Resistencia: Assata Shakur

Resistencia: Assata Shakur

Por Alessandra Riccio

Pasan los años, habrá cumplido ya los setenta la mujer norteamericana con el dudoso privilegio de ser la única incluida entre los díez terroristas más buscados por el FBI, pero yo sigo recordándola más joven, en La Habana, en su casita o en mi terraza, reviviendo los momentos dramáticos de su arresto, del encarcelamiento, de los diez juicios, de nueve de los cuales salió absuelta. Pero el décimo le costó una sentencia de complicidad en el asesinato de un policía de New Jersey, el barrio nuevayorkino donde nació con el nombre de Joanne Chesimard en 1947.

Atraída por el Black Panther Party, (La Panteras Negras) fue militante del Ejército Negro de Liberación (BLA) en los años setenta, y había escogido llamarse Assata Olugbale Shakur como parte del retorno al África, añorada por la población afroamericana como raíz identitaria en un mundo que seguía discriminándolos. Fue el Presidente Nixon a definir el Partido de las Panteras Negras como una agrupación terrorista y George W. Bush, después del 11 de septiembre, a declarar al terrorismo como el enemigo universal. Para Angela Davis, histórica luchadora por los derechos de los negros, que ha prologado la reedición de la autobiografía de Shakur, en este concepto de terrorismo se incluyen los que luchan contra el racismo y el capitalismo, como los Cinco cubanos y como la misma Assata.

El periodista Mumia Abu-Jamal, militante del Black Panther Party, preso político condenado a muerte en 1982 con falsas acusaciones, sólo recientemente conminada en cadena perpetua, ha escrito de Assata: “Etiquetar a esta mujer como terrorista es desangrar la palabra de su significado, porque durante su vida como activista y durante sus tribulaciones como acusada en tribunales que eran más como árboles de linchamiento que pasillos de la justicia, ella fue aterrorizada por un sistema que pretendía castigarla por atreverse a rebelarse”.

A Assata que viajaba junto con dos militantes en una autopista de Nueva Jersey, la paró la policía del lugar por un control de rutina del auto, era el 2 de mayo de 1973. En la refriega que siguió resultaron muertos un compañero y un policía. Assata no disparó, lo prueba el hecho que quedó herida debajo de la axila cuando salía del auto con los brazos levantados.

Lo cuenta ella rememorando la brutalidad de la policía, la captura, tirada al suelo, sangrando, con las botas de la policía encima; el traslado al hospital donde la ataron de manos y de pies a la camilla, brutalizada por las guardias/enfermeras. Luego vinieron los largos seis años de detención y los diez juicios en las cuales se defendió y la defendieron un grupo de mujeres abogadas, tías y parientes de Assata que siempre la asistieron y siguen asistiéndola legalmente. Durante estos seis años, en las largas esperas en los tribunales junto con un compañero, Assata quedó embarazada y parió una niña que ha quedado al cuidado de su numerosa y femenina familia mientras ella purgaba una cárcel dura. El 2 de noviembre de 1979, un operativo de las Black Panthers logra su evasión en una operación espectacular.

Desde entonces, Assata es prófuga de la justicia estadunidense, mientras su compañero, Sundiata, sigue en la cárcel. Durante cinco años no se sabe nada de ella, logra evadir las búsquedas, no cae en ninguna trampa, no revela ni revelará nunca dónde y cómo ha transcurrido este tiempo. En 1984 está en Cuba la isla que ha dado amparo a muchos luchadores políticos y que ofrece las mejores garantías de seguridad ya que, como es obvio, no tiene tratado de extradición con los Estados Unidos ni se le ocurre. Por la evasión de Assata de la cárcel de Nueva Jersey, una ciudadana italiana, Silvia Baraldini, ha pasado en las cárceles estadunidenses más de veinte años. Su culpa: haber apoyado el movimiento de las Panteras Negras, las luchas feministas y los independentistas portorriqueños y, peor que todo, no haber querido jamás renegar de sus ideas. La ley RICO dicta que los afiliados a movimientos ilegales son culpables solidariamente de sus acciones.

Escuchar su historia de su boca, con la serenidad que el tiempo pasado otorga, verle la cara y la mirada de quien mucho ha visto y entendido, sentirla capaz de resistir a la tentación de renegar de sus ideas y de su militancia a cambio de un retorno en el seno de su linda familia y de su hija, era emocionante. Su vida, extremadamente retirada, era dedicada al estudio, terminó la carrera en Ciencias Sociales, a escribir su autobiografía y solo poco a poco había comenzado a salir a lugares públicos, una cubana entre tantas con sus trencitas afro. La recuerdo entre el público de los encuentros de los Estudios de la Mujer que Luisa Campuzano organiza en la Casa de las Américas y esperé que su historia iba tomando un rumbo más tranquilo. No fue así: el 11.9, la causa de los Cinco cubanos en las cárceles estadunidenses, la constante infiltración de desestabilizadores en la isla, hicieron regresar Assata a su casita, a sus libros, a su vida de reclusa. Sobre su cabeza se han jugado desafíos secretos y duros. Que Cuba haya logrado la restitución de los tres Héroes que quedaban presos en Estados Unidos sin devolver a la ultra buscada pantera negra Assata Shakur, habla de cuánto valen los principios en Cuba. Lo ha reafirmado rotundamente el Ministro de Asuntos Exteriores Bruno Rodríguez: “Los luchadores por los derechos civiles en Estados Unidos [asilados por Cuba] por supuesto no serán retornados”. Es la respuesta de Cuba a Dondald Trum quien, desde Miami exigía que “Joanne Chesimard debe ser retornada”, condición esencial para remover el bloqueo más viejo del mundo.

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