En el suburbio de Guayaquil, las mujeres también arreglan las cajas de cambio

En el suburbio de Guayaquil, las mujeres también arreglan las cajas de cambio

La mayoría de estos negocios son informales y no tienen permisos de funcionamiento, a pesar de ello cientos de personas buscan a diario los servicios de estos mecánicos por ser más económicos.

Redacción País Adentro Fue hace casi 50 años que el primer taller de reparación de cajas de cambio abrió en las calles aledañas al puente de la 17. Desde entonces la actividad se multiplicó entre hombres y mujeres.

Los servicios en atención al cliente también aumentaron. Así lo reconoce Óscar Soriano, quien además de ser dueño del taller más grande del lugar es el ‘heredero’ de Manuel el ‘Mago’ Soriano (+), maestro de la mayoría de los mecánicos ‘experimentados’ del sitio. El negocio está en las calles Alcedo y la 18, lugar que aglutina a casi una veintena de talleres —que en su mayoría no están legalizados— y a pesar de esto acoge a casi 50 personas que sostienen su economía con esa actividad.

“Aquí la mayoría de los mecánicos aprendieron en este taller y ahora son independientes. El tema está en la competencia desleal de algunos, que al no tener locales ni permisos, cobran menos y perjudican a los que cumplimos con ley” dijo Soriano, de 57 años. Él junto a sus hijos implementó la atención diferenciada para sus clientes.

Ofrece la venta de repuestos en el mismo taller y seguridad ante posibles robos usando un circuito cerrado de cámaras de video. “Si algún cliente tiene que trasladarse del local a otro sitio un empleado lo acompaña a tomar un taxi así evitamos un mal momento con los ladrones que lamentablemente abundan”, comentó.

En el recinto, Henry Almeida, esperaba que terminen de armar su carro para regresar a Samborondón donde vive y se desarrolla como imitador del cantante estadounidense Romeo Santos.    “La zona es peligrosa, eso es indudable, pero me arriesgo porque es más barato conseguir los repuestos que necesito para hacer arreglar mi carro”, sostuvo.

Hace 4 años, Evelyn Soriano decidió dejar el trabajo en una empresa privada por ejercer sus conocimientos en Marketing Comunicación y Ventas en el negocio de su padre. Eso ha mejorado el nivel de atención y control de lo que se hace en el taller y en los carros de los clientes. Esto ha dado un impulso al negocio donde también laboran sus hermanos y cuñada. “Tenemos un sistema para saber qué  persona trabajó en cada carro y qué se hizo.

Esto sirve para dar un mejor servicio y garantía”. Evelyn comenta que llevar un control con las órdenes de reparación es parte de sus actividades así como agendar y asesorar a los clientes que buscan el taller de Soria. A pocos metros, otra mujer rompe con el estereotipo de que la mecánica es un trabajo de hombres.

María Coronado es parte de un taller informal en el que hace 12 meses le dieron la oportunidad de llevar el sustento económico para su hija de 15 años. Ella cumple la función de un oficial que tiene como prioridad ver  en el desarme y lavado de las cajas de cambio o coronas de los carros que llegan al sitio. “Al principio no fue fácil iniciar en esta actividad que está llena de hombres que conocen cómo trabaja un automotor”, dijo la mujer de 35 años.

Este sitio tiene las aceras llenas de manchas de aceite, cartones, grasas y una oferta de manos listas para trabajar desde las 08:00 hasta las 19:00 de lunes a sábados. El dueño de uno de locales es  Manuel Álvarez, él cuenta lo complicado que es sostener un espacio con personal contratado como dice la ley, pero ese es su anhelo.

“Un día podemos ganar hasta $ 150 pero cuando la clientela escasea solo alcanza para el almuerzo del personal”, dice el hombre que tiene 24 años de experiencia. Esta zona ‘roja’ se desarrolla entre la oferta de servicios baratos, empleos formales e informales para hombres y mujeres. (I)

El Telégrafo 

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