Derribando mitos: la verdad tras los “emblemáticos” Juan Gómez Millas y Andrés Bello

La mayoría de quienes estudian y/o trabajan en la Universidad de Chile deben haber escuchado estos nombres más de una vez, sin embargo, antes de realzar estas “célebres” figuras que le dan nombre a algunos de los campus más icónicos de la institución y a esta prestigiosa revista universitaria, es necesario saber cuáles fueron realmente sus aportes más allá de que se comenta en los pastos.

Por Catalina Mundaca y Paula Rivera

Vamos por el primero: Juan Gómez Millas fue un profesor de Historia y Geografía titulado del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile en 1923, luego se dedicó a hacer carrera dentro de la entidad educativa y llegó a ocupar varios cargos, entre ellos, el de rector entre 1953 y 1963.

Pero ¿qué hizo para que uno de los campus más conocidos de la Chile lleve su nombre? Como rector creó algunas sedes regionales de la casa de estudios y, además, centros de investigación para ciencias físicas y sociales. Igualmente, como ministro de Educación de Frei Montalva, en 1965 dio inicio a una de las reformas más importantes a la educación chilena.

Cabe destacar que el programa de instituciones fuera de Santiago fue implementado por la profesora y activista pro derechos femeninos, Irma Salas. A pesar de esto, el educador históricamente se ha quedado con los créditos de este intento de descentralizar la universidad.

Por otra parte, el profesor también estuvo ligado a la política, llegando a formar el Partido Unión Nacionalista en 1943. El cual estaba conformado por la asociación del Movimiento Nacionalista de Chile junto a ex militantes de la Vanguardia Popular Socialista y algunos ibañistas desertores de la Falange Nacional (futura Democracia Cristiana).

Todo esto en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, por lo que esos planteamientos no eran cualquier cosita si se tiene en cuenta dejaban a Gómez Millas del lado del Eje, es decir, alineado con ideas fascistas. Es más, el partido del que el académico fue líder tenía como modelo inspirador al Tercer Reich alemán (sí, era facho).

Por su parte, Andrés Bello, fundador de la Universidad de Chile, fue uno de los intelectuales más influyentes de la segunda mitad del siglo XIX. Se destacó como humanista, político y jurista. Asimismo, su aporte en el ámbito de la cultura y la pedagogía lo han situado como estandarte de la educación pública.

El filósofo de origen venezolano también fue la mente tras el Código Civil de 1855. Sin embargo, lejos de los ideales que hoy defienden las y los estudiantes de la Chile, el mencionado documento legal deja a las mujeres completamente relegadas a un segundo plano.

En él se establecía que “la estructura física de la mujer es más débil que la del hombre y por ello produce su menor intelectualidad”, como cita María José Cumplido en su libro “Chilenas”. De esta forma, el Código Civil que rigió en nuestro país establecía el rol protector del hombre y le arrebataba a la mujer autonomía y derechos civiles.

Por otro lado, en la obra legislativa redactada por Bello se puede observar una clara preocupación por las clases acomodadas, dejando en el desamparo jurídico a la masa obrera. Existe en el texto una detallada definición sobre la propiedad privada y la herencia, pero escasea la definición en cuanto a contratos de trabajo.

La pena de muerte desataba un amplio debate entre los intelectuales de la época. La defensa de los filósofos al derecho a la vida de los criminales llevó al fundador de la Universidad de Chile a sentenciar:

“Si la filosofía reprueba la pena de muerte, ella misma enseña que en un país donde no hay cárceles, ni policía, donde no hay moralidad ni ese horror al crimen que inspira la virtud, debe inflingirse mientras se corrige el mal de raíz. ¿Dejaremos inmunes a los asesinos por seguir a Beccaria, Filangieri y otros?”. Esa onda.

De esta forma los personajes que por años han sido comentados, citados y abucheados en los pastos y carretes por las y los estudiantes de la Chile, la academia y múltiples instituciones quedan obsoletos en cuanto a defensa de derechos se refiere. Bajo esta premisa, cabe preguntarnos si es que un lugar tan importante para el desarrollo del arte, las ciencias sociales y las humanidades debería mantener el nombre de un fascista.

Igualmente, Andrés Bello un intelectual que no merece ser alabado dentro de una comunidad universitaria que se jacta de abogar por los derechos de las mujeres. En esa misma línea, no está demás decir que ningún campus de la universidad lleva el nombre de alguna de las mujeres que han destacado en múltiples áreas desde que el Decreto Amunátegui de 1877 nos permitió acceder a estudios universitarios.

Es importante hacer una crítica a la elite intelectual antes de realzar estas figuras y desmitificar prácticas y pensamientos fascistas y machistas que replicaron, si bien son propios de su época, no se justifican ni deben mantenerse plasmadas en la institucionalidad, blindando la imagen y legado de personajes bastante cuestionables como Juan Gómez Millas y Andrés Bello.

Revista Bello Público
Categories: Chile, De interés