Las manitos de Ariana

Las manitos de Ariana

 

Por Asba Barrenechea Arriola

Las manitos de Ariana Por la ventana de la casa de chapa se veía el atardecer sobre los castillos metálicos del parque industrial. Muy muy lejos algún barco delimitaba su figura en sombra. Ariana estaba tirada en la cama con una mano apoyada en la ventana y la otra en la frazada. Se sintió una princesa. Hoy en la escuela con la señorita habían jugado a las chicas coquetas y la seño llevó una caja llena de pinturitas y de alhajas.

Las chicas le habían dicho que tenía manos muy bonitas. Y la seño que opinaba lo mismo le dijo que la adornarían como le corresponde a una verdadera princesa. Miró su mano. Las uñas pintadas de rosa fuerte y con estrellitas de colores pegadas. Un anillo muy brilloso con una piedra verde que le resaltaba de los dedos. Sus dedos percudidos y oscuros ahora se perdían entre tanta belleza.

Sonrió mirando sus manos nuevamente. Se vio bailando con un traje de raso blanco y una pequeña tiara con brillitos plateados. Mucha gente alrededor mirándola y ella sola en el centro bailaba y bailaba la música de una orquesta gigante. Sintió un ruido fuerte. El golpe la hizo volver de su pensamiento y se levantó inmediatamente como si hubiera estado haciendo algo malo. – ¿Qué pasa? – le dijo a su mamá que estaba en la cocina – Nada, se me cayó la tabla Ariana no pudo evitar volver a su mundo. Siguió bailando con su traje de fiesta pero esta vez la acompañaba un joven buen mozo. Pensó en eso.

En que algún día tendría un novio bien bonito. Él llevaba un traje azul y una camisa blanca. Tenía el pelo negro y los ojos grandes. Pensó que se parecía bastante a Gerardo su compañerito de la escuela. Es que a ella le gustaba un poco el Gerardo. Capaz un día sería su novio, cuando sean grandes. – ¡Ariana! Al grito de su madre ella volvió a levantarse sobresaltada. – Ya voy Esta vez se calzó las zapatillas con agujeros en la punta y los cordones desflecados. Se miró la remera de Boca para ver si estaba limpia.

El pantalón jogging azul con una raya blanca al costado, bastante agujereado en las rodillas, que tenía su última posibilidad con ella para no ir a la basura. Se puso la gorra visera para atrás, los pelos atados con una gomita y acomodados detrás de la orejas y casó su mochila donde siempre guardaba los tesoros que encontraba. – Ya estoy – le dijo a su mamá. – Vamos hija que el Kevin ya ensilló. Saltó de una al viejo carro y se acomodó atrás para que su mamá y el Kevin fueran en el asiento.

Salieron como todos los días a cartonear. Ariana parecía un monito con la rapidez que bajaba y subía del carro en movimiento. De abajo le revoleaba las cosas al Kevin con una baquía única. Cantaban con su madre y su hermano mientras laburaban. Ella era muy feliz de tenerlos. Anduvieron por toda la ciudad recorriendo uno a uno los negocios donde siempre le guardaban los cartones, las sobras de verdura y los huesos para los perros que ellos cocinaban para su comida aunque claro que también compartían con los perros.

Su mamá siempre decía que no había que desperdiciar pero que a los animales había que atenderlos porque ellos nos daban muchas cosas. Cuidaban la casa y cuando llegaban tenían tanta felicidad al recibirlos que su mamá decía que nunca hubo hombre que la recibiera con tanta alegría como sus perros, a lo que el Kevin le retrucaba: – Porque Ud. ladra mucho mamá Y terminaban todos riendo de las ocurrencias de ambos.

Una vez lleno el carro su madre indicaba que se podían volver y que era una buenísima noche para agradecerle a dios. Su mamá siempre decía eso aunque no juntaran nada. Ella entendía que lo que la mamá agradecía es que volvían bien y juntos para las casas. Tranquila, satisfecha y por supuesto muy cansada Ariana se durmió mirando sus manos.

Casi no se le notaban las estrellitas por la mugre de la basura y el anillo quedó opaco y pegajoso. Igual Ariana se miraba sus manos, sonreía y enseguida se durmió. Claro que soñó que bailaba. Con su vestido blanco, su tiara de brillitos y su buen mozo caballero que no sabía bien si sería el Gerardo. Lo único que importaba es que ahora Ariana volvía a ser una princesa.

 

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