El miedo a la mujer

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Por Margarita Rosa de Francisco

Nuestro cuerpo, cuna de vida y causa de muerte, puede convertirse en una carga difícil de soportar.

El cuerpo de la mujer es uno de los símbolos eróticos con mayor poder. La imagen de una mujer desnuda es altamente inspiradora y perturbadora porque está cargada de metáforas alusivas a la explosión y destrucción de la vida. No resulta raro que el universo femenino active un terror primario en algún lugar de la psiquis masculina.

Joseph Campbell, en su primer tomo de ‘Las máscaras de Dios’, dice sobre esto: “El miedo a la mujer y el misterio de su maternidad han dejado en el hombre una huella no menos impresionante que la de los miedos y misterios del mundo de la naturaleza”. Así mismo nos cuenta cómo las primeras mitologías conocidas ubican a la mujer como una figura magnífica que se debate entre “la beatitud y el peligro”, representada en un motivo recurrente como es la vagina dentada que castra y la mujer naturaleza que da a luz y devora a sus hijos.

¿De dónde puede proceder la amenaza que ha suscitado en nuestra cultura el solo hecho de pertenecer al sexo femenino?

También creo que al mismo tiempo nuestro cuerpo como cuna de vida y causa de muerte puede convertirse en una carga difícil de soportar, en un motor de culpa y de sufrimiento, es un cuerpo que se desgarra todos los meses, que sangra a nuestro pesar y nos avergüenza (¿A qué mujer le gusta menstruar?). Desde ahí es posible mirar con resentimiento al hombre, criatura privilegiada y envidiable que está libre de una especie de maldición. “El hombre siempre intuye la peligrosa envidia femenina”, también dice Campbell, refiriéndose al miedo infantil a ser castrado que se instala en los primeros años del niño, al ver la diferencia física entre un sexo y otro.

Es posible temerle a la mujer porque su poder sexual raya con lo mágico. A ella, bruja y serpiente, le basta con administrar lo suyo con buen cálculo para que una presa rebelde caiga sin esfuerzo, mientras al hombre no le queda más que su fuerza física para someterla cuando no tolera el rechazo.

Estas y otras percepciones simbólicas estarían encriptadas en el inconsciente, por supuesto. Me pregunto si la simple observación de esta complejidad de lecturas sobre la mujer como símbolo es una oportunidad para identificar de dónde puede proceder la amenaza que ha suscitado en nuestra cultura el solo hecho de pertenecer al sexo femenino, así como también la concentración exacerbada sobre su sexualidad.

El miedo a la mujer es tan antiguo como el miedo a la muerte; de hecho, la muerte es femenina. ¿Servirá para algo conocer esa evidencia?

El Tiempo 

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Categories: Colombia, Opinión