Las nuevas batallas del Pepe Mujica

A punto de cumplir 83 años el ex Jefe de Estado uruguayo recobró protagonismo político en los últimos meses. El líder del MPP (Movimiento de Participación Popular) oficia de auxilio o mediación para las fuerzas populares de la región: en Honduras denunciando fraude electoral o en Chile apañando al derrotado candidato progresista Alejandro Guillier. Pero, principalmente, el “Pepe” sigue siendo la carta electoral más importante del ala latinoamericanista del Frente Amplio en un contexto adverso tanto para el oficialismo uruguayo, hoy detrás del Partido Nacional en los sondeos, como para el perfil regional del Frente, hoy hegemonizado por la línea aperturista de Tabaré Vázquez


La reconocida murga Agarrate Catalina ironiza en una de sus últimas canciones sobre la forma coloquial con la que suele expresarse el ex primer mandatario José “Pepe” Mujica. La formación alude a su estilo de hablar campechano y entreverado, y a su look descuidado. “Le salen pelos hasta de las orejas”, corean al ritmo del tamboril. El ex cuadro de la guerrilla Tupamaros, es cierto, parece magullar las palabras, su voz sale como apisonada de su boca porque siempre parece estar chasqueando los dientes, costumbre rea que suena a eco de sus años en prisión o a su vida desharrapada de chacarero; en fin, que nunca necesito estar muy en pose el “Pepe”.

Sin embargo, aunque no luzca una expresión engolada, su última declaración política, de picante y directa que fue, no necesito traducciones ni subtítulos: “No se ganan campañas hablando de grado inversor y equilibrio fiscal”. Al presidente Tabaré Vázquez y a su delfín político, el ministro de Economía Danilo Astori, siempre partidarios de una postura aperturista en la economía y de mesura en el gasto público, todavía le zumban los oídos desde que Mujica lanzó, en corcordancia con los fuegos artificiales de las fiestas de fin de año, una bomba de ruido que aquietó las aguas generalmente calmas de la política al otro lado del Río de la Plata.

Días después Mujica no se hizo el otario cuando varios cronistas lo consultaron sobre el operativo clamor “Pepe” 2019 lanzado por su corriente política dentro del Frente Amplio, el Movimiento de Participación Popular (MPP, o Mpepe, como dicen los más mujiquistas): “Sé que soy candidato para muchos (…), eso me lo dicen todos los días. Si Sanguinetti (de 81 años, ex presidente por el Partido Colorado) se larga, como andan diciendo, capaz que me da coraje”. En paralelo, su esposa, la actual vicepresidenta Lucía Topolansky -quién asumió en el cargo tras la renuncia de Raúl Sendic, cercano a Mujica, por ser sospechado de un acto de corrupción- contradijo bromeando a su compañero: “Soy de los que dicen que él no tiene que ser candidato a presidente. No le doy permiso”.

Mujica, Topolansky o la conducción del MPP podrán tener dudas sobre la entereza del reloj biológico del “Pepe” a los 82 años; sin embargo, el problema mayor, y de ahí la precipitación del debate sobre sí habrá segunda temporada de Mujica en el Edificio Independencia, es la entereza del reloj político del Frente Amplio. Siguiendo la figura, las manecillas de la entente progresista oriental no parecen muy lubricadas. Si la población uruguaya fuese a votar hoy, según marcan todos los sondeos de opinión, el Partido Nacional (o Blanco) y su actual referente más popular, Luis Lacalle Pou, hijo del ex primer mandatario Luis Alberto Lacalle, ganarían las elecciones.

Por el momento, los posibles candidatos presidenciales del Frente Amplio son su actual Intendente por Montevideo, el socialista moderado Daniel Martínez, el ya mencionado Danilo Astori y, en ese álbum, faltaría completar la figurita que provee, acorde a las cuotas de equilibrio del Frente, su ala más radical, estatista y, en términos geopolíticos, más apegada a lo que fue el Mercosur proteccionista en tiempos de Lula y Kirchner. En ese sentido, en un país de fecundidad y edad promedio más teutona que rioplatense, y donde la renovación de la cúpula del Frente es más lenta que el viaje económico del Buquebus, reaparece, emerge, y vuelve a sonar -en una playlist con Agarrate Catalina de protagonista- la música del Pepe Mujica.

Tambo o quirófano

Tabaré Vázquez evaluó ir a la guerra contra la Argentina. En plena ebullición del diferendo diplomático con nuestro país por el impacto ambiental generado por la papelera finlandensa Botnia, Vázquez reunió a los altos mandos de sus Fuerzas Armadas para estudiar la conveniencia de iniciar una escalada bélica con sus vecinos e, incluso, especuló con pedir auxilio militar a Estados Unidos cuando era gobernada por el halcón George Bush. “Yo me reuní con los tres comandantes en jefe y les planteé el escenario, y me dijeron: «bueno… podemos hacer una lucha de guerrilla»”, contó Tabaré a modo de anécdota en una sencilla reunión con la comunidad escolar de un pequeño poblado. Esa declaración fue tomada por un cronista no avistado por la comitiva presidencial y, a los pocos minutos, las palabras de Vázquez se viralizaron por todo el Mercosur.

El actual presidente uruguayo y su entonces par argentino Néstor Kirchner tenían estilos pero, sobre todo, agendas de inserción regional disímiles. Más allá de esa bravuconada de Vázquez, que por cierto pidió disculpas con la celeridad de un rayo, a Tabaré le incomodaba el proyecto mercosureano proteccionista que promulgaban Lula y Kirchner. El oncólogo más famoso de Montevideo aducía, con algo de razón cierto, las enormes asimetrías comerciales existentes entre su país, Paraguay versus los pesos pesados del bloque, el tándem Argentina y Brasil. Pero, a su vez, la tesis de desarrollo sostenida por Tabaré y Astori, en el 2005 y en el 2018 también, es que un país pequeño como Uruguay sólo puede crecer agigantando sus rutas económicas, que a nivel indoor no tienen por obvias razones, mediante la firma compulsiva de Tratados de Libre Comercio. Fue tal la tirria que Tabaré y Néstor se tenían que Kirchner vio demorado su ascenso como Secretario General de la Unasur porque el primero vetó su candidatura varias veces en una compulsa que solo puede resolverse por consenso total.

Mujica, más allá de sus intermitentes declaraciones incendiarias contra el kirchnerismo o el peronismo, sostiene que la política comercial de Uruguay, cuyos vectores principales son las commodities como la celulosa o la liberización financiera, debe tener grados de protección aduanera tanto doméstica como zonal. Por eso, la bancada parlamentaria del MPP, y de otros bloques afines como el del Partido Comunista o Casa Grande, liderado por la ex precandidata presidencial Constanza Moreira, exigieron días atrás que las instancias partidarias del Frente -en Uruguay los partidos políticos tienen un marcado y respetuoso ritmo institucional- y las comisiones legislativas del Congreso rediscutan el acuerdo de libre comercio que Uruguay y Chile desean suscribir.

Recapitulando, Mujica, con 82 abriles, sigue marcando el pulso de la política uruguaya. Para él, las “campañas no se ganan hablando de equilibrio fiscal”. Un ministro que participó tanto del gobierno de Mujica como el de Tabaré comparó el estilo de las dos gestiones, escudadas en narrativas opuestas, desbocada una, fría la actual, con una frase elocuente: “Parece que hubiéramos pasado de un tambo a un quirófano”.

El analista uruguayo Gerardo Caetano apuntó en un recomendable artículo titulado “¿Milagro en Uruguay? Apuntes sobre los gobiernos del Frente Amplio”, que fue publicado recientemente en la revista latinoamericanista Nueva Sociedad, lo siguiente sobre el modo Mujica: “A él no le gusta mandar y menos gestionar. Su presidencia fue desprolija y no se ajustó casi nunca a un plan. Le costó mucho decidir sobre temas cruciales y a menudo impulsó una visión de la política que él mismo ha llamado del ensayo y del error. Sin embargo, es muy pragmático, sabe negociar y tiene marcha atrás, como él mismo ha reiterado tantas veces. Desde una sintonía inigualable con los sectores populares y desde sus perfiles caudillescos, ha podido apoyar y aun encabezar propuestas que inicialmente no solo no compartía, sino que ni siquiera estaban en su libreto básico. Un ejemplo de ello es toda la agenda de nuevos derechos (regulación de la marihuana, despenalización del aborto, matrimonio igualitario), cuyo liderazgo intelectual e ideológico se le atribuye, con error, desde fuera de fronteras”.

Ahí anda Mujica, espoleado entre el deseo de la feligresía del MPP y un corazón que le tira seguir plantando higueras y acelgas en su chacra por sobre retornar a la rosca palaciega. Sin embargo, la marcha del “Pepe” no se detiene. En noviembre fue la estrella política de la iniciativa regional Encuentro Continental por la Democracia y contra el Neoliberalismo, un neo Foro de Porto Alegre, que congregó en Montevideo a decenas de colectivos sociales y dirigentes populares de renombre. Luego, el ex Jefe de Estado uruguayo se hizo presente en Chile para apoyar al candidato progresista Alejandro Guillier, que finalmente fue derrotado por el magnate Sebastián Piñera. Además, Mujica subió los alicaídos decíbeles, por la poca solidaridad regional recibida, del fraude electoral perpetrado a fin de año en Honduras contra el candidato popular Salvador Nasralla y se ofreció como mediador para buscar una salida política en un país cuyo deporte nacional pasa por el asesinato de periodistas y dirigentes opositores.

Además, Mujica continúa jugando el rol que más le gusta jugar: el de veterano de mil batallas que regala sabiduría popular. En una reciente entrevista cargó contra sus rivales de turno, el consumismo y la falta de perspectiva regional: “La felicidad no está en las cosas, si no en los cosos, y eso lleva tiempo. Llenas a tus hijos de cosas y le faltas vos, el padre o la madre, que sos lo más importante. Ahora, el primer papel de la integración es tratar de juntar a la inteligencia. Una vez, como presidente, me visitó un funcionario de una provincia china que tiene 80 millones de habitantes y 70 universidades, cómo vamos a competir contra ellos, no somos iguales, iguales las pelotas! Por eso, necesitamos un mercado común del conocimiento. Ante el resto del mundo podemos cerrarnos un poco, pero hay que abrirnos entre nosotros. Incluso, Brasil tampoco puede cerrarse del todo. Brasil inauguró su primera universidad en 1922, mirá sí será un país aristocrático”. Ahí anda el Pepe, no sabe aún si en el futuro va a plantar higueras o votos, o las dos cosas, quién sabe.

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