ejercicio de las violentas represiones, es entonces cuando vuelve sobre sus preocupaciones básicas: el hombre y su relación con el trabajo -rural y fabril- o la violencia social, hasta llegar a reflejar de modo particular un simple acontecer de carácter costumbrista y apacible en “Jinetes chaqueños a la luz del amanecer”(1993), “Joven con papayo”, o en “Carretón de tres yuntas”.La soltura de su trazo se evidencia en el formidable acrílico titulado “Maíz”, un estudio para la obra mural posteriormente realizada en relieves cerámicos “Nuestra Señora del Maíz” (1989-1990), situada en la Iglesia de San Joaquín, en Santa Cruz. En ella la soltura y la delicadeza del trazo, el dominio absoluto de la luz que soluciona con el color puro y la síntesis gestual de las formas son sencillamente extraordinarios. Lo mismo sucede con otro acrílico que lleva como título “La vida vencerá”, una suerte de cruzada ecologista que manifiesta un esperanzado canto a la vida misma ante una maraña de vicisitudes simbolizadas en el lienzo por una simple flor de color rojo y amarillo intenso que crece triunfante y destaca sobre una mala hierba que adquiere colores opacos.

También nos invita a hacer una profunda reflexión sobre el mismo tema en el políptico titulado “La ira del sol”, que revela toda la furia de la naturaleza afectando campos y sembradíos. Ambas representaciones de carácter ecologista, son recurrentes en buena parte de su obra figurativa.Es así como los recursos naturales, la rica flora y fauna de su región amazónica, situada en el mismísimo corazón de Sudamérica, son representadas. El desfile de bibosis, palmeras, plantaciones, jaguares, bueyes, diversas aves, caballos con o sin jinetes es una constante y suelen acompañar el tema principal dentro del contexto de la composición global de las piezas.

Con respecto al uso del color en su no menos significativa pintura de caballete, ésta es casi siempre realizada en acrílico, suele conservar características similares a la de sus murales cerámicos y por lo general ostentan grandes dimensiones. A partir de una paleta vibrante de registros cálidos y tonalidades encendidas surge una portentosa pincelada nerviosa que adopta formas ondulantes dotada de elocuente plasticismo, que cobra fuerza, fugazmente se torna violenta y se luce gestual; acaso como si buscase asumir una decidida libertad, finalmente termina consolidándose expresionista.

Sobre las circunstancias que influyen en el momento de la creación de su obra, el cruceño es el tipo artista que suele acercarse al lienzo o al mural con una idea inicial que desaparece muy pronto para dar lugar a otra inesperada que surgirá espontánea.(Seguramente esto le sucedió en Montero).Sino todo resulta muy predecible y monótono. Es coherente que éste haga lo que siente en el momento, porque el hecho de crear es también un proceso de descubrimiento, esa es la esencia del arte; El hecho de hacer que el factor sorpresa sea parte de la revelación del mismo soporte. Todo lo dicho resulta ser un verdadero desafío para el creador. Es que la tela suele ser un interlocutor para el artista, le pide manchas, que previamente adquieren en su paleta colores precisos, estos a su vez se convertirán en formas que se sintetizarán y se tornarán plásticas e intensamente expresivas. Una vez que la obra esta concluida, ella misma dejará entrever algunas palabras de este maravilloso diálogo artista-lienzo traducido en desbordantes colores y figuras sintetizadas. Un inspirado Lorgio Vaca auxiliado por su particular paroxismo cromático, unido a una simplicidad de formas y elementos plásticos composicionales, finalmente terminará convirtiendo al otrora lienzo en blanco en un poema vibrando ante nuestros ojos.

Las pinturas del maestro cruceño mantienen una dominante estructural, en la que el dibujo actúa con su contención, pero gradualmente las formas se irán abriendo y el color pasará a ser un elemento determinante en la composición. Esta evolución gradual y constante, indica el sentido plástico que domina su obra muchas veces hasta por encima de los temas elegidos. El artista supo atender a los requerimientos emotivos de su sentido humanista y social, valiéndose siempre del discurso plástico y sus necesidades expresivas. Es esencialmente, un creador capaz de exponer toda una visión política del hombre y la sociedad a través de los medios de la pintura o del mural. Con ellos y por medio de ellos, sin hacer prevalecer en su discurso emotivo y visual otro recurso que no fuera primordialmente el del lenguaje cromático. En desmedro de lo superficial de las cosas, su audaz obra de temática social-política nos brinda la posibilidad de observar todo lo que puede imaginarse y revelarse.

El conflicto viviente comporta una actitud inagotable hacia una solución de la síntesis sin eludir la lucha de elementos como fuerza y gestualidad, contenidos de expresión y formas coherentes, datos inmediatos y zonas mediatas, lo típico y lo universal, lo popular y lo culto. Su integración la busca a través de ese gran receptáculo experimental que es la actitud social del hombre. El arte tiene una virtud de poder romper las imágenes tradicionales que todos evidenciamos fácilmente para poder destacar en un primer plano los elementos de expresión y los narrativos.

El maestro Lorgio Vaca es un artista completo, pero al mismo tiempo parece gustar de una lectura artística simple, propia del artista autodidacta que va forjando su propia identidad estética con el trascurrir del tiempo; vive como un artista, sueña como tal, se expresa como un personaje del arte y crea obras con ese nivel y jerarquía. Testigo de su tiempo, es un creador humanista preocupado por el hombre y el acontecer del mismo en su dimensión total.

Dr. Harold Suárez Llápiz

Crítico e Investigador de arte boliviano (2010)

 

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