Caravana de madres centroamericanas: se reencuentra con su hijo tras diez años de ausencia

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Por Israel Hernández

Guadalajara, Jalisco.- El último gran viaje de Carlos Roberto Mejía López lo hizo en 2007, cuando a los 17 años salió del poblado de Río Chiquito, en el departamento hondureño de Cortés, con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

La madrugada del lunes 11 de diciembre, el muchacho ha emprendido una nueva aventura. A diferencia de hace 10 años, en esta ocasión sabe perfectamente el destino final de su viaje: por la mañana llegará a Guadalajara para reencontrarse con Doris López, su madre.

Ahora ya no tendrá que subirse a un tren de carga, sino a un autobús en el que desde Monterrey recorrerá 780 kilómetros para contemplar los ojos café claro de su madre, a quien dejó porque estaba harto de la miseria que rodeaba a su pueblo.

El sueño de un joven

 En Río Chiquito el trabajo era escaso. Situado en la region noroeste de Honduras, muy cerca de la frontera con Guatemala, no había muchas opciones y para obtener dinero para medianamente subsistir había que dedicarse a la cosecha de plátano, maíz y frijol, o a la incipiente ganadería.

Nada de ello convenció a Carlos Roberto Mejía. Criado entre 5 hermanos, prefirió sumarse a la oleada emigrante de su region y caminar hacia el norte. A su paso por Guatemala todo transcurrió sin problemas para él.

Una vez se internó en México, el joven se subió a La Bestia. Desde la frontera sur Mexicana, Mejía López atravesó el país a bordo del tren, pasando por Veracruz, Puebla, Estado de México, Querétaro, San Luis Potosí y Nuevo León.

En Monterrey el tren hizo una parada que se extendió varios días y Carlos Roberto determió quedarse a buscar un empleo temporal en tanto esperaba que La Bestia lo llevara a la frontera norte.

Desde la Sultana del Norte llamó a doña Doris para informarle que había llegado con bien y no debía preocuparse. La comunicación fluyó un par de días hasta que al joven- aún menor de edad- lo asaltaron. Además de llevarse el número de su madre, los ladrones se llevaron toda posibilidad de comunicación entre ambos. Desde ese día, su familia no supo más de Carlos Roberto “¿Pudo cruzar a Estados Unidos? ¿Se quedó a vivir en México? ¿Y si le pasó algo?”, se preguntaba su familia en Honduras.

Un hondureño con acento regio

Doris es de pocas palabras. Cuando se intenta platicar con ella, los detalles de la historia de su hijo Carlos Roberto los suelta a cuentagotas. Es la primera vez que viaja con la Caravana de Madres Centroamericanas y está a punto de contemplar, como lo hacía en Río Chiquito, al mayor de sus hijos varones.

“Desde que Rubén Figueroa (integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano) me llevó la noticia de que mi hijo quería verme me puse muy contenta. Extrañaba verlo y ahora solo quiero abrazarlo”, dice López de 47 años.

Es un día especial para ella, por eso ha decidido ponerse un vestido floreado, su favorito. La preocupación que tuvo durante 10 años está por terminarse. Los días de llanto y tristeza en su humilde casa del departamento de Cortés se acabaron y las lágrimas que derramará en el patio del albergue FM4 serán de alegría.

No solo verá a su querido hijo, sino que lo escuchará con un acento diferente. Los 10 años que Carlos Roberto ha pasado en el municipio de García, al norte de la zona metropolitana de Monterrey, no han sido en vano y en su hablar no hay un solo matiz de la entonación centroamericana.

Cerca de las 10 de la mañana, Carlos Roberto arriba al albergue en compañía de Rubén Figueroa, integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano, y cuenta en un par de minutos que actualmente se dedica al sector de la construcción, tiene 4 hijos y no piensa dejar el norte del país.

En su caminar hacia el patio, Carlos Roberto observa al resto de madres y cuanto identifica a la suya acelera el paso. Antes de llegar hasta la silla de plástico en la que espera Doris, el hombre de 27 años se inclina y no puede contener las lágrimas.

Los 10 años y los 2 mil 300 kilómetros de distancia han quedado reducidos a un amoroso abrazo, quizá el más fuerte que ambos se han dado en su vida.

El tercer gran viaje de Carlos Roberto Mejía se dio por la tarde del 11 de diciembre. Ahora regresará a Monterrey, pero con la enorme diferencia que Doris, su madre, lo acompañará en el camino.

Movimiento Migrante Mesoamericano 

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