Galería #NiUnaMenos: la marcha de las mujeres argentinas contra la violencia de género

Galería #NiUnaMenos: la marcha de las mujeres argentinas contra la violencia de género

Entrevista  a Laura Charro, integrante de Ni Una Menos Rosario: “En Argentina nos están matando cada 18 horas”

Por Nadia Luna 

Este sábado 3 de junio se realiza en Argentina la tercera marcha bajo la consigna Ni Una Menos. La multitudinaria manifestación se realizó por primera vez en 2015, cuando fue convocada de manera espontánea a través de las redes sociales ante el hartazgo masivo causado por ver cómo aumentaban los casos de femicidio y de violencia de género. La movida trascendió fronteras y rápidamente se replicó en numerosos países latinoamericanos.

La violencia machista, lejos de disminuir, sigue matando: en lo que va del 2017, se contabilizan 133 femicidios en el país. Sin embargo, el empoderamiento de las mujeres continúa fortaleciéndose día a día en las calles y en cada rincón de la vida cotidiana. El grito de “Ni una menos, vivas nos queremos” interpela constantemente a esa parte de la sociedad patriarcal que aún no se resigna a perder los privilegios construidos en base a golpes, humillaciones y muerte.

La colectiva argentina Ni Una Menos Rosario (provincia de Santa Fe) se conformó a fines de 2016 como una forma de replicar la experiencia de sus pares en Buenos Aires. Entre sus integrantes hay periodistas, artistas, militantes de otros espacios y numerosas mujeres que buscan visibilizar y luchar contra las diversas formas de violencia de género.

Laura Charro es licenciada en Comunicación Social, especialista en comunicación y género y una de las integrantes de Ni Una Menos Rosario. En diálogo con Nodal, habla sobre la vigencia de los reclamos, la responsabilidad del Estado y la necesidad de plantear políticas que apliquen controles al varón violento en vez de aislar a la mujer.

¿Cuáles son los principales reclamos? ¿Hay cambios con respecto a las convocatorias anteriores?

En líneas generales, seguimos repitiendo las mismas consignas porque no ha habido un cambio trascendental. Lo más urgente siempre tiene que ver con los femicidios, con que en Argentina nos están matando cada 18 horas, con que todavía faltan políticas de prevención y políticas orientadas a la contención de mujeres que son víctimas de la violencia machista. Pero también hay una diferencia que el movimiento de mujeres quiere remarcar esta vez: queremos hacer hincapié en la responsabilidad del Estado antes las cuestiones que estamos reclamando. Si bien ya se vino diciendo esto, esta vez se hará de manera más tajante. Junto a la consigna de que “libres y vivas nos queremos” se suma que el Estado es responsable. El estado en todas las aristas, no solamente el nacional, también hay reclamos al Estado provincial y municipal.

¿Cómo evalúan la acción del Estado en los últimos casos de femicidio?

La violencia institucional es cada vez más fuerte y hay mucha falta de capacitación y de sensibilización de los empleados policiales, estatales, judiciales que atienden estos casos. Hace pocos días, tuvimos en Rosario el caso de María de los Ángeles Paris, una chica que fue a denunciar un robo a una comisaría y tiempo después nos enteramos que salió muerta de ahí. Por eso se hace hincapié en la responsabilidad del Estado, por la falta de políticas o porque no cumplen con las existentes. Tenemos una Ley Nacional de Violencia contra la Mujer que es ejemplar. La provincia de Santa Fe está adherida y hay políticas que la provincia y el municipio implementan como lo que tiene que ver con refugios o el teléfono verde para asistencia a la víctima, pero en la práctica todavía faltan muchas cuestiones: la justicia sigue siendo muy lenta y las mujeres todavía tienen miedo a denunciar.

Además de las políticas que hay y no se cumplen, ¿qué otras políticas consideras que debe empezar a pensarse para poder avanzar más en la lucha contra la violencia de género?

En principio, a nivel comunicativo, me parece que hay que empezar a implementar campañas que interpelen a los varones. Si bien desde el movimiento de mujeres manifestamos con mucha claridad  y de diversas maneras nuestros reclamos y consignas, evidentemente el mensaje no está llegando a todos los varones, que son los que hoy nos están matando. Entonces me parece que las campañas no solamente tienen que hablarle a la mujer y decirle dónde puede denunciar y qué recursos tiene para enfrentar la violencia sino que también tienen que interpelar más al varón.

Por otro lado, creo que está muy bien que haya refugios y subsidios para mujeres que son víctimas, pero en el movimiento de mujeres también se está empezando a cuestionar qué pasa con los varones violentos. Porque la mujer que denuncia termina aislada en un refugio y el varón violento continúa con su vida normal o detenido a medias hasta que se dicta una sentencia. Esa situación tiene que modificarse. El botón de pánico lo seguimos teniendo las mujeres cuando en realidad son los varones los que deberían tener un dispositivo que los controle a ellos. Eso es pensar un cambio de paradigma y el movimiento de mujeres lo está empezando a reclamar.

Es un aspecto interesante para trabajar, porque sino pareciera que los dispositivos de control siguen cayendo sobre la mujeres cuando en realidad tendría que ser al revés.

Absolutamente. En muchos casos de vulnerabilidad, son las mujeres las que quedan aisladas de sus vínculos afectivos, sus trabajos y su vida cotidiana mientras el violento sigue en su casa y a lo mejor hasta teniendo contacto con los hijos.

¿Y cuál debe ser el rol del varón que quiere apoyar el movimiento de mujeres? ¿Cómo pueden empezar a desnaturalizar las prácticas machistas de la vida cotidiana?

La semana pasada se hizo acá en Rosario una asamblea de varones antipatriarcales impulsada por Mala Junta (colectivo feminista que se define como mixto, popular y disidente). Hubo una importante convocatoria, había alrededor de 200 varones, y la consigna tenía que ver con “cortar el mambo”: que los varones empiecen a terminar con esa complicidad de la vida cotidiana. Que no solamente nos acompañen en la lucha, algo que de por sí es muy importante y necesario. La propuesta va más allá y busca que los varones empiecen a interpelar a los otros varones, a marcar al amigo que hace un chiste machista en vez de reírse. Es un trabajo muy interesante que tiene que ver con desarmar el patriarcado del que todos somos parte y también tenemos que hacerlo muchas de nosotras.

¿Crees que la violencia contra las mujeres recrudeció en el último tiempo como respuesta a la mayor cantidad de mujeres que dicen “no”?

No sé si en número pero lo que sí hay claramente es una mayor crueldad en cada femicidio. Me parece que son cada vez con más saña. Quizás sea por un intento de “disciplinamiento”, como consecuencia del empoderamiento de las mujeres en las calles, que también es cada vez mayor.

La movilización del último 8M se replicó en decenas de países de todo el mundo. ¿Cómo ves el movimiento que se está armando en América Latina?

La violencia de género y el machismo atraviesan fronteras. No es una cuestión de culturas específicas sino que es un problema mundial y en Latinoamérica se vive de una manera determinada porque la cultura patriarcal es muy fuerte. Por eso me da mucha felicidad ver que hay movilizaciones en diversos países. El 8M fue una muestra de eso y es muy bueno que, más allá de nuestras diferencias culturales y de las formas de salir a reclamar, podamos hacerlo a la par en todos los países de la región. Esto demuestra que nos estamos empoderando porque no es una problemática de un país, sino que atraviesa todo el género, en cualquier parte del mundo.

Nodal

Fotografías de ES Fotografía