Somos un Estado laico de verdad, dice primera senadora trans de Uruguay

Michelle Suárez asumió como senadora en el parlamento uruguayo el martes (10) / Archivo personal

En entrevista exclusiva, Michelle Suárez comenta el ascenso de la diversidad sexual en su país y el retroceso en Brasil


Por Mauro Ramos

Abogada y militante por la diversidad sexual, Michelle Suárez escribió un capítulo importante de la historia de Uruguay a convertirse en la primera senadora transexual del país y de todo el continente americano.

Acostumbrada a abrir caminos, el 2009 se convirtió en la primera persona trans de Uruguay en graduarse. Hoy Michelle hace uso del conocimiento judicial para defender las causas de la diversidad sexual en su trabajo independente y como integrante del colectivo uruguayo Ovejas Negras.

En entrevista exclusiva con Brasil de Fato, Michelle, que pertenece al Partido Comunista de Uruguay e integra la Frente Amplia, explicó las iniciativas previstas para su mandato. Durante la conversación, habló sobre los desafíos para las luchas del movimiento por la diversidad sexual en Uruguay y en América del Sur y sobre las acciones necesarias para combatir la llamada “cura gay” [que habilita a los psicólogos a dar terapias de rehabilitación de orientación sexual], asunto reciente en la conjunta pos-golpe en Brasil.

En relación al desarrollo de esas luchas en Uruguay, Michelle reconoce la importancia de la articulación de diversas banderas de lucha: “Pasamos de una reivindicación de una agenda de derechos para diversidad sexual a que existiera una proclama donde se hablaba desde la descriminalización del aborto, la pobreza, hasta toda la agenda de derechos de la diversidad sexual”.

Sobre el ascenso del movimiento y su propio acontecimiento histórico, resalta que las conquistas no son “gratuitas” y envía un mensaje de esperanza a los militantes brasileños: “Más allá de que hagan momentos difíciles, retrocesos y revisiones de los avances en derechos, los derechos se construyen todos los días y que sigan adelante, que después de los momentos de zozobra siempre sale el sol”.

Brasil de Fato: El desarrollo del movimiento por la diversidad sexual en Uruguay viene siendo muy importante en los últimos años. ¿Lo que usted destacaría como elementos que podrían explicar la ampliación y fortalecimiento de esa lucha?

Creo que Uruguay empezó a desarrollar mecanismos propios para apropiarse de la calle. Lo que se había comenzado a hacer en las primeras marchas era, de alguna manera, aprovechar las fechas internacionales, tanto el 17 de mayo [Día Internacional contra la Homofobia] como el 28 de junio [Día Internacional del Orgullo Gay] y reproduzir en Uruguay lo que es el movimiento internacional. Y realmente no se lograba buenos resultados. Una de las primeras cosas que se ve es que el 28 de junio se trata de una marcha en pleno invierno, con bajas temperaturas, con mucha gente en un clima muy inhóspito. Además, con una categoría que apareció que reivindicaba todo el tiempo la cuestión identitaria. Entonces lo que se decidió fue, en primer lugar, no hablar de Marcha del Orgullo Gay, pero sí de una Marcha de la Diversidad Sexual, que es una categoría mucho más inclusiva, porque no se habla de una orientación sexual en específico, sino que abre el abanico para todas las orientaciones sexuales, todas las identidades.

Y a partir de ahí tratar de hacer una convocatoria que no sea exclusivamente del eje de la diversidad sexual, que sea el principal o el más visible, pero en realidad tratar de hacer con que estos actos fueran una coordinación de organizaciones civiles que trabajan en otros ejes, como organizaciones de afrodescendientes, feministas, organizaciones sindicales y estudiantiles, etc; y hacer una proclama conjunta que va intercalando los ejes de trabajo.

Entonces pasamos de una reivindicación de una agenda de derechos para diversidad sexual a que existiera una proclama donde se hablaba desde la descriminalización del aborto, desde la pobreza, hasta toda la agenda de derechos de la diversidad sexual

Y después se decidió utilizar una  nueva fecha, se reconoce el 28 de junio como fecha internacional, pero ponemos una nueva fecha para Uruguay, el último viernes de septiembre como Marcha de la Diversidad. Con otro tipo de clima, en otro momento del año, lo que hace con que más personas puedan participar, todos los tipos de personas, las familias, la convocatoria se volvió más amplia. Este cambio de categoría y también con respecto a la fecha, en esta época del año, empezó a resultar en una convocatoria cada vez más importante. A tal punto que se volvió la convocatoria masiva más importante del país.

Usted habló de como tarea principal en el Senado ahora de una Ley Integral Trans. ¿Puede comentar cuales son los principales puntos de este proyecto?

El proyecto de ley actual es un proyecto de acciones afirmativas. Estamos hablando de un conjunto de medidas coherentes a un grupo históricamente vulnerable, en este caso, la población trans, otorgando programas asistenciales para superar los obstáculos que han impedido el acceso igualitario al goce y protección de los derechos fundamentales.

El proyecto presentado implica por un lado distinguir la situación de personas trans que, por su edad, por su estado de salud y por las secuelas de la violencia institucional, principalmente en el Gobierno de facto [dictadura uruguaya entre 1973 y 1985], pero también en los primeros años de la democracia, no pueden tener una posibilidad de reintegración educativa o en el mercado laboral. Se propone una prestación económica, que llamo de “sobrevivencia”, de un valor de aproximadamente 11 mil pesos uruguayos [cerca de 372 dolares]. Y por el otro lado, a quienes sí tienen la posibilidad de reinserción laboral y educativa, se propone una cuota dentro de lo que son los llamados públicos, cuando existan vacantes del 1% dedicada específicamente a población trans. Y en los sistemas de becas educativas, por lo menos un 2% del presupuesto dedicado a población trans. Y en lo que tiene que ver con el derecho a la salud, que no solamente los prestadores públicos sean aquellos que se encarguen de todos los tratamientos que visan la construcción identitaria trans en que hay muchos cambios físicos (de hormonización, tratamientos de reasignación de sexo). Para eso, se transforma en una prestación obligatoria para todos los servicios de salud, tanto el sector público como el sector privado, porque actualmente el sector privado se desobliga de estas prestaciones.

Desde el año pasado, con el golpe en Brasil hubo muchos retrocesos para la población en general. Ha avanzado mucho la agenda conservadora en detrimento de la lucha por la diversidad sexual, como lo que pasó recientemente, cuando un juez habilitó lo que llaman como “cura gay”, que habilita a los psicólogos a dar terapias de rehabilitación de orientación sexual. ¿Como habitante de un país vecino, qué piensa de lo que viene ocurriendo en Brasil?

Siempre se hace muy difícil hablar de la situación de un país en que uno no vive. Pero eso está en contra de todos los parámetros internacionales. Desde los años 70 la Organización Mundial de la Salud ha planteado que la homosexualidad no es una enfermedad, ni el lesbianismo. De hecho existe un movimiento internacional enorme para justamente despatologizar lo que se llaman identidades alternativas y todo aquello que no pertenece a la heteronormatividad, o sea, a esta situación de heterosexualidad obligatoria.

Actualmente toda la ciencia, incluso la ciencia médica sabe que aquella cadena que se nos planteaba como si fuera causal (casi como incuestionable), que conllevaba que una persona nacía con la genitalidad necesariamente desarrollaba un género y necesariamente a partir de ese género desarrollaba una específica orientación sexual ya se sabe que es meramente contingente y no causal. Porque una persona puede tener genitales masculinos y no desarrollar un género masculino, sino femenino.

Entonces incluso en medicina legal se cuestiona que el elemento del sexo que se consideraba científicamente objetivo, se pueda definir por los genitales como único parámetro.

Porque por ejemplo están todos los movimientos de los intersexuales, que no tienen ni un pene ni una vagina, sino una combinación en diferentes versiones. En realidad, el sexo, aunque científicamente, pueda ser definido por sus genitales, cromosómicamente, hormonalmente, socialmente, psicológicamente, neurológicamente. Hay que analizar caso a caso cada uno de estos factores para que, en el equilibrio de los mismos, poder determinarlo. Por lo tanto, el sexo tomado como una expresión de la genitalidad es prácticamente una construcción social, más que una realidad científica.

Ante todo esto que defiende la corriente internacional, que Brasil plantee que se pueda dar terapias para curar la homosexualidad es como volver casi al medioevo.

Sinceramente, asombra eso de Brasil, porque la visión que tenemos, por lo menos de los países más cercanos es una versión de un país bastante liberal muchas veces y no tan conservador. Pero parece que hay oleadas de retrocesos. A veces cuando se empiezan a dar cambios, principalmente en la región, los sistemas reaccionan.

Hay un desafío importante acá en Brasil, que se empieza a ver algo similar en Uruguay, que tiene que ver con la cuestión de las bancadas específicamente evangélicas en el parlamento. ¿Cómo ve eso ahora que está entrando en el ámbito legislativo?

Uruguay tiene una gran ventaja con todos los países latinoamericanos, que tiene que ver con ser un Estado laico, pero en un verdadero sentido de la laicidad. No sólo la Iglesia está separada del Estado, sino que la idiosincrasia conlleva a una defensa irrestricta de la laicidad.

Está muy bien que uno tenga fe, creencias, pero para eso hay los templos y las iglesias. Cuando uno está en el parlamento lo que se debate es el derecho positivo, es normativa para todos y no para un grupo que tiene una moral específica.

Por último, ¿qué mensaje usted enviaría a los militantes de la diversidad sexual acá en Brasil en este contexto de retrocesos?

En Uruguay, cuando tenía 15 años, ahora tengo 34, han pasado 19 años, era muy común escuchar en una radio o en cualquier medio masivo, muy alegremente y sin que a nadie se alarmara: “A los putos hay que matarlos a todos”. Y causaba gracia, causaba risa, a nadie le causaba estupor, a nadie alzaba una voz para combatir esas expresiones tan discriminatorias y destructivas. Diecinueve años más tarde, todo mundo sabe que si alguien manifiesta públicamente expresiones de ese tipo va a haber no sólo reacciones, sino que absolutamente políticamente incorrecto.

Esto ha marcado un cambio de sensibilidad y este cambio y evolución de la conciencia colectiva llevó a que hoy exista la primera senadora trans de Uruguay. Una mujer trans que es representante del Estado uruguayo en el órgano más representativo de la democracia de nuestro país. Entonces esto aunque  no significa que el país no sea discriminatorio (es un país en que hay discriminación y en que hay que trabajar mucho), significa que el trabajo arduo y sin pausa está dando sus frutos.

Llegar a este lugar no fue gratuito, sino que ha habido un trabajo constante de la sociedad civil por décadas. Y recién ahora se están viendo los frutos.

Entonces lo que yo les diría es que más allá de que hagan momentos difíciles, retrocesos y revisiones de los avances en derechos, los derechos se construyen todos los días y que sigan adelante, que después de los momentos de zozobra siempre sale el sol.

Edición: Vanessa Martina Silva