Los Onas, vida y muerte en Tierra del Fuego (Documental)

Los Onas, vida y muerte en Tierra del Fuego (Documental)


El genocidio del pueblo Selk´nam de la Patagonia Austral llevado adelante desde finales del siglo XIX por parte de los estancieros Braun Menéndez, con la complicidad y colaboración del Estado, aún espera justicia.

Los gloriosos 100 años de la Sociedad Importadora y Exportadora de la Patagonia aún esconden en sus góndolas las orejas cortadas a los “onas”, acribillados por sus cazadores a sueldo como el asesino Popper y sus cuadrillas de tiro.

La expansión del latifundio Braun Menéndez en territorio austral significó el fin de la cultura y la lengua del pueblo Selk´nan y otros como los Yámanas y Qawasqar o Alakalufes, todos mal llamados “onas”.

¿A 100 años del genocidio indígena quién juzgará estos crímenes de lesa humanidad?

¿En el “país de los derechos humanos” será posible aún juzgar a los Braun Menéndez?

¿El Estado Argentino devolverá las tierras usurpadas a los pueblos originarios y concedidas a los grandes latifundistas?

El preámbulo de la constitución reza “invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia” ¿A qué justicia y razón se refiere?


La Anónima y la cacería de los Selk´nam

La Anónima cumple que este año celebra sus cien años, remonta sus orígenes a la ocupación de de tierras y masacre de sus pobladores originarios, el pueblo selk’nam, vulgarmente conocidos como “onas”. Los alambrados de José Menéndez y la introducción de cientos de miles de lanares en la tierra de los “onas”, a fines del s. XIX, espantaban los guanacos, sustento principal de los selk’nam, quienes vieron una alternativa en el ‘guanaco blanco’ –como denominaban a la oveja-, desconociendo que era ‘propiedad privada’.

Pronto, los grandes estancieros se organizaron y comenzó la cacería de los selk’nam. Federico Echeuline, mestizo selk’nam-noruego fallecido en 1970 testificaba “Y así, pa’ no morir de hambre, buscaban los animales de los Menéndez. Por eso los mataba Menéndez”.

Los nuevos ‘dueños’ del país selk’nam contrataban ‘cazadores de indios’ profesionales, como Mc. Lennan, alias Chancho Colorado, Mr. Bond, John Mc. Rae, Kovasich, Albert Niword, Sam Islop, Stewart, Peduzzi, Julius Popper, José Dias.

El jefe de policía Ramón Cortés, en su diario, fechado 05-03-1897 escribía “… un inglés llamado Saham (o Sam Ishlop) y un italiano llamado Peduzzi. Estos individuos se ocupan pura y exclusivamente en la caza de indios, ya sea en territorio chileno o argentino… mediante una libra esterlina por cada individuo macho y 5 chelines por cada muchacho o mujer” .

La célebre matanza de Selk’nam perpetrada en Cabo Domingo por el Chancho Colorado, administrador de las estancias de José Menéndez, dejó un saldo de 400 cadáveres esparcidos e insepultos (J. M. Borrero 1974: pág. 48-49).

La masacre de Cabo Peñas es otro más de sus crímenes impunes Mr. Rigby, capataz de la estancia San Sebastián, escribía a su patrón Mauricio Braun en julio de 1900 “No hemos enviado más expedicionarios a cazarlos”.

Envenenamiento de ovejas con estricnina para obsequiarles como carne a los Selk’nam, tratamiento con venenos a ballenas varadas antes que los Selk’nam llegaran para consumirla (J. M.Borrero 1974), eran otras tácticas de genocidio practicadas por los ‘civilizados’ Braun Menéndez.

La expedición de Ramón Lista, héroe de estado argentino, perpetró una masacre de 28 varones en Bahía San Sebastián en 1887 y muchas mujeres fueron tomadas prisioneras y deportadas a Buenos Aires.¡Menos mal que los argentinos invocan a Dios fuente de toda razón y justicia, sr. Ramón Lista!

Después de estas masacres, los latifundistas volvieron a teñir sus manos con sangre, por ejemplo, en la estancia Anita de los Menéndez Behety, se fusilaron obreros que estaban en huelga en 1921 (J. M. Borrero 1974).

La Anónima y los campos de concentración en Isla Dawson

La Misión San Rafael en la isla Dawson, concedida a Mr. Fagnano en 1890, era un campo de concentración donde se reunía a Selk’nam, yámanas y qawasqar o alakalufes, para ‘civilizarlos’ haciéndolos perder su identidad étnica. Allí, los Selk’nam se encontraron en mundo extraño, hacinados en Arská (Tierra lejana), como llamaban a esa isla, deseaban escapar a su Karukinka, pero los aislaba el mar (L. A. Borrero 1991).

Esta Misión contaba con el apoyo de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, esa institución era el Auschwitz de los Selk’nam.

Braun Menéndez informa de un envío al destierro de 225 selk’nam, cuya tribu “había sido sorprendida in fraganti” (L. A. Borrero 1991).

La pena, las enfermedades, la soledad y los daños psicológicos diezmaron a los desterrados. Llevaron más de 3.000 selkn’am a la isla Dawson y allí murieron.

Luis Garibaldi Honte, mestizo selkn’am-italiano, testificaba, “después de veintiún años de explotarla, trajeron unos pocos indios acá. Pero onas no vinieron más que tres mujeres: la Paula, la Raquel y la Petronila, fueron las únicas que vinieron acá, hombres no vino ninguno”.

Fagnano, sacaba los habitantes originarios de Karukinka y los llevaba a un campo de concentración, para liberar el territorio para los nuevos dueños, los ‘honorables pioneros’, a quienes nuestro noble Borrero denomina “detritus de la sociedad, seres sin escrúpulos y sin entrañas, que en pos del dinero y de la fortuna… caían en Punta Arenas… atraídos por la fácil impunidad…” (J. M.Borrero).

¿Qué hay que celebrar?

A 100 años de La Anónima ¿Qué hay que celebrar? Seguramente estos empresarios, entre risas y aplausos brindarán en copas de fino cristal de Bohemia con champagne français de eximio bouquet, pero yo sólo escucho el llanto de los niños selk’nam cuando los mal nacidos mercenarios de esos capitalistas mataban a los pobladores originarios de Karukinka y les cortaban las orejas, los testículos y los senos a las mujeres, sólo escucho el gemido de los agonizantes tirados en el suelo, sólo veo la sangre correr, teñir la hierba y desaparecer en la tierra. D. F. Sarmiento se hubiera gozado con esta macabra escena, ya que consideraba que la “sangre del gaucho y del indio sólo sirve para abonar la tierra”. Ahora entiendo las palabras de Angela Loij “yak haruwen cheshken” (voy a morir en mi tierra), aunque las dijo con otro sentido, ¡cuántos selk’nam murieron en su haruwen (tierra)!

¿Cuánto se conoce sobre Teneneshk, Hálimink, Kawchiqol, Atel, Kawsel, Yayosh? Sus voces fueron silenciadas para siempre en el oscuro mundo de los crímenes de lesa humanidad, aún impunes. Es muy probable que pocos conozcan sobre el hain, un haruwen, los klóket’en, un jo’on, el maravilloso mundo selk’nam fue borrado de la faz de la tierra, por los grandes capitales que se enorgullecen de sus logros, pero silencian cómo los hicieron, con las manos manchadas de sangre selk’nam y con peones explotados.

100 años de impunidad. ‘Mire a su civilización, señor Sarmiento y dígame cuáles son los bárbaros’. Esto me recuerda a Saúl Huenchul cantando “allá por la cordillera, como en todos los caminos, hay apellidos muy finos pero con una historia muy fiera… cuando a los indios mataban para quitarle la tierra”, se parece a la historia de esta empresa ¿o será simple coincidencia?

 

Flolkloretube


“Los Onas: vida y muerte en Tierra del Fuego”, de Anne Chapman

La antropóloga y etnóloga franco-estadounidense, y autora de Pehuén Editores, Anne Chapman, dedicó gran parte de su vida a investigar las culturas de los pueblos de Tierra del Fuego.

Una de las obras que evidencia su recorrido es justamente el pionero documental “Los Onas: vida y muerte en Tierra del Fuego”, ganador del Gran Premio en el Primer Festival Nacional de Cine Antropológico y Social (1985). En este trabajo, Chapman registra (junto a Ana Montes y Jorge Prelorán, y entre 1968 y 1977) la vida de la última generación de los selk’nam, también conocidos como Onas:  su modo de vida, economía, ritos, cantos, tradiciones y extinción tras las sucesivas llegadas europeas.

En esta línea también se encuentra su libro “Fin de un Mundo. Los Selk`nam de Tierra del Fuego“, de Pehuén: análisis sobre la relación de los fueguinos con su tierra, las estructuras de su sociedad, sus ceremonias y, también, sus cantos. Historia que,  al igual que en el documental, es guiada por la última chamán selk’nam,  Lola Kiepja,  y otros descendientes de su pueblo, para reconstruir sus historias y costumbres.

 

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