Margarita D’Amico, precursora del periodismo cultural en Venezuela

Margarita D’Amico y Marshall McLuhan. Foto por Claudio Perna, 1976

Por Miguel Ángel García 

Analizar los aportes de personas multifacéticas desde no pocos puntos de vista como Margarita D’Amico, no es tarea fácil. Periodista, escritora, investigadora, docente, curadora, pionera y promotora de vanguardias artísticas entre un largo etcétera, hacen de esta sobresaliente venezolana (1938-2017) alguien singular en el arte y la cultura de la Venezuela del siglo XX.

D’Amico fue precursora del periodismo cultural en Venezuela, donde tuvo espacios tanto en medios impresos como audiovisuales. No desvinculó el arte de la ciencia; colaboró en el IVIC (Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas), y por años fue docente en la Escuela de Comunicación Social de la UCV (Universidad Central de Venezuela) donde, por la terquedad que la caracterizaba, era incomprendida por su posición tajante, radical, casi fundamentalista en pro del arte contemporáneo. Fue una persona que abrió caminos, que por su persistencia incansable produjo quiebres necesarios en la cultura visual de Venezuela. Su libro Lo audiovisual en expansión, publicado en 1971, es fundamental para la comprensión de las comunicaciones visuales de nuestro tiempo.

De acuerdo con un texto publicado recientemente, Humberto Valdivieso, profesor e investigador, considera que su mayor aporte estuvo en su capacidad de conectar al país con lo mejor del mundo del arte y en acceder a lo trascendente con olfato periodístico. “Fue la gran madre de la vanguardia venezolana. Mi generación tiene una gran deuda con ella”, ha señalado el cineasta venezolano Diego Rísquez, e Iván Candeo, artista de las nuevas generaciones, cuenta que tuvo que estudiar a Margarita D’Amico para entender el videoarte. Estando en España pudo darse cuenta de la trascendencia de su obra. “Representa el espíritu vanguardista del siglo XX en Venezuela. Ella sirve para comprender la contemporaneidad en la que vivimos. Fue, junto con Sofía Imber, una mujer de empoderamiento”, afirma Candeo en relación con su apoyo a los artistas.

“El país, sin embargo, no fue comprensivo con ella” en la opinión del artista Rolando Peña. Venezuela era demasiado provinciana para entender a figuras como Jesús Soto y Carlos Cruz-Diez en sus comienzos, y lo mismo ocurrió con el trabajo periodístico de Margarita D’Amico, a quien le negaban espacio en los medios.

Gracias a su apoyo y promoción, los artistas visuales venezolanos que fueron decisivos, sobre todo en la década de los años 70, para la configuración de una nueva manera de decir –como Diego Barboza, Asbrúbal Colmenárez, Víctor Lucena, Rolando Peña, Claudio Perna, Antonieta Sosa, Pedro Terán, Yeni & Nan, María Zabala o Carlos Zerpa, por solo mencionar algunos– son hoy correctamente reconocidos como auténticos precursores de la contemporaneidad del arte de Venezuela. También se ocupó de jóvenes talentos emergentes, que apenas comenzaban, como Sammy Cucher y José Antonio Hernández-Diez. Como era de esperarse de alguien que avizoraba, que actuaba estrechamente en paralelo con las nuevas tendencias creadoras, exaltó el trabajo precursor de maestros hoy internacionales como Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Alejandro Otero y Marisol.

Entre las personalidades del arte y la cultura en general que entrevistó para diferentes medios se pueden mencionar nada menos que a Jorge Luis Borges, Joseph Beuys, John Cage, Carlos Cruz-Diez, Alfredo Del Mónaco, Gabriel García Márquez, Víctor Lucena, Marshall MacLuhan, Marcel Marceau, Charlotte Moorman, Dennis Oppenheim, Alejandro Otero, Nam June Paik, Rolando Peña, Román Polanski, Diego Rísquez, Sonia Sanoja, Jesús Soto, Bill Viola y Andy Warhol.

Uno de los momentos más significativos del arte contemporáneo en Venezuela fue la histórica, landmark Exposición de Video en 1975, en un recién inaugurado Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, donde en la noche de la apertura Charlotte Moorman ejecutó su performance TV Bra for living sculpture, la cual fue visitada por 57 mil personas en las apenas dos semanas que estuvo expuesta, y en la que participaron creadores notables del video-arte como Nam June Paik, entre otros. Recuerdo haber estado aquella noche memorable en el MACC, en un naciente Parque Central, y el público –mayoritariamente joven– deliraba en unos espacios abarrotados de personas ansiosas por ver manifestaciones visuales y sonoras nunca antes vistas en la ciudad. Fue Margarita D’Amico quien organizó, no sin conocimiento y pasión, esta memorable muestra.

Como todo aquel que señale planteamientos e ideas de vanguardia, D’Amico consiguió no pocos enemigos que sentían que esta promotora sin tapujos estaba en contra del stablishment y el arte convencional.

Sobre las nuevas tecnologías, escribió: “Para algunos el futuro se vislumbra como catastrófico, a punto de sacudir todo el engranaje comunicacional que es bastante complejo, casi incontrolable y de proyecciones impredecibles. Incluso los que contribuyeron a su desarrollo están aterrados, porque se les escapa de las manos, después de los ciberataques a los sistemas de seguridad de algunas superpotencias. No solo eso. Hoy los riesgos son horizontales, globalizados. Para los optimistas, es la maravilla del siglo, lo mejor que le ha podido pasar a los seres humanos. La convergencia de medios: tradicionales, nuevos, novísimos, universos reales y virtuales, videojuegos, redes sociales, música e información difundidas por Internet en tiempo real, en un global streaming permanente. Sin olvidar que también es un mundo donde abundan las leyendas doradas y no faltan las leyendas negras, ambas con sus propios seguidores y detractores. Los millones de personas que viven pegadas a las redes sociales; los que se des-viven por un iPad de última generación; los que acaban con los teléfonos inteligentes repletos de aplicaciones; los que se preparan para entrar en la webal silicio y a mil cosas más… Ellos, todos ellos, ni siquiera se han dado cuenta de que el mañana es hoy, que el futuro está aquí y no en lugares lejanos o remotos. Para algunos el futuro se vislumbra como catastrófico, a punto de sacudir todo el engranaje comunicacional que es bastante complejo, casi incontrolable y de proyecciones impredecibles. […]. Hoy los riesgos son horizontales, globalizados”.

Ante lo que, con testadura tenacidad, Margarita D’Amico logró para el arte venezolano, la indiferencia y la enajenación se conmueven. No en vano hoy en día su lucha y perseverancia en pro de los ‘nuevos medios’ es historia viva.

Colección Cisneros 

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