De las cumbres sin pueblos

De las cumbres sin pueblos
Por José Steinsleger
El ciudadano de a pie guarda serias reservas frente a las cumbres periódicas de los presidentes y jefes de Estado de América Latina y el Caribe. Pues si de la felicidad de los pueblos tratan, bastaría con echar un ojo crítico para dudar del propósito de estas reuniones (32 a la fecha) que vienen celebrándose desde 1991.

En 25 años, más de un centenar de gobernantes han posado para la foto en 25 cumbres iberoamericanas (CI), inventadas por el Consenso de Washington y España en los buenos tiempos de la globalización, así como en siete de las Américas (CA, sic), coordinadas por Washington y su ministerio de colonias, la OEA.

Las CI empezaron en Guadalajara (México, 1991), con la presencia del rey de todas las Españas, Juan Carlos I, y el lema de la cumbre fue el fuego nuevo. Ocasión en que Fidel cerró el cónclave con palabras proféticas: pudimos serlo todo. Somos nada.

Hasta finales del siglo pasado, las CI trataron de la cooperación (II Cumbre, Madrid, 1992); desarrollo social (III, Bahía, 1993); comercio e integración (IV, Cartagena, 1994); educación (V, Bariloche, 1995); gobernabilidad para la democracia eficiente y participativa (VI, Santiago de Chile, 1996); valores éticos de la democracia (VII, Isla Margarita, 1997); globalización e integración regional (VIII, Oporto, 1998); situación financiera en una economía globalizada (IX, La Habana, 1999), e infancia y adolescencia (X, Panamá, 2000).

Las CI han debatido (es un decir) múltiples asuntos: unidos para construir el mañana (XI, Lima, 2001); crisis global (XII, Bávaro, República Dominicana, 2002); inclusión social y desarrollo (XIII, Santa Cruz de la Sierra, 2003); educar para construir el futuro (XIV, San José, 2004); Iberoamérica: el mañana es hoy (XV, Salamanca, 2005); migraciones: un desafío global (XVI, Montevideo, 2006); Desarrollo e inclusión social (XVII, Santiago de Chile, 2007); juventud y desarrollo (XVIII, San Salvador, 2008); innovación y tecnología (XIX, Estoril, 2009); educación para la inclusión social (XX, Mar del Plata, 2010); transformación del Estado y desarrollo (XXI, Asunción, 2011); relación renovada en el bicentenario de la Constitución de Cádiz (XXII, Cádiz, 2012); el papel político, económico, social y cultural de la comunidad (XXIII, Panamá, 2013); educación, innovación y cultura (XXIV, Veracruz, 2014), y juventud, emprendimiento y educación (XXV, Cartagena 2016).

Adenda. En la X de Panamá (2000), la presidenta Mireya Moscoso autorizó el ingreso al país de un comando terrorista de la CIA, con la intención de asesinar a Fidel. Y en la XIII de Santa Cruz de la Sierra (2003), Hugo Chávez manifestó que algún día le gustaría bañarse en una playa boliviana porque Bolivia tuvo su mar. A lo que un funcionario chileno comentó que Bolivia tendría su mar, pero un mar de sangre.

Con todo, la CI más sonada tuvo lugar en la XVII de Santiago de Chile (2007), cuando el rey dijo a Chávez: ¿Por qué no te callas? Así, en la XXI de Asunción (2011), el monarca estimó que sólo restaba salvar la cumbre. En la XXIII de Panamá (2012), Juan Carlos ya no participó, tras haber acudido a todas las reuniones desde 1991. Finalmente, las cumbres XXIV y XXV, en Veracruz (2014) y Cartagena (2016) fueron un fracaso, y el pronóstico de Fidel quedó confirmado.

Por su lado, las CA empezaron en Miami (1994), y siguieron en Santiago de Chile (1998) con la presencia del presidente Bill Clinton. En la segunda (Québec, 2001) y cuarta (Mar del Plata, 2005) asistió George W. Bush, y en la quinta de Trinidad y Tobago (2009), sexta de Cartagena (2012) y séptima de Panamá (2015) estuvo Barack Obama.

Pero en la CA extraordinaria de Monterrey (2004) el clima ya era otro. Así, luego de que el subsecretario de Bush para Asuntos Interamericanos, Roger Noriega, dijo haber notado que la política argentina había dado un giro a la izquierda, Néstor Kirchner respondió: Terminemos de ser una alfombra, podemos aceptar y concretar reuniones, pero a nosotros no nos cita nadie y para retarnos menos, porque somos un país independiente y con dignidad.

Un año después, en la cuarta CA de Mar del Plata, frente a las narices de W. Bush, los gobernantes de Argentina, Brasil, Uruguay y Venezuela cuestionaron radicalmente la pretensión de crear una Alianza para el Libre Comercio de las Américas (ALCA), que desde 1994 era el propósito de estos encuentros.

En la quinta CA de Puerto España (2009), el presidente Lula da Silva declaró tener confianza en que Obama aliviaría el bloqueo de Estados Unidos sobre Cuba. Y en la inauguración, Chávez le regaló a Obama Las venas abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano, diciéndole en inglés: quiero ser tu amigo.

En la sexta CA de Cartagena (2012) los presidentes de Ecuador y Nicaragua, Rafael Correa y Daniel Ortega, respectivamente, no asistieron por la exclusión de Cuba. Y en la séptima de Panamá (2015), tras más de 50 años, se produjo el primer encuentro entre un presidente de Estados Unidos y el de Cuba, Raúl Castro.

Sería tedioso detenernos en todo lo que se ha dicho en las cumbres. El articulista cree que ningún lector merecería semejante castigo, ya que, parafraseando al Benemérito, cuidar del equilibrio síquico de los otros es un deber.

La Jornada 
Categories: Latinoamérica, Opinión