Seco estudio de caballos

Seco estudio de caballos

(Extracto)

Traducción de Cristina Peri Rossi para la Editorial Grijalbo Mondadori


Clarice Lispector 

Él y yo

Intentando poner en frases mi más oculta y sutil sensación —y desobedeciendo mi necesidad exigente de veracidad—, yo diría: si pudiese haber escogido, me habría gustado nacer caballo. Pero —quién sabe— quizás el caballo no sienta el gran símbolo de vida libre que nosotros sentimos en él. ¿Debo concluir entonces que el caballo sería sobre todo para ser sentido por mí? ¿El caballo representa la animalidad bella y suelta del ser humano? ¿Lo mejor del caballo el ser humano ya lo tiene? Entonces abdico de ser un caballo y con gloria paso a mi animalidad. El caballo me indica lo que soy.

 

El caballo peligroso

 

En el pueblecito del interior —que se convertiría un día en una pequeña ciudad— todavía reinaban los caballos como prominentes habitantes. Bajo la necesidad cada vez más urgente de transporte, levas de caballos habían invadido el lugar, y en los niños todavía salvajes nacía el secreto deseo de galopar. Un bayo joven dio una coz mortal a un niño que iba a montarlo. Y el lugar donde el niño audaz habla muerto era mirado por la gente con una censura que en verdad no se sabía a quién dirigir. Con las cestas de compras bajo el brazo, las mujeres se paraban a mirar. Un periódico se enteró del caso y se leía con cierto orgullo un artículo con el título de “El crimen del caballo”. Era el crimen de uno de los hijos de la pequeña ciudad. El lugar entonces ya mezclaba a su olor de caballeriza la conciencia de la fuerza contenida en los caballos.

 

Pendiente de migración 

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