Gracias por todo Maestra, descanse en paz

Por Mariela Castañón

En el año 2006 conocí a la Licenciada Ileana Alamilla, cursaba el técnico de periodismo en la Universidad Mariano Gálvez. Un grupo de compañeras decidimos abrir un espacio de interacción con ella, habíamos leído de su trayectoria y deseábamos que nos hablara sobre el buen periodismo y los desafíos en la profesión.

Con un reducido grupo de estudiantes nos organizamos para solicitar los permisos en la universidad y cuando lo logramos le extendimos la invitación. Ella, con la gran humildad que la caracterizó siempre, nos abrió la puerta de su oficina, nos escuchó y aceptó.

Después surgió una oportunidad laboral en Cerigua. A algunas estudiantes nos permitió aplicar a la vacante. Yo gané las evaluaciones y obtuve el puesto, pero en esa ocasión no pude continuar con ella.

Afortunadamente, en enero de 2008 hubo una nueva oportunidad y gracias a ella y al apreciado señor Luis Ovalle, editor del Centro de Reportes Informativos sobre Guatemala (Cerigua) logré incorporarme.

Al principio sentí temor, porque mis funciones serían evaluadas por la Licenciada Alamilla y “don Luisito” como llegué a decirle. Tenía una responsabilidad grande, fui contratada como reportera especializada en el tema de libertad de expresión y encargada del Observatorio de los Periodistas. Debía estar vigilante de las amenazas y agresiones contra periodistas y preparar alertas nacionales e internacionales de lo que ocurría.

Estaba ilusionada con la oportunidad, era el primer lugar que me acogía y me contrataba para analizar información y transmitirla (un desafío grande para una estudiante de periodismo).

A pesar de los riesgos que conlleva contratar a una persona sin experiencia, la Licenciada Alamilla confió en mí, como lo hizo con muchos otros periodistas que se formaron y aprendieron en Cerigua. Nunca me demostró desconfianza, al contrario me nutría de seguridad.

Siempre recibí el apoyo de la Licenciada Ileana, recuerdo sus palabras cuando recién inicié. Decía que no tuviera miedo de preguntar, que debía plantear cualquier duda o desconocimiento, porque ella y el equipo estaban para ayudarme. Así fue, ella y don Luisito me enseñaron con paciencia y respeto, corrigieron mis errores y me instaron a esforzarme en cada asignación. También lo hicieron mis amigas y compañeras Marielos, Regina y Melissa, con quienes aún mantengo una buena relación.

Cerigua me dejó un legado muy importante, conocimiento en redacción y derechos humanos, aunado al honor de trabajar con una valiosa mujer profesional, fiel defensora de la libertad de expresión y a quien considero mi maestra. Siempre admiré su inteligencia, disciplina, fortaleza, entrega y honestidad por las causas en las que creía. Además de ser directa y con personalidad.

Recuerdo cuando todas las mañanas descendía de su vehículo, se acerba a nuestra oficina y sonreía. Nunca olvidaré su cara de asombro cuando vio mi cabello pintado de azul. “Le queda muy bonito”, me dijo. “Solo no esperaba verla con ese color, porque usted es muy seria”.

Dejé la agencia porque como cualquier periodista joven, quería aprender de la labor en la calle, vivir en carne propia las experiencias y profesionalizarme en otros temas, en la cobertura de violencia y seguridad (una agenda que siempre quise, para interactuar con las personas y entender el origen de lo que sucede Guatemala). Eso me instó a buscar una oportunidad laboral en La Hora, una empresa de la que siempre quise ser parte, por los principios éticos con los que se ejerce periodismo.

La buena relación con la Licenciada Ileana se mantuvo y en los últimos dos años logramos comunicarnos más y conversar sobre temas que a ambas nos apasionaban: el ejercicio periodístico, la ética y los desafíos.

El 30 de noviembre del año pasado, Día del Periodista, la Junta Directiva de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG) de la cual ella era integrante, reconoció mi labor por “la cobertura humana en temas dramáticos”.

Recibí el reconocimiento de manos de la Licenciada Alamilla, que me expresó un emotivo mensaje que honestamente no esperaba escuchar. Esas palabras las atesoraré en mi corazón siempre. Con la determinación que la caracterizaba me dijo que ese reconocimiento era
“por el periodismo ético y humano” que realizaba en La Hora. Me instó a continuar ejerciendo un periodismo basado en los principios éticos y no apartarme de ellos.

Mi corazón se llenó de felicidad, porque mi Maestra reconoció públicamente mi labor en esta noble profesión que tanto amo. No la decepcioné, sus enseñanzas fueron un legado que quiero mantener siempre.

El miércoles 17 de enero murió la Licenciada Ileana Alamilla por una embolia, tras una intervención en la rodilla. Ayer estuve en la funeraria donde fue velada, no pude contener las lágrimas, porque por mi mente pasaron tantos recuerdos, experiencias personales y profesionales que viví con ella. Aún incrédula por su deceso, únicamente me acerqué a su ataúd y le dije Gracias por todo Maestra, descanse en paz.

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