Antonio Ariño: “La cultura puede ser algo terrible”

El catedrático de Sociología Antonio Ariño

El catedrático de Sociología de la Universitat de València ha elaborado –junto con el profesor Ramón Llopis– tres informes en los últimos dos años en los que analiza el consumo cultural a partir de diferentes indicadores.


Por Toni Martínez 

Es un apasionado de las gráficas, los estudios, la sociología. Y de la cultura, las nuevas tecnologías y todo lo que supone Internet. Todas estas cuestiones aparecen en las investigaciones y en el discurso del catedrático de Sociología de la Universitat de València Antonio Ariño (Allepuz, Teruel, 1953), junto a referencias de El libro de arena de Jorge Luis Borges o los Diálogos de Platón. Mano a mano con el profesor Ramón Llopis, Ariño ha elaborado tres informes en los últimos dos años en los que analiza el consumo cultural a partir de diferentes indicadores.

En su último estudio, Culturas en tránsito, queda claro que Internet lo ha cambiado todo, también en el ámbito cultural. ¿En qué sentido?

Internet primero penetra en los espacios profesionales, después va mucho más allá y se traslada a los hogares. Y ahora, desde la aparición de los smartphones, lo que vemos es cómo la gente se está conectando en la calle, en el autobús… podemos hablar de la ubicuidad de la conexión y eso hace que cambie todo porque puedes acceder a los contenidos en cualquier momento. Además estamos entrando en la etapa multipantalla. El consumo cultural en Internet tiene tres características: portabilidad, ubicuidad y multipantalla. Además, hay una cuarta característica que es la personalización e individualización: el teléfono móvil es un teléfono personal, mientras el fijo era familiar. El caso más evidente es que cuando alguien llamaba a casa preguntaba “¿está fulanito?”, y ahora la pregunta es “¿dónde estás?”, algo que tiene un significado muy importante. Por eso hablamos de culturas en tránsito, no estás en un espacio físico, estás nómada.

Y además en tiempo real…

Sí, ese es otro dato muy interesante: el streaming. Antes lo importante es que llevases objetos físicos (libro, libreta) contigo, ahora llevas una tablet o un móvil que te posibilita tener lo que nunca has podido tener. Además, lo importante no es lo que te has descargado con anterioridad sino lo que te descargas en el momento, y es en ese sentido en el que podemos hablar de la era trans, porque también estamos hablando de transformar las identidades sexuales.

Y en estas culturas en tránsito, ¿en qué lugar quedan las políticas culturales?

Podíamos hablar de una cultura fosilizada en cierto sentido. Yo siempre he dicho que las políticas culturales que están basadas en enormes equipamientos físicos son como grandes paquidermos frente a los pequeños aparatitos que te conectan con todo. En esos grandes paquidermos tú consumes una cosa, a la que te has de desplazar, que además puede ser económicamente cara, poco versátil, en la que hay muchas veces aspectos posicionales ya que solo vas a encontrar a gente de tu nivel social. La otra cultura, la de Internet, es socialmente menos uniforme, menos posicional, menos marcada por el estatus, por la forma de vestir, es flexible, abierta… y eso hace que las políticas culturales tengan que cambiar.

¿Cómo han sido las políticas culturales antes de Internet?

Hubo una primera era después de la Segunda Guerra Mundial que podíamos llamar como de democratización cultural, se busca que la cultura llegue a la sociedad a través de diferentes medios, de la escuela, de la familia… Esto hace que haya una jerarquía tremenda entre las clases más altas, las clases medias ilustradas y las clases populares.

A estas últimas incluso se les niega, se habla de incultos…

Sí, se utiliza ese concepto que encierra violencia simbólica. La palabra cultura es una palabra que en sí misma no es ni buena ni mala, pero da la casualidad de que vivimos en una sociedad en la que parece que la cultura debe ser algo bueno. La cultura puede ser algo terrible, sirve para dominar, para señalar, estigmatizar, expulsar y excluir. Es más, posiblemente la aristocracia cultural es la peor de todas porque la aristocracia con una espada te la cargas, la tierra del terrateniente se puede repartir mediante una revolución, pero el bagaje cultural de una persona de clase alta que se siente un intelectual, un ilustrado, esto no hay manera de repartirlo. Esas políticas culturales de democratización nunca tuvieron los medios para que funcionaran, ni siquiera en Francia, donde la ópera era minoritaria en el siglo XVIII y es minoritaria hoy. ¿Por qué? Porque la ópera por su contenido, por su posición social, etc… hace que sea un fenómeno minoritario.

Y una vez pasada esa primera fase…

Llegó la época de políticas de democracia cultural, en las que se decía que todo el mundo tenía su cultura y todas valían por igual. Esto es una falacia, nunca valen todas igual. En la sociedad, la violencia social se ejerce de muchas maneras y una de ellas era a través de la cultura. La cultura adquiere el marchamo de la identidad: es positivo todo lo que exprese nuestra identidad colectiva de grupo, es decir, somos valencianos pues todo lo valenciano es revalorizado. ¡Pero es que somos una sociedad plural!

¿Es una situación que se da especialmente en España?

No solo, esto han sido olas que han sucedido en todo el mundo, por ejemplo en los procesos de descolonización y en la propia UNESCO con su giro hacia la diversidad. ¿La diversidad es buena? Pues depende. Si la diversidad consiste en que somos una tribu que temprana las cabezas de los demás para sorberle los sesos, esta es una práctica cultural muy interesante para un antropólogo pero parece que socialmente no deberíamos preservarla, como la de arrancar el cabello, como la ablación o incluso las corridas de toros, porque las prácticas culturales no por el hecho de ser diversas son buenas. Se confunden el respeto al otro con el respeto a lo que el otro hace. Si yo tengo una conducta machista, autoritaria y patriarcal, no merezco respeto. Aquí surge la segunda exclusión, la primera era la de los “incultos” y la segunda la de los otros, los que no son los nuestros.

¿Y todo esto cambia con la llegada de Internet?

Sí, y provoca una gran revolución ya que tú tienes el medio para acceder al contenido, tienes el medio para acceder a todo y en ese sentido es universal. El mundo de la música es un buen ejemplo de esto, cómo se pasa de un mundo cerrado en los teatros, en los palacios de la música o en las cortes principescas incluso, a ser progresivamente un mundo abierto. Pero entonces llega la intelectualidad y dice “esto no es la música en directo” y luego llegará la segunda intelectualidad y dirá “es que el disco de vinilo es más…”. Es decir, siempre hay un prurito de estetización para marcar la diferencia, para marcar la desigualdad.

¿Internet ha roto con la élite cultural de la que hablábamos antes?

Sí, y esto le resulta tremendamente irritante, por eso denostan la red, las aplicaciones…

A no ser que los contenidos de pago conformen una nueva élite cultural.

Y vamos hacia eso, a una multiplicidad de élites: élites comerciales, de especulación financiera, de creadores… Hay celebrities del mundo de la canción como las hay en el mundo de la odontología. Internet está en esta fase de jerarquización y hay un movimiento en el interior que quieren un Internet abierto, neutral, que están a favor de la propiedad pública. Pero el estilismo de Internet no es distinto al que hubo cuando apareció la cultura escrita, que luego se vio que democratizó la cultura y se convirtió en un espacio de libertad para que pudieran publicar aquellos que eran tachados de libertinos.

En los estudios hablan de participación cultural, ¿en qué consiste?

Durante mucho tiempo los estudios se basaron en la idea de los agentes sociales como consumidores, por lo tanto como actores pasivos que no añaden valor al producto que consumen. La investigación de la corriente de las audiencias activas nos mostró que nadie se traga lo que ve en la tele sin más, sino que al día siguiente lo comenta. En ese marco, nosotros preferimos decir que toda audiencia siempre tiene un componente de actividad y por tanto siempre hay participación cultural. Ahora bien, hay tipos de participación, hay una que está más orientada al entretenimiento y otra más hacia la crítica social, pero no es un binomio, es un continuo. Es difícil que tú mantengas la atracción en un programa o en una página de Internet si no te seduce o atrae, es decir, te tiene que entretener. Tú te puedes quedar en esa etapa del disfrute o puede ser que te convulsione y que ponga en tela de juicio tus prejuicios, te abra nuevos mundos, etc…

¿Qué datos más significativos han encontrado?

En la forma que hemos planteado la investigación, hay dos problemáticas que nos preocupan, que es la de la diversidad y la de la desigualdad, y queremos que no se confundan. Desigualdad nos habla de la variación, a cada uno le gusta un color, tenemos distintas preferencias, ahora bien, ¿una es superior a la otra? Pues depende de las relaciones sociales. Tú estás en una posición hegemónica en la sociedad, tienes un control de determinados recursos y vas a decir que el azul es más importante que el rosa e incluso que el rosa es un color femenino, etc… Un dato sólido de todas las investigaciones es que la mejor política cultural es una buena política educativa. Si la escuela no funciona, si no te enseña a valorar cosas que no valorarás en casa, ¿dónde lo vas a aprender? Así que la mejor política cultural sería una política educativa de la primera infancia. Si no existe, las desigualdades están aseguradas, de hecho las legitimamos, porque asociamos el éxito escolar al mérito individual y no a toda la serie de factores de alrededor que hace que unas personas tengan éxito educativo y otras no.

¿Hay una diferenciación en las prácticas culturales según el género?

En nuestros análisis podemos hacer cortes por niveles de edad, educativos, género, etc. Por ejemplo si lo que analizamos es la música, veremos que la mayor distancia entre géneros lo produce la edad. Si analizamos las lecturas encontraremos que la mayor distancia la produce el sexo/género. Si nos vamos hacia el polo de la izquierda encontrarás mujeres y en la parte de arriba todo un abanico de lecturas asociado a ellas como el diseño, la moda, todo lo que tenga que ver con, digamos, el alto cuidado del hogar y abajo las revistas del corazón. Esto nos indica que dentro de las mujeres hay clases sociales. En el otro polo, tenemos hombres menos diferenciados y encontraremos arquitectura, deportes, revistas de tecnología…

¿Y en los hombres, la distancia es menor?

La diferencia de clase es más visible en las mujeres que en los hombres.

La marea
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