Bolaño. El mimetismo de las palabras

El mimetismo de las palabras. He decidido titularlo así, exactamente no sé por qué. Ni se lo cuestione. En realidad esta frase estaba destinada para el título de otro artículo. En principio lo cogí prestado y al final decidió quedarse para siempre, aquí en este lugar. Pero esto va sobre Roberto Bolaño y puede que sin querer o queriendo, quien sabe, también tenga que ver con el mimetismo de las palabras.


Por Arturo Pastor 

Yo empecé a leer a Bolaño al revés. No de derecha a izquierda, sino en el sentido cronológico. Comencé por su última y póstuma obra 2666. Luego continué con Los Detectives Salvajes. No, mentira. Primero, o sea en segundo orden, fue Putas Asesinas. Luego, ya si, Los Detectives Salvajes. Y por último, sin detenerme en ello, porque sigo buscando más libros, y sé que los hay, también me leí Estrella Distante. Y sé que hay más, porque lo sé, simplemente. También sé que una de sus primeras publicaciones, creo que la primera obra narrativa en ser publicada en España, La Literatura Nazi en Américaestá por ser buscada y hallada por Google y procurar su descarga gratuita, como con todos los libros que me hago. Esto se debe a que mi economía no me permite comprarlos. Ese hábito, el de comprarlos, lo abandoné hace tiempo.

Ahora los vendo, los que me quedan, que son unos cuantos, como objetos de segunda mano y bien baratitos. Pero no se trata de hacer publicidad de ningún tipo aquí en este momento. Sencillamente no corresponde. En cualquier caso venderlos tiene su ventaja, liberas espacio, además de hacerte con algunas perrillas que de vez en cuando no vienen mal. Y como decía Neruda, una vez que los lees para que los quieres. Solo algunos, dependiendo del caso, merecen la pena releerlos. Pero bueno, las tecnologías actuales, siempre y cuando puedas disponer de ellas, nos permiten a los que tengamos escasos recursos, acceder sin elevados costes a eso tan extenso que se llama cultura, y ahí están los libros, digitales, se entiende. Pero no vamos a hablar más de eso aquí y ahora, si no esto se hará interminable.

Es lo que tiene ser parado de larga duración. Lo siento por la mayoría de los autores. Estoy convencido que a todos o a casi todos les gustaría que sus hijos o hijas fueran comprados, entre otros motivos por eso que dicen de los derechos de autor, (no soy yo quién para cuestionar esa legitimidad que arropa tales derechos) y que no fuesen repartidos gratuitamente. Pero es lo que hay. Cuando no se puede no se puede. Para eso está Google. Para seguir leyendo aunque uno no tenga un puto duro.

Pero bueno, no se trata de hablar ahora de esto, vuelvo a insistir, sino de lo que nos traía aquí. De Bolaño. Lo que se pueda de él. Lo que mi raciocinio y mis modestos conocimientos que tenga sobre este autor, me permitan exponer. Que son los que son.

Yo no lo conocí personalmente. No tuve esa suerte. Ya me hubiera gustado, la verdad. Entre otras razones porque vivo alejado del continente. De Canarias, de donde es uno, a Barcelona o a cualquier otro punto de Cataluña, la distancia se mide por varios miles de kilómetros. La misma, eso se lo oí decir a un taxista en Barcelona, que cuando nos preguntó de donde éramos, de donde veníamos, al recogernos en el aeropuerto, y le dijimos que de Canarias, nos dijo ¡buff!, eso está tan lejos como de aquí a Moscú. Y la verdad, es que puede que tuviera razón. La distancia referida, pizco más pizco menos, viene siendo parecida. O sea, que estamos bien lejos.

Pero bien, no quiero perderme ahora por las ramas, enramar los pensamientos, no se trata ahora de ello. Creo que para eso ya están los filósofos superfluos, los que se enredan ellos solitos, y de pasos a quienes los lean, gracias al empleo, muchas veces innecesario, de una y mil metáforas, y que no sirven absolutamente para nada. A colación de esto mismo, y solo a modo de anécdota, recuerdo no hace mucho, por recomendación indirecta de un filósofo, que leí a otro filósofo, y que después de leer su farragosa e ininteligible exposición, llegué sin mayor esfuerzo a comprender que todo lo expuesto en veinte páginas podía resumirse en media.

Volviendo a lo de antes. Difícilmente Bolaño y yo hubiéramos podido coincidir. No solo por razones de espacio sino también temporales. Y si así hubiera sido, si hubiéramos tenido la oportunidad de habernos conocido, quién me dice a mí que hubiese tenido interés por conocerme. Quién soy yo para despertar ese interés. Solo a mi se me ocurren esta cosas. Pero bueno, seguimos.

Por lo que se dice, eso mantienen quienes lo conocieron, ya sean allegados o alejados, que se trataba de un hombre sencillo, de trato afable y cercano, entre otros con los humildes, porque así fue él. Parece que vivió, eso dicen, de manera humilde. Y yo me lo creo.

Antes de su fallecimiento, en el 2003, yo andaba metido y enredado en asuntos laborables, en negocio propio, era autónomo. Estaba perdido entre amores y envuelto por otras inquietudes, que aquí no voy a nombrar, porque ni vienen ni tienen que venir a cuento.

Creo que fue a mediados o finales de los 90 del siglo anterior, en pleno auge de su carrera literaria, cuando ya era bastante reconocido, y tenía a sus espaldas una extensa producción narrativa, cuando supe de su existencia como autor literario. Fue viendo un documental de esos que sobre cultura y literatura se daba por entonces por la 2 de tve. Me llamó la atención aquel chileno de aspecto informal, afincado en Barcelona primero y en Girona después, para abreviar: Cataluña.

Ahora no puedo recordar exactamente que fue lo que atrajo mi atención. No recuerdo los detalles. Pero sé que me puse a ver el documental y cuando lo oí hablar, el primer pensamiento que me surgió era: ahí tienes un hombre interesante. Un escritor, que tarde o temprano, de eso estaba seguro en ese mismo momento, lo iba a leer. Todo era cuestión de tiempo. En ese entonces ni había libros electrónicos, ni tablets, ni nada por el estilo, solo el papel. Cuando iba a alguna que otra librería para hacerme con algún libro, y yo por esa época, aun a pesar del escaso tiempo del que disponía, procuraba leer todo lo que pudiera. Por entonces y desde antes devoraba todo lo que podía, igual que ahora. Eso de lo que podía es un decir, en realidad leía lo que me parecía interesante, se sobreentiende. En definitiva, por entonces, en ninguna librería de las que yo frecuentaba, pude encontrar nada de Bolaño.

Como decía, no puedo recordar en detalle el contenido del documental ni siquiera lo que el mismo Bolaño decía en ese momento. Pero si puedo recordar con cierta emoción que estaba ante alguien original, diferente, que iba a destacar del resto de escritores. Y el tiempo me dio la razón. En el momento que escribo esto me viene a la memoria algunas vagas imágenes de aquel documento. Las de un hombre hablando de sí mismo, en la calle, de pie, dentro de una chaqueta de cuero, de aspecto desenfadado, con un cierto ligero aspecto de macarra, más bien tirando a la pinta que tendría uno con ideas anarcas. En fin, que más da. El ambiente exterior que lo rodeaba era gris, tal vez húmedo, como si se tratara de una tarde después de caer una tenue lluvia. Al menos eso me pareció. Pero esto no es tan importante. Lo que realmente importaba era lo que decía. Ya digo, me pareció original y distinguido. Distinto. Todo esto que digo pude confirmarlo a ciencia cierta cuando comencé a leerlo.

Y ahora enlazando con el principio de todo, debo reconocer que cuando empecé a leer 2666, el primero que tomé de Bolaño, no entendía mucho, o mejor dicho no me apuré por entenderlo. Lo tomaba como libro de segundo orden para distraerme de otro tipo de lecturas, más densas y que requieren cierta concentración. Lo suelo hacer con muchos libros de literatura, digamos que como terapia para aligerarme de las otras lecturas de mayor peso. Ahora aquí, y sin mucha vergüenza por reconocerlo, confieso que al principio más bien me aburría un poco. Pero luego le fui cogiendo el tranquillo, me fui adentrando cada vez más y ya no pude soltarlo hasta acabar con él. El número ingente de páginas no me asustó. Cogí rápida la costumbre de leer verdaderos mamotretos. Lo digo por la cantidad de páginas y no por lo que contiene.

Como dije antes, al inicio, empecé a leer a Bolaño al revés. Comencé, y esto ya también lo he dicho, pero no importa, con su última obra 2666.

Aquí voy a hacer un inciso, y matizar antes de continuar, que no voy a realizar un análisis crítico literario de su extensa obra. Ya de eso parece que se ha escrito bastante, no en exceso, pero si lo suficiente, y de eso mismo ya se han encargado otros con más autoridad de causa y de conocimiento que lo que pueda hacer yo sobre la materia. Y tampoco voy a hablar tanto de su vida. Sobre esto último y de lo otro también ya está por ejemplo Wikipedia. Ahí puede hacer todas las consultas que le apetezca. En cualquier caso, sobre su vida, que es también su obra, el mismo autor se deja entrever transformado o transfigurado a través de algunos de sus personajes, como es la adopción de sí mismo, eso creo yo, por medio de la figura humana de Arturo Belano y que aparece sobre todo en su gran libro Los Detectives Salvajes. Pero esa misma visión de relato autobiográfico no aparece solo ahí. Está salpicada y reflejada a lo largo de toda su obra, o en casi toda. Lo he comprobado en todas aquellas que de momento he leído. Aparece en Putas Asesinas, en Estrella Distante. ¡Qué libros, Dios mío.!. En ellos se translucen, como en todo lo que conforma una biografía, sus rasgos de migrante con vocación perpetua y constante, su familia, sus amistades, sus amores…Se intuye los relatos de sus experiencias vitales en todas sus edades, desde la juventud hasta el final de su madurez.

Todo eso aparece a lo largo de su obra. No es difícil comprobarlo. Primero uno lo lee, y luego por satisfacer la curiosidad y saciar a ese gusanillo, que probablemente sintamos todos, por saber más de ese autor que nos atrae, que poco a poco nos va atrapando, y que por ello, terminamos acudiendo a diversas fuentes de información (entre otras la misma Wikipedia, por decir una cualquiera). Ahí aparece todo, a veces sin acierto y de narración imprecisa. Y lo confrontas. Y sí, su obra es en gran medida autobiográfica. Y le he oído a más de uno (entrevistas, cortos, documentales, por ejemplo en YouTube) que su obra es su vida; que su vida es su obra. Y tienen razón. Vida intensa versus obra intensa. Las dos cosas. A Bolaño hay que leerlo. Me queda pendiente algunas de sus obras. Las más remotas y que hay que leerlas.

Roberto Bolaño vivió cincuenta años. Murió en 2003. Nació en 1953. De origen chileno. Emigró muy tempranamente durante su juventud con su familia a México. Allí se inició en el difícil arte de la literatura. Junto a otros de su generación llegó hasta formar un movimiento literario. Lo llamaron el infrarrealismo. Infra, por hallarse fuera o por debajo del realismo. No sé. Ya digo, todo esto es para otros, para especialistas.

En 1973 regresó brevemente a Chile con la idea de participar del proceso socialista que vivía el país, pero fue detenido al poco de estar allí, coincidiendo con el golpe fascista del 11 S. Al poco tiempo fue puesto en libertad, parece ser que gracias a la influencia de un militar (o de un policía que lo custodiaba) que fue compañero suyo de estudios durante su juventud, antes de emigrar a México. Ya no volvió allí hasta 25 años después. Regresa al país de acogida. En 1977 emigra a Cataluña para estar cerca de algunos de sus familiares y allí por diferentes ciudades, primero en Barcelona y luego en Girona, termina estableciéndose para rehacer su vida. Allí se casa y forna una familia.

Se le puede definir de muchas maneras. Pero sobre todo estamos ante uno de los más importantes escritores de la literatura hispanoamericana actual. Yo personalmente creo que junto con Julio Cortázar es uno de lo más importantes y significativos. Ha obtenido varios premios. Sobre todo por su libro Los Detectives Salvajes, que muchos consideran, junto con 2666 , una de sus grandes obras. A mí, que quiere que le diga. La verdad es que todas me han gustado. Putas Asesinas me pareció divertida, y mucho más. Estrella distante, en cierto modo, refleja la frustración y la rabia tras el golpe de estado en Chile con un desarrollo y desenlace sorprendente. Resulta un viaje de traslado a la piel del personaje principal, de él mismo.

Ven!. No quería llegar hasta aquí. A formar parte de ningún análisis crítico literario. No era esa mi intención. En cierto modo parece inevitable. Uno en la medida que va escribiendo, y por inercia, se termina dejando llevar y al final vas a donde no querías ir. Así que freno. Lo recomendable es que se lo lea. A lo largo de su lectura, lo descubrirá, al menos todo lo que quiso que supiéramos de él. Hasta donde quiso desnudarse. Para que lo contempláramos en plenitud. No sé. De Bolaño se podría decir muchísimas cosas. Y todo esto es cierto. Cuando lo lea, no solo se sentirá atraído por lo que cuenta, por el contenido de sus relatos, sino que también le atrapará el estilo narrativo. Porque en Roberto tiene que ir todo junto, bien conectado. El estilo destaca sobre todo por su originalidad. Utiliza todas las personas narrativas de manera magistral. Se suele saltar el modo tradicional. Sobrepasa la estructura típica narrativa. Como conversan los diferentes personajes entre sí. Donde: dije, le dije, me dijo, le dijo, nos dijo, dijimos, le digo y otras formas de decir, sustituyen al típico salto de guión de cualquier conversación narrativa. Aquí, quizá, se nota la influencia de Cortázar, que también sabía disponer adecuadamente de estas formas de contar. Porque nadie, por muy magistral que sea, y Bolaño lo era, no deja de mamar de las influencias de otros. Esto es de cajón. Nadie, absolutamente nadie, escapa de esa condición.

También le caracterizaba la naturalidad de la escritura. La honestidad de las palabras. Su ubicación precisa. El no abusar del uso de las metáforas si el texto no lo precisaba. La fluidez de la narración del relato, conseguida casi con toda seguridad gracias a esa disciplina de horarios que se imponía en un austero cuarto, donde no sobraba lo imprescindible, con las herramientas principales que solo un escritor precisa, prescindiendo de lo demás, menos de la música y de sus libros, que a modo de fetiches coleccionaba con devoción. Porque Bolaño era eso, un escritor y no un escribidor. Así se definía a sí mismo. Reivindicaba establecer bien las diferencias. También en eso acertaba, porque era escritor. A eso aspiraba realmente cuando de forma casi autodidacta se inició en ese inmenso, difícil y a veces intratable mundo de la literatura, abandonando desde muy temprano estudios para cualquier titulación. Que no los necesitaba. Y eso mismo decía entre otros a sus amigos cercanos. Que iba a ser escritor. Y no escribidor. Creo que su impenitente tesón le llevó al convencimiento de que su obra iba a trascender más allá de su presencia.

Sigo diciendo que sobre Bolaño se podría decir muchas cosas. Aunque esto mismo se suele decir en muchas ocasiones cuando se quiere hablar bien de alguien, y que por eso mismo pueda resultar ya pensamiento desgastado. En este caso con toda autoridad procede. Porque simplemente Bolaño era distinto. Original en forma y contenido. Sencillamente era genial. Y creo que no debería decir mucho más, aunque sé que me queda mucho más por contar. Que me dejo mucho atrás. Pero no se trata, al menos aquí, de alargarse demasiado. Aquí habría que acabar. Por ahora.

De sus reflexiones escritas u orales se podría extraer multitud de citas. Yo aquí solo quiero señalar una, por razones obvias, por no alargar esto mas en exceso.

Decía Bolaño, aplacando esa vanidad que envuelve a muchos que se consideran escritores, y que sin saberlo, a lo mejor o a lo peor, no lo son, sino simples escribidores: (no cito textualmente sino mas o menos con mis palabras, pero en síntesis su pensamiento, porque la reflexión era suya y no mía, pero yo la comparto de todas maneras) que aquellos que se consideran escritores sin llegar a serlos eran unos tontos, unos verdaderos idiotas si creían que sus obras narrativas, sus libros, lo que escribiesen o lo que fuera iban a trascender a lo largo de los tiempos. Esto solo lo conseguían algunos. Muy pocos durante el transcurso temporal de la historia. Que la mayoría serán olvidados, condenados al ostracismo de la indiferencia a través del espacio temporal. Y creo, sin lugar a dudas, que una vez más acierta y de lleno. Que solo unos pocos, muy poquitos, logran prolongarse más allá de su propia intención narrativa.

Personalmente creo, y en este caso no sabré si el tiempo me dará la razón o no, (ya que no estaré aquí ni en cuerpo y alma para comprobarlo como ninguno de mis mortales coetáneos y que juntos habitamos este instante temporal) que Bolaño junto con Cortázar ( no cito aquí a otros históricos memorables y remotos) estarán entre esos escasos poquitos. Entre esos que se hallan por su originalidad y que encontrándonos nos transmiten su propia voz narrativa.

En definitiva: geniales.

Arturo Pastor 

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