Eva Perón: “De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social”

Eva Perón: “De nada valdría un movimiento femenino en un mundo sin justicia social”

Ser Evita  (1)

Buenos Aires, 26 de julio de 1952. La ciudad se sume en el silencio mientras escucha el comunicado oficial por el cual “cumple la Subsecretaría de Informanciones el penosísimo deber de informar al pueblo de la República que a las 20:25 horas ha fallecido la Señora Eva Perón, Jefa Espiritual de la Nación.”

Del silencio surgieron llantos profundos y también botellas de champagne que se descorchaban. Ambos expresaban el amor y el odio que esta mujer encarnaba. El llanto se lanzó a la calle, se mostró al mundo en interminables filas y la acompañó durante el velatorio que duró hasta el 11 de agosto. Los brindis se guardaron para la intimidad…

Unos y otros sabían, desde el puro sentimiento algunos, desde la interpretación racional de la contemporaneidad otros, quién era Eva Perón. Esa tangible realidad que parecía eclipsarse comenzó a tomar forma de mito y quienes no compartimos su tiempo y quisimos conocerla nos enfrentamos a un difícil camino que durante muchos años estuvo marcado por el silencio. “De eso no se habla” no es sólo el título de una película argentina, es también un sino en nuestra historia.

Las obras que sobre ella se publicaron, las películas que se filmaron, las voces que se alzan aún hoy para alabarla o denostarla no hacen sino confirmar que, más allá de las interpretaciones y de la mitología, Eva Perón es una realidad cuya significación histórica nos comprende y nos trasciende.

Si vivir es un permanente elegir y sólo somos definitivamente el día que morimos, aquel 26 de julio de 1952 la niña que 33 años antes había nacido en un pequeño pueblo de la República Argentina había llegado al final del camino que la conducía a ser definitivo: Ser Evita.

Los Toldos

Su historia comezó un 7 de mayo de 1919, cuando Juana Ibarguren dio a luz. La procedían cuatro hermanos: Elisa, Blanca, Juan y Erminda. Su padre, Juan Duarte, había llegado a Los Toldos a comienzo de siglo y arrendado el campo de La Unión con ánimo de prosperar. Sabida era la bondad de las tierras de la zona para la agricultura y la ganadería. Pertenecía a una influyente familia de Chivilcoy y allí tenía, de su unión con Adela D’Huart, varios hijos.

Hombre próspero y de gran prestigio entre los conservadores del momento, patrón de estancia, típico puntero en las lides políticas del momento, fue nombrado suplente del juez de paz en 1908.

Pero 1919 ya no eran tiempos de conservadores. Tras largos años de lucha de características revolucionarias primero y abstencionistas después, asegurado el proceso electoral por la Lay Saenz Peña tras años de fraude electoral, el radicalismo concurre a las urnas y se alza con el poder.

Desmontada por el Dr. Yrigoyen la maquinaria que impedía en las provincias la libre expresión, cae el bastión conservador de la provincia de Buenos Aires. El indendente Malcom, amigo personal de Juan Duarte y a quien éste administraba un campo, es reemplazado por el radical José A. Vega Muñoz.

La estrella de Juan Duarte comenzó a decaer y las dificultades económicas a hacerse presentes. El ofrecimiento de administrar campos en la localidad vecina de Quiroga hizo que se trasladaran allí, donde sólo permanecerían un año. Erminda cursó su primer grado en la Escuela Número 1. No eran aún tiempos de guardapolvo para Eva.

Como Quiroga no ofreciera las posibilidades esperadas, regresaron a Los Toldos. Mientras que los hermanos mayores conocieron los tiempos de bonanza económica del padre, los menores supieron de tiempos de apremios. La situación se agravó con la muerte de Duarte que falleciera el 8 de enero de 1926 como consecuencia de un accidente automovilístico en Chivilcoy.
En muchas ocasiones en el teatro, el cine y la televisión, se ha representado el velorio de Juan Duarte, y una escena donde la familia de Chivilcoy niega la entrada al velorio a la familia de Evita. Blanca y Erminda han desmentido esas versiones escandalosas. El hijo de Eloisa Duarte (su media hermana), Raúl Guillermo Muñoz, ha declarado delante de un escribano que las familias siempre mantuvieron relaciones cordiales.

El problema de la subsistencia, recordaría Erminda Duarte en su libro Mi Hermana Evita, “se convirtió en una lucha que día a día tomaba nuevas formas.” (p.20) Doña Juana pasaba horas sentada a su máquina de coser, sin queja, sin hacer caso de las indicaciones médicas que le aconsejaban reposo para sus piernas llagadas: “No tengo tiempo. Si descanso, ¿cómo trabajo, cómo vivimos?” (p.31) Elisa se empleó en el correo y Juan comenzó a trabajar en un almanén. Blanca cursaba sus estudios de maestra normal en Bragado.

A los ocho años, Eva comienza su escuela primaria. Cursará en Los Toldos primero y segundo grado.

El tiempo de ocio y juego transcurría trepando árboles, escudriñado la naturaleza, envuelta en disfraces caseros que la convertían en todo aquello que su imaginación le sugiriera, criando gusanos de seda; transcurría entre rayuelas, escondidas y manchas; transcurría con pocos juguetes comprados.

Su hermana Erminda era su infaltable compañera de aventuras y su hermano Juan era, según la ocasión lo requiriera, constructor de barriletes, luthier de pianos de cartón, asistente en el montaje de un circo o arquitecto de casitas de madera, a medida para las niñas, en el fondo de la casa. Blanca y Elisa alimentaban la fantasía infantil con el relato de los cuentos a la hora de dormir.

Junín

Cuando llegó el año 30 Juana decidió partir con su “tribú” como gustaba llamar a su familia, buscando mejores posibilidades en la cercana localidad de Junín, a donde Elisa había sido traslada. Blanca comenzaría a trabajar poco después como maestra en el Colegio del Sagrado Corazón y Juan se emplearía en la farmacia del pueblo. Erminda comenzaba a cursar en el Colegio Nacional y Eva fue inscripta en la Escuela Nº 1, Catalina Larralt de Estrugamou, en 3er grado.

En Junín, a la hora del almuerzo, se sentaban a su mesa tres personas que por esos tiempos prefirieron su comida casera a otras posibilidades que ofrecía el pueblo, y que terminarían formando parte de la familia: el Mayor Alfredo Arrieta, Jefe del Distrito Militar, don José Alvarez Rodriguez, rector del Colegio Nacional, y su hermano, el Dr. Justo Alvarez Rodriguez. El primero se casaría con Elisa y el último con Blanca.

Los juegos teatrales de los años toldenses empezaron en Junín a tormar formas más reales. Eva comenzó a destacarse por su afición a declamar poesías. En su autobiografía, La Razón de mi Vida, diría que “siendo una chiquilla, siempre deseaba declamar. Era como si quisiese decir siempre algo a los demás, algo grande, que yo sentía en lo más hondo de mi corzón.” (La Razón de mi Vida, p. 20) La Comisión del Centro de Cultura y Arte del Colegio Nacional, a la que pertenecía Erminda, organizaba representaciones teatrales. Evita, a pesar de no ser alumna del Colegio, se integró al grupo y tomó parte en una obra titulada Arriba Estudiantes. También en Junín escuchó por primera vez su voz saliendo de los altoparlantes instalados en la Casa de Música de Primo Arini. Una vez por semana, los jóvenes aficionados del pueblo tomaban el micrófono y exponían sus dotes artísticas: cantaban, decían monólogos, declamaban.

Aquello que Eva misma llamaría su “extraña vocación artística” crecía al amparo del cine del pueblo, de las audiciones radiales y de las colecciones de fotos de artistas.

A su amparo debió también de plantearse la primera elección: ¿Ser una chica pueblerina y “casadera” como tantas otras de Junín? ¿ser maestra como Blanca? ¿emplearse como Elisa?

Corría 1934 cuando Eva tenía claro su respuesta : Ser Actriz.

A la vocación se sumaban las características de personalidad. Ella misma diría en La Razón de mi Vida: “Como los pájaros, siempre me gustó el aire libre del bosque. Ni siquiera he podido tolerar esa cierta esclavitud que es la vida en la casa paterna, o la vida en el pueblo natal… Muy temprano en mi vida dejé mi hogar y mi pueblo, y desde entonces siempre he sido libre. He querido vivir por mi cuenta y he vivido por mi cuenta.”

Las circunstancias de la partida de Eva de Junín ha dado letra a un sinnúmero de versiones. La que quedó instalada con mayor fuerza involucra al cantante de tangos Augustín Magaldi, apodado el Gardel del Interior. Según sea el caso, se lo presenta intercediendo ante la madre, a pedido de Eva, para que le permitiera ir a vivir a Buenos Aires, o bien limitándose a facilitarle algunas cartas de recomendación que le abrieran las puertas del mundo artístico, o bien viajando él mismo con ella.

Desmintiendo tales hechos, insostenibles desde la evidencia histórica, su hermana Erminda recuerda la situación de conflicto familiar planteado ante la férrea decisión de Eva de partir a la capital y la no menos férrea de Doña Juana de disuadirla, a la vez que pondera la influencia que ejerciera José Alvarez Rodriguez al aconsejar a la madre no torcer la vocación de los hijos: “ Tanto insistió el rector que mamá, a regañadientes, te llevó a Buenos Aires.” Volvió sola, “furiosa con el rector del Colegio Nacional, furiosa con todo el mundo,” después de dejarla en casa de Isidoro Bustamante, amigo de la familia. (Duarte, p. 71) Quedaba definitivamente atrás la niña de Los Toldos y Junín. Junto a los pocos objetos personales acomodados en la valija y que con el tiempo serían desechados, Eva llevaba consigo el rumor permanente del pedal de una máquina de coser, los juguetes deseados que no pudo tener, el impacto del descubrimiento de que en el mundo había pobres y había ricos, su sentimiento de indignación frente a la injusticia. De ninguno de ellos se deshará… .

Eva Duarte Actriz

Eva era una más de los muchos provincianos que por esos años llegaban a la gran ciudad. La radicación en la capital y fundamentalmente en el conurbano bonaerense de hombres y mujeres de tez curtida y tonada provinciana se acentúa notoriamente en esos años. Como en el teatro griego, Buenos Aires podía presentarse tras la máscara de la comedia o de la tragedia.

Fueron tiempos de miseria, desocupación y hambre en un país que figuraba entre los primeros productores de alimentos del mundo. Fueron tiempos anunciados por el tango: “Cuando rajés los tamangos, buscando ese mango que te haga morfar…” decía Discépolo en la voz de Gardel.

 

El proceso de industrialización que se inicia en los primeros años de la década absorbió la mano de obra que llegaba del interior, empujada por la crisis. Las clases media y alta contemplaban horrizadas a esta marea humana que invadía una Buenos Aires de tez blanca y arquitectura europea, una Buenos Airs que hasta entonces les pertenecía con exclusividad. La villa miseria, el conventillo, “la yerba de ayer secándose al sol” son la cachetada de una realidad que nada tenía que ver con los palacetes de la Avenida Alvear y la Sociedad Rural, con los viajes a Europa que unos pocos disfrutaban.

Inmersa en esta realidad, durante diez años, Eva Duarte se consagra a su “pasión por el arte”. En 1945, alcanzada la tan ansiada denominación de “estrella”, dirá en un reportaje concedido a la revista Radiolandia: “No soy como quieren hacerme aparecer aquellos que no perdonan nunca que una mujer joven llegue a una posición destacada, una advenediza. Tengo más de cinco años entregados de lleno al culto de esta vocación firmísima que en mí es el arte. Un lustro de sinsabores, de inquietudes nobles, que conoció la incertidumbre de los momentos adversos, como supo también del halago de las horas felices.” (Radiolandia, 7 de abril de 1945, “Una estrella se confiesa”).

 

Los sinsabores en el mundo artístico fueron comunes a las actrices y actores que buscaban hacerse un lugar la sol; mala paga, inestabilidad laboral, meses de inactividad, papeles breves, a veces ni figurar en los repartos.

A poco de llegar a Buenos Aires, Eva se incorpora a la Compañía Argentina de Comedias, encabezada por Eva Franco, actriz de primera línea entre los intérpretes argentinas. El 28 de marzo debuta en el Teatro Comedia con un breve papel en el vodevil La Señora de los Pérez. El crítico Augusto Guibourg apuntaba en su crónica: “muy correcta en sus breves intervenciones Eva Duarte” (Crítica, 29 marzo de 1935). No siempre tendría la suerte de ser mencionada, pero permaneció en la Compañia hasta enero de 1936, con papeles siempre de reparto, en Cada casa es un mundo, Madame Sans Gene y en La Dama, el Caballero y el Ladrón.

En mayo de 1936 parte en gira por el interior con la Compañía de Pepita Muñoz, José Franco y Eloy Alfaro, y en diciembre se incorpora a la Compañía de Pablo Suero que estrenaba en el teatro Corrientes Las Inocentes. En el año 1937 se inicia con la misma compañía, que se presentará por pocos días en Montevideo.

De regreso a Buenos Aires participó en la Compañía de Armando Discépolo, considerado uno de los mejores directores de teatro de aquellos tiempos, que estrenó el 5 de marzo, en el Teatro Politeama, La Nueva Colonia de L. Pirandello. No obstante la buena crítica, la obra fue un fracaso de taquilla. Augusto Guibourg apuntaba: “Juanita Sujo, Eva Duarte, Anita Jordán y Jordana Fain intervinieron en escenas de conjunto dirigidas con pericia y animadas con gracia” Crítica, 5 mayo de 1937).

En el mes de agosto pudo verse por primera vez en la pantalla grande. Había obtenido un pequeño contrato para intervenir en el film Segundos Afuera. Coincidentemente con el estreno es contratada por Radio Belgrano para participar en un radioteatro: Oro Blanco.

En los años siguientes llevará paralelamente su actividad en el teatro, el cine, y la radio. Como era habitual en una artista de sus características, realizó incursiones en el ámbito publicitario en medios gráficcos del momento. Con las Compañías de Pierina Dealessi, Camila Quiroga, y Leopoldo y Tomás Simari, Eva transita los escenarios porteños entre los años 1938 y 1940.

Las apariciones en el cine, siempre menores, se suceden en Segundos Afuera, La Carga de los Valientes, El más infeliz del pueblo y Una novia en apuros. Deberá esperar hasta 1944 para tener un papel más importante en La Cabalgata del Circo. Su última película, La Pródiga (1945), que la cuenta como protagonista, no será estrenada.

Eva Duarte había subido a ese escenario tempranamente e iría afirmándose en él. En 1939 encabeza, junto a Pascual Pelliciotta, la Compañía del Aire, primero en Radio Mitre y luego en Radio Prieto. El 1 de mayo sale al aire Los Jazmines del 80. Transita con sus programas radiales por Radio Argentina, El Mundo y, finalmente, en 1943, inicia en Radio Belgrano el ciclo de Biografías de Mujeres Ilustres, que continuará hasta 1945, encarnando entre otras a Isabel I de Inglaterra, Sara Bernhardt, Margarita Weil de Paz, Isadora Duncan, Mme. Chiang Kai Shek, Catalina la Grande.

“Tuve suerte,” diría en el reportaje ya mencionado de la revista Radiolandia, “yendo de micrófono en micrófono, hasta que para mí define en estos momentos la mejor jeraquía radiofónica. Allí, en Radio Belgrano, encontré el auspicio de quienes creyeron en mis posibilidades. En ella he cumplido la parte más destacada de mi labor, una labor que si tiene como epílogo esta situación mía actual, muy grata, por cierto, nace en esferas modestas, desde donde fui subiendo a fuerza de dedicación a un trabajo, de esfuerzo constante por superarme, de asimilación de enseñanzas valiosísimas.”

será ella misma. Habrá por entonces asumido un compromiso con una causa y con un hombre, con el Coronel Juan Domingo Perón.

Evita Perón 

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