Historia de los lacandones en Guatemala (Parte I)

Historia de los lacandones en Guatemala  (Parte I)

Por Fernando Mollinedo C.

La palabra lacandón es una derivación castellanizada de la expresión chortí lacam-tum, que significa “gran peñón” o “piedra erecta”. Este gentilicio fue aplicado en tiempos de la colonia por los españoles para designar a varios grupos de indígenas “bárbaros” que se refugiaron en una espesa selva de Chiapas, que ahora lleva el nombre de selva lacandona. Esta palabra aparece a menudo en los archivos españoles. Sin embargo el arqueólogo estadounidense Joel Palka aclara que estos lacandones pertenecen, en realidad, en la mayoría de los casos, al grupo lacandón ch’olti, que es distinto de los lacandones modernos.

El origen de los hach winik (“hombres verdaderos”) no es del todo claro; sin embargo, son consistentes las pruebas lingüísticas e históricas de que los lacandones pudieran provenir de mayas de Yucatán que desde el siglo XVI o XVII emigraron durante diversos períodos hacia el sur, primero a las selvas del ahora Petén guatemalteco y posteriormente a lo que actualmente se conoce como la región de la selva lacandona de Chiapas (Fig. 1). Se ha propuesto que esta migración sucedió como una huida ante los esfuerzos de la colonia en congregarlos en asentamientos.

Pueblo de filiación ch’olana. Estos lacandones coloniales no tienen ninguna relación directa, más allá de haber ocupado el mismo espacio físico, con la presencia de estos lacandones ch’olanos coloniales, en la zona del noroccidente de Guatemala, en la zona norte de los departamentos de Huehuetenango y El Quiché. Su presencia en estas regiones estuvo marcada tanto por hostilidad extrema hacia los pueblos vecinos (Chuj, Q’anjob’al), como por contactos amistosos y de apoyo recíproco con otros grupos (Ixil).

La historia del pueblo lacandón se vincula tanto con México como con Guatemala. Los lacandones son un grupo étnico indígena del tronco maya que habita en la selva lacandona que tiene una extensión aproximada de 662 mil hectáreas, en un medio selvático que representa para ellos un vasto cúmulo de recursos naturales, más específicamente en el estado de Chiapas, México.

Los asentamientos lacandones invariablemente son erigidos en las cercanías de lagos, ríos y arroyos, los cuales representan un área de recursos de subsistencia; los límites comprendían una extensa zona hasta la cordillera de Ocosingo que los separa de Chiapas y una línea imaginaria de Tabasco y Yucatán, este territorio lo regaban los ríos de la Pasión, Chixoy, el Socoljá y el de San Pedro afluentes o tributarios del Usumacinta y el Lacantún. Los lacandones se dividieron en dos grupos denominados los del norte, que habitan principalmente en las localidades de Nahá y Metzaboc, y los del sur, ubicados en la localidad de Lacan ha Chan Sayab.

Abandonaron la ciudad lacustre de Lacam-Tun a fines del siglo XVI (años 1500), se retiraron hacia el sureste y erigieron una nueva cabecera a pocos kilómetros de distancia del río Lacantún, llamándola Sac-Bahián. Por esta razón pudieron prolongar su independencia por más de siglo y medio, hasta que fueron sometidos finalmente en 1695, al ser invadido su último reducto, Sac-Bahián, por tropas españolas venidas simultáneamente de Chiapas y Guatemala.

Los lacandones se llamaban a sí mismos hach winik, que significa “verdaderos hombres”. Se piensa que originalmente el vocablo lacandón se refirió a un grupo hablante de chortí el cual, en tiempos de la conquista, habitó en una pequeña isla en el río Lacantún, en el extremo sur de la selva y que se autodenominaban “los del Lacantún”, que significa en chortí “gran peñón” o “piedra erecta” y al ser españolizado se convirtió en lacandón o lacandones. Los hach winik son hablantes de un idioma estrechamente relacionado al maya yucateco.

Como colofón de conquista, los españoles trasladaron algunos lacandones hacía el poblado de Dolores en territorio mexicano cerca de la frontera con Guatemala, y finalmente a Santa Catarina, departamento de Retalhuleu, donde en 1769 se documentó la presencia de los que ellos llamaron “últimos supervivientes” tres ancianos: dos hombres y una mujer. Es muy probable que algunos sobrevivientes terminaran mezclándose con los nuevos habitantes, y que otros se trasladaran a otras zonas para alejarse de los invasores y preservar sus costumbres y lengua del pueblo maya originario de la selva Lacandona.

Los lacandones desde finales del siglo XVII (años 1600) son resultado de una mestizaje de pueblos que se consideran originarios de la península de Yucatán y del Petén guatemalteco; emigraron durante diversos periodos de tiempo hacia la selva chiapaneca huyendo de los intentos de congregarlos en pueblos establecidos por las autoridades coloniales, después de que los pueblos originalmente asentados en la región habían sido trasladados y reubicados en “pueblos de paz”, hablantes en su mayoría de las lenguas chol, chortí y tzeltal.
Las referencias documentales sobre los actuales lacandones en la selva se remontan a las últimas décadas del siglo XVIII (años 1700) y dan cuenta de diversos intentos de reducción y catequización. El primero de ellos, entre 1788-1797, se refiere a la concentración de los lacandones en el poblado de San José de Gracia Real en territorio mexicano. El intento fracasó y éstos retornaron gradualmente a la selva. Desde esta época los nativos establecieron relaciones comerciales con los mestizos de Palenque.

Hasta el año de 1832, la tribu lacandón se mantuvo refractaria a la civilización, sin aceptar arreglos – comerciales y menos someterse a las autoridades de la Federación centroamericana. Por otra parte, a los lacandones del sur se les intentó evangelizar, sin resultado alguno, a principios del siglo XIX (años 1800) siguió un segundo intento en 1862 por parte de religiosos capuchinos; sin embargo, aunque los religiosos se llevaron consigo a algunos nativos, las penalidades del camino, la desavenencia de costumbres y el clima obligaron a éstos a permitir el retiro de los indígenas a sus lugares de origen.

Hasta el Tratado con México de 1882, Chiapas, formó parte del territorio guatemalteco. Pero la toponimia revela que el hábitat de los referidos indígenas abarcaba igualmente regiones del municipio de La Libertad, en el Petén, fueron rebeldes que no se sometieron a las autoridades de Guatemala, permanecieron aislados, independientes y altaneros, considerándose inmunes dentro de las defensas naturales que le ofrecían las abruptas montañas y encrucijadas de los ríos Lacantún, Chixoy y Usumacinta.

La Hora