Personas trans confiesan lo que les hubiera gustado saber de jóvenes

Personas trans confiesan lo que les hubiera gustado saber de jóvenes

“Ojalá hubiera sabido que no tenía por qué hablar de mis genitales con desconocidos en fiestas”.


Este artículo fue publicado originalmente en VICE Dinamarca.

Ser adolescente es una mierda, siempre lo ha sido y lo seguirá siendo. Es esa etapa de tu vida en la que intentas saber quién eres y estás controlado totalmente por tus hormonas y por tus padres. Pero esos problemas típicos de la adolescencia se vuelven insoportables cuando sientes que el cuerpo en el que estás creciendo no es el tuyo realmente.

Crecer siendo transgénero conlleva toda una serie de retos. No obstante, las actitudes hacia los trans van cambiando, poco a poco. La conciencia general sobre los enigmas que envuelven a este grupo social está aumentando y, con el paso de los años, es mayor el número de países que ofrecen facilidades para que estas personas tengan acceso a la atención sanitaria y puedan cambiar su género legal. Así que, aunque ser adolescente trans sigue siendo difícil y el estigma continúa, la experiencia es probablemente muy distinta a como era décadas atrás. Para saber cómo se sentían al respecto generaciones más mayores, pregunté a seis mujeres danesas y británicas trans, todas ellas de entre cuarenta y sesenta años. Me confesaron lo que les hubiera gustado saber de más jóvenes.

Juno Roche, 53, Reino Unido

Foto cortesía de Juno

“De joven, siempre sentía como que no era lo suficientemente atractiva, femenina, masculina, alta ni baja. Era demasiado torpe, demasiado delicada. El mundo me hizo saber, directa e indirectamente, que nunca encajaría en él, que me pasaría la vida buscando mi sitio. Pero no necesitaba ser distinta, ya estaba bien así. Ojalá de más joven hubiera sido consciente de ello.

Así que sí, me habría gustado saber eso. Ojalá hubiera tenido el coraje de vivir como yo era en vez de sentir la necesidad de estar ‘acabada’. Solía pensar que para poder empezar mi verdadera vida tenía que acabar la transición. Por esa razón, me perdí muchas cosas, y ahora veo que siempre estoy como intentando recuperar el tiempo perdido y ponerme al día. Me hubiera sido muy útil saber desde el principio que todos en esta vida somos proyectos en constante progreso”.

Maria Lakomska, 40, Dinamarca

Foto cortesía de Maria

“La primera cosa que le diría a mi yo adolescente es que ignore todo el ruido. Todo el mundo parece tener una opinión sobre los derechos de los transgénero, y a la gente no le da miedo decir lo que piensa, ya sea chillándote o agrediéndote mientras caminas por la calle. Por muy duro que pueda ser todo eso, es importante ignorarlo. Lo único que importa es lo que tú pienses y cómo te sientas.

Salir del armario es un momento de vulnerabilidad para los trans pero, aunque puede ser duro, merece la pena, es el camino correcto. Ojalá por aquel entonces hubiera comprendido que no tenía que estar agradecida porque se me tratara con el mismo respeto que a los demás, y que no tenía por qué hablar de mis genitales con desconocidos en fiestas”.

Kate O’Donnel, 52, Reino Unido

Foto cortesía de Kate

“Yo soy actriz trans, activista y directora artística de mi propia compañía de teatro trans. Me gano la vida como queer a tiempo completo, pero de más joven, en los 70, nadie de mi entorno sabía lo que era una persona transgénero, y menos mi familia. Da igual si eras queer o trans, en aquel entonces todo lo que fuera distinto a heterosexual se consideraba subversivo. Me acuerdo que de adolescente nos poníamos detrás de las cortinas para ver a ‘la lesbiana’ de enfrente de casa cuando venía de la compra. La mirábamos como si fuera de otro planeta.

De pequeña, no había nada positivo en ser queer, era peligroso. Ojalá hubiera sabido que ser queer era realmente algo maravilloso, que relajaba, con lo que podías disfrutar, en lo que podías mejorar, de lo que podías aprender y que podías llegar a adorar. Ojalá alguien me hubiera susurrado al oído, ‘queer, preciosa, aguanta y espera, que todo irá bien'”.

Brennan Young, 46, Dinamarca

Foto cortesía de Brennan

“A mí me habría gustado saber que no tenía que tener un aspecto ‘convincente’ como trans. Yo quería ser mujer, pero no podía, soy demasiado alta, tengo la espalda muy ancha y otras partes del cuerpo no tienen la forma o el tamaño correcto. Pero ahora me siento satisfecha con mi cuerpo.

En aquel entonces tenías, básicamente, dos opciones: ser travesti o transexual. Hoy en día hay todo un abanico de orientaciones sexuales. No estoy del todo segura de si eso es bueno o malo, pues siempre corres el riesgo de no distinguir una variedad de otra, y es que el género es una de nuestras muchas marcas identificativas. Pero por lo menos ahora es más fácil sentirte identificada con alguna de esas opciones. Yo me considero no binaria, término desconocido en aquella época. Eso era un obstáculo para mí porque me impedía progresar. Estaba convencida de que estaba enferma, de que tenía algo raro, incluso quería suicidarme porque no soportaba tener que vivir con este trastorno el resto de mi vida.

Eso cambió cuando descubrí el feminismo y me di cuenta de que había otros aspectos sobre el género que no tenían nada que ver con ser transgénero. Entonces también fui consciente de que no era mi culpa que no encajara en ningún grupo. Así que a mi yo más joven le diría que lo primero que tendría que hacer sería aprender más sobre el feminismo. Yo cuando descubrí que no estaba enferma y de que el problema no era mío, me quité un gran peso de encima”.

Rikki Arundel, 67, Reino Unido

Foto cortesía de Rikki

“Yo empecé a no sentirme a gusto con mi género cuando tenía unos 7 años. Me llevaron a un psiquiatra infantil, que no me diagnosticó un problema de género pero sí una dificultad para relacionarme con los niños de mi edad. Ahora estoy agradecida por ello, pues mis padres no me hubieran apoyado y, además, en los años 50 uno de los tratamientos para el trastorno de identidad de género era la terapia electroconvulsiva.

Si en los años 50 y 60 hubiese sabido todo lo que sé ahora, seguramente hubiera decidido empezar la transición antes, pero no sé si eso hubiese sido lo más acertado. Cuando veo a los jóvenes trans de hoy en día, me da envidia ver que ellos tienen ayuda y gente que les apoya, y que pueden evitar pasar la pubertad con el género equivocado. Ellos tienen la opción de llevar a cabo la transición de modo que puedan integrarse fácilmente con el grupo de su mismo género. Pero realizar mi transformación más tarde me ayudó a estar más preparada para enfrentarme a todos los retos que eso suponía, de manera que he podido disfrutar del viaje de transformación a mujer. Pero también disfruté de mi vida previa como hombre, aunque constantemente sentía que estaba en el cuerpo equivocado”.

Henriette Kristensen, 52, Dinamarca

Foto cortesía de Henriette

“A mi yo joven le diría que se enfrente a todos los retos rompiéndolos en pedacitos pequeños que fuera capaz de manejar. Es más fácil dar pasos cortos, pues te harán sentir que avanzas y no te agobiarás demasiado cuando pase algo malo.

Me aconsejaría a mí misma encontrar un amigo que entienda realmente mi situación y luego, poco a poco, ir moviéndome en mi círculo social. También me diría que tengo que tener paciencia con la gente, sobre todo con la familia y los amigos. He aprendido a que no puedes esperar que los demás lo comprendan inmediatamente, lo más seguro es que estén conmocionados porque tu transformación les parezca muy rápida.

A mi yo joven le diría que se relaje, que tendrá mucho tiempo para vivir su verdad. Las hormonas no cambian tu cuerpo de la noche a la mañana y necesitas tiempo para descubrirte a ti misma. Además, cambiarte el nombre y el número de la seguridad social no es tan fácil. También es muy complicado coger el teléfono y decir tu nombre nuevo.

Ojalá hubiese salido del armario antes. Es algo que hay que hacer, pero me hubiera gustado haber tenido la opción de transformarme de forma cómoda y positiva en vez de estar ahí al límite y de verme obligada a tomar una decisión”.

Vice España

Categories: LGBTI, Ventana al mundo