“Me vine de mi país porque no me quería vender, no lo haré en el camino”

“Me vine de mi país porque no me quería vender, no lo haré en el camino”

Sin refugio para las trans

II. Burocracia que niega asilo

Mi historia

Estos son los testimonios de lucha de las migrantes trans en México y Estados Unidos. Las sobrevivientes del odio.

Bryan

“Me vine de mi país porque no me quería vender, no lo haré en el camino”

Salí de mi país por las maras. Nunca pensé salir de mi país porque tenía mi buen trabajo, estudiaba, era gerente de mercadeo en una tienda de ropa. Obligatoriamente tuve que salir.

Yo soy gay. No me considero una persona ni fea ni bonita. Para ellos supuestamente si era bonito y querían que yo me prostituyera en una esquina y aparte de vender mi cuerpo, vendiera la droga. Yo me rehusé.

Me raptaron 3 veces, me bajaron de un rapidito (combi), me bajaron de mi carro y otra vez fueron a mi trabajo. La tercera vez ya me iban a matar porque no les daba una respuesta, entonces le dije al chavo que es dizque jefe de la mara que me diera oportunidad de pensarlo dos días. “Te voy a dar dos días, nada más porque te conozco desde morrito” me dijo. Eso fue el 7 de mayo. Ya el 8 de mayo, a las 12 del mediodia, yo salí para acá.

Un dizque coyote me dijo: “yo te paso”. En la aduana no me pidieron un solo documento. En el trayecto de la aduana de Guatemala, como no quise pagar las 500 lempiras al coyote, se puso en su moto, sacó una pistola y me quitó todo lo que tenía: el dinero, mi maletita, teléfono y ropa. Me quedé solo con un suéter. Me senté a llorar en una piedra porque no sabía qué hacer. Vendí mi sueter y seguí con 100 lempiras.

Otro coyote me dijo: “no sé qué vas a hacer porque si no llevas dinero no te van a dejar pasar”. Empecé a caminar. A unos metros de pasar la aduana, unas mujeres me llevaron hasta Esquipula, en donde tenía que tomar el autobús a la capital. Vino una señora y me dijo que fuera a la Basílica para pedirle a Dios.

Ahí hay un mirador donde se mira Esquipula muy hermoso. Me paré en ese mirador y lo que se me vino a la mente fue tirarme de ahí, pero me puse a pensar que todos los problemas en la vida tienen solución, menos la muerte.

Le hice parada a un señor que me llevó a Chiquimula. Estaba muerto de cansancio y el señor empezó a enamorarme: “estás muy bonito, de dónde eres”. Le conté que era de Honduras. “¿Me regalas un beso?”,dijo. “No, ¿qué le pasa?”. Dejó de molestar unos diez minutos. Le pedí que se detuviera para bajarme. Me advirtió: “si te duermes, voy a hacer lo que quiera contigo y voy a empezar dándote el beso que te vengo pidiendo”.

No aguantaba el cansancio y me quedé dormido. No dudó ni dos minutos en darme el beso. Ofreció su casa y me negué. Incluso me ofreció pagarme. Si me vine de mi país porque no me quería vender, no me voy a vender en el camino.

En Honduras las cosas se manejan bien raro. Las mismas maras se enteran de todo. Incluso en Tapachula hubo una persona que me conocía. Un amigo me advirtió: “ten mucho cuidado que en Honduras ya saben dónde estás y puedes correr peligro”.

Tengo muchas ganas de estudiar. Amo estudiar. A futuro yo seré arquitecto y tendré mi propia empresa y no tengo duda que lo voy a lograr porque cuando me propongo algo lo consigo.

Para mí, Estados Unidos nunca ha sido una prioridad. Si hubiese venido con esa intención, ya me hubiese ido. Si me voy a EEUU, todos mis derechos de refugio valen madre, ya no tengo ningún derecho como refugiado. Mi plan es ir a Canadá, por lo mismo quiero estudiar aquí en la Ciudad de México.

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