Cuentos del Arañero: No les tengo miedo

Cuentos del Arañero: No les tengo miedo

El “arañero” en Sabaneta con sus amigos Iglesis, Lucio y Dinora.

Historias de familia

No les tengo miedo

Hugo Chávez Frías 

¡Ah!, entonces, me di cuenta de algo que yo no había descubierto: el miedo a los poderes fácticos. Vean los periódicos. Bueno compadre, a mí no me importa. A mis hijas les dicen de todo, hasta a la más chiquita, pues, se meten con ella, con ellos, con mi hijo, mis padres. No me importa nada, y ellos lo saben. No le tengo miedo al qué dirán, ni al qué harán.

Dios me cuide los hijos y los hijos de todos nosotros. Un día les conté algo a mis hijos, los grandes, porque empezaron a llegar amenazas cuando no tenía forma de protegerlos. Ahora el Estado está obligado a protegerlos, es una obligación constitucional. Yo andaba por las calles, y me divorcié. Nancy con sus tres muchachos en Barinas, solos. Yo les mandaba una platica, y una casita por allá que pudimos medio acomodar. Eso fue lo que les dejé, no tenía más nada. Y me fui por los caminos a cumplir con lo que tenía que cumplir.

Un día amenazaron que si yo seguía haciendo lo que estaba haciendo, iban a secuestrar a una de mis hijas. Estaban de doce años, quince años, y esa edad tan difícil. Entonces reuní a las dos mayores, porque Huguito tenía diez. Igual les dije: “Muchachas, cuídense”. Porque ya era la edad de salir de noche, el novio y la adolescencia.

Esa época tan bella, pero tan peligrosa al mismo tiempo. Alguien dijo: “El que tiene un hijo tiene todos los miedos del mundo”. Y recuerdo que a mis dos muchachas grandes les conté algo que leí, de algo muy cierto que ocurrió en la guerra española. Un general español defendiendo una plaza, y la fuerza enemiga le capturan un hijo adolescente. Lo llaman por teléfono y el general enemigo le dice: “Mire, general, aquí tengo a su hijo preso. ¡Ríndase! Si no se rinde, morirá su hijo”. El general republicano le respondió:
— “¿Está mi hijo ahí?”.
— “¡Sí!, aquí lo tengo, ¡ríndase!”.
— “¡Por favor!, ¡póngame a mi hijo!”.
— “¡Aquí está!, óigalo”.
— “¡Papá!”.
— “Hijo, ¡muere como un hombre!”.
¡Así tenemos que ser los verdaderos revolucionarios!

Cuentos del Arañero 

Categories: Cuento, Literatura, Venezuela