Petronila Pérez: “Ser comadrona es un don”

Petronila Pérez: “Ser comadrona es un don”

 

Por Roberto Villalobos Viato

Petronila Pérez ha sido partera por casi 30 años, en los cuales ha atendido alrededor de 350 nacimientos. Su trabajo es considerado sagrado dentro de las comunidades indígenas del país.

Doña Petronila Pérez perdió a siete hijos durante sus embarazos. No sabía qué pasaba. Había mucha tristeza en la familia.

“De niña también me enfermaba mucho y estuve a punto de morir”, cuenta. “Recuerdo que mi madre me llevaba con un guía espiritual maya, quien dijo que yo había nacido en un día con mucha energía y que mi misión en la vida era ser comadrona”, agrega.

Pérez cree que no podía procrear porque no estaba ejerciendo la tarea que se le había encomendado —el ser partera—. “Hasta que empecé a atender los nacimientos en mi comunidad, las cosas cambiaron; desaparecieron mis problemas y fracasos”, explica.

De esa cuenta, desde entonces —asegura—, por fin pudo tener a sus hijos —hoy tiene nueve; el mayor tiene 29 años—.

Según la cosmogonía maya, ser comadrona es una tarea sagrada, por lo que requiere de un compromiso serio. Así lo demuestran las más de 29 mil que hay en Guatemala —según subregistros—. “Es una responsabilidad de 24 horas al día y no nos podemos echar para atrás”.

Pérez, además, es nabe’ chuchuxel, es decir, una autoridad en su pueblo —Xabaj II, San Andrés Sajcabajá, Quiché— y colaboradora de la Asociación Ixmucané, la cual, desde el 2000, trabaja por el desarrollo integral de mujeres de siete municipios quichelenses.

Para esta entrevista se contó con el apoyo de las intérpretes Lucero Baten y Fermina Castro López, pues doña Petronila Pérez habla k’iche’.

¿Ser partera es un don?

Sí, este es un llamado que a una se le manifiesta a través de enfermedades o fracasos. Para descifrar la razón precisa de lo que pasa, se busca la ayuda de un guía espiritual. En mi caso, me indicó que mi destino era ser comadrona, y que mientras no tomara la decisión de afrontarlo, seguiría con los problemas.

¿Usted lo aceptó de inmediato?

La decisión es difícil porque esto es de tiempo completo. Además, para atender a las embarazadas en las áreas rurales, se deben caminar largas distancias bajo el sol, la lluvia o de madrugada; en ocasiones hay qué comer pero otras no. La cuestión es que una siempre debe acudir al llamado y no nos podemos echar para atrás. Es un compromiso serio.

¿Cómo aprendió el oficio?

Nadie me enseñó. La forma en que se deben atender los partos se me reveló mediante sueños.

¿Cuántos partos ha atendido?

Según constan los registros del centro de salud, alrededor de 30, pero antes no llevaban control. Desde que empecé, hace casi tres décadas, calculo que he atendido de 300 a 350 nacimientos.

¿Por qué muchas prefieren ser atendidas por una partera y no en un centro de salud?

Porque nosotras, desde que nos enteramos de su embarazo, las evaluamos en sus casas cada 15 días. En cambio, es frecuente que los centros de salud estén muy alejados, lo cual es un problema para su movilización. Así que puede decirse que las comadronas generamos confianza; además, no ponemos ningún “pero” para acudir a sus llamados.

¿Cree que también evitan la atención de un médico?

Sí, tiene que ver. Recuerdo algunos casos en que los maridos abandonaron a sus parejas luego del parto porque dijeron que habían sido observadas y tocadas por un hombre.

¿Ustedes reciben capacitaciones por parte de las autoridades de Salud Pública?

Las recibimos cada dos meses en los centros de salud, pero no nos brindan gastos para transporte ni alimentación; ni un vaso de agua nos dan.

¿Y material médico?

Tampoco. Nos dicen que para atender un parto de forma adecuada es obligatorio que compremos guantes, jabón, toallas o gasas, por ejemplo. Estoy de acuerdo con la higiene y con ejecutar bien los procesos, pero deberían apoyar con eso porque es su responsabilidad.

Entonces, ¿no se sienten valoradas?

No de parte del Gobierno, porque no responden a nuestras solicitudes. Además, el material médico que llega a las comunidades desaparece por la corrupción.

Ustedes, ¿qué tipo de cuidados brindan?

Como mencioné antes, las visitamos cada dos semanas para darles masajes cuando se requiere y para evaluar el crecimiento adecuado del bebé. A la hora del parto, se le dan dos tazas de medicina natural —albahaca y laurel— o un caldo de gallina criolla, porque calienta el cuerpo, relaja los músculos y a la vez da fuerza.

Antes brindaban bebidas alcohólicas para tales efectos. ¿Eso aún se acostumbra?

Ya no. Ahora solo se dan bebidas a base de plantas medicinales o atoles.

¿Dan a luz en una posición específica?

Algunas se acuestan, otras se hincan o se ponen en cuclillas; es decisión de ellas, de cómo se sientan más cómodas y con más fuerza.

¿Se celebra alguna ceremonia durante el embarazo o justo antes del parto?

Se efectúan rituales para pedir la bendición a Dios, al Corazón del Cielo, de la Tierra, del Fuego y del Agua. También a Santa Ana —se le colocan veladoras para pedirle que todo salga bien— y a la Luna —protectora de los embarazos y partos—.

Luego, dos o tres meses antes de la fecha para dar a luz, se cita a la pareja y a sus padres. Hombre y mujer piden perdón por todas las faltas que han cometido y, si algo es grave, se le da chicote al culpable, de acuerdo con la justicia maya. Esto se hace para que el embarazo siga su buen curso y para que la vida del niño sea de provecho.

¿Y luego del nacimiento?

El bebé es cargado por los abuelos y ofrecen el pixab, que son recomendaciones a los padres y las primeras palabras al recién nacido.

¿Aún se acostumbra a enterrar el cordón umbilical y la placenta?

Antes se decía que era bueno enterrarlos, pero creemos que hacerlo causa a las mujeres más dolor y una recuperación más lenta. Ahora lo que se hace es quemarlos, porque consideramos que así sanan más rápido.

¿Ustedes vigilan la salud los niños y de la madre después?

Solo durante el primer mes. En ese lapso se acompaña a la mujer al Registro Nacional de las Personas (Renap) para que inscriba a su hijo. También se aprovecha para que le pongan su primera vacuna. Luego, es responsabilidad de los padres.

¿Las comadronas le hablan a la gente sobre planificación familiar?

Antes se hizo en mi comunidad, pero hubo mal uso de los métodos anticonceptivos y la población se molestó, por lo que ahora ya no damos ese tipo de información.

¿Cree que los hombres aceptan usar condones?

Sí, algunos. Lo cierto es que están en contra de las inyecciones y las pastillas.

A todo esto, ¿cuánto cuestan sus atenciones?

Ser comadrona es un don, un llamado, y no nos podemos negar a ejercer este oficio. Así que solo se cobra cuando las familias tienen capacidad, porque muchas no cuentan con los recursos necesarios. Cuando se puede, el costo oscila entre los Q150 y Q200.

 

Prensa Libre (2015)