La artesanía de Santa Cruz: Un patrimonio revitalizado en Bolivia

La artesanía de Santa Cruz: Un patrimonio revitalizado en Bolivia

Hacia fines de l984, una pequeña organización boliviana de artesanías en Santa Cruz, el Centro de Diseño, Investigación y Comercialización de la Artesanía Cruceña (CIDAC), hizo un recuento de las ventas de su primer año de actividad, registrando un total de US$1.800. Eso fue unas pocas semanas después de que la primera feria anual de artesanías del CIDAC incrementara los ingresos al dirigir la atención de los medios de difusión a este incipiente esfuerzo en beneficio de 150 artesanas afiliadas.

Saltemos al año 2007, cuando la tienda del CIDAC, propiedad de las asociaciones de artesanas federadas en ARTECAMPO, que la dirigen y financian, obtuvo ingresos brutos de más de US$300.000, distribuyéndose las ganancias entre 1.300 productoras y los fondos de las asociaciones que apoyan proyectos comunitarios. Además, las espectaculares artesanías de ARTECAMPO han sido expuestas en Chile, Brasil, Argentina, Colombia y España. Cuando se expusieron en el Museo Nacional de Arte de Bolivia, La Razón, prominente diario de La Paz publicó un artículo de nueve páginas sobre la inauguración.

Una emprendedora social

¿Cómo hicieron las mujeres indígenas y mestizas marginadas del interior de la nación más pobre de Sudamérica para convertir un comienzo tan humilde en un éxito del desarrollo de base? La participación comunitaria, una estructura administrativa a su medida, el desarrollo de productos, la comercialización imaginativa, la capacitación práctica y las inyecciones continuas de pequeñas sumas de ayuda del exterior son los elementos de una estrategia a largo plazo. También lo es el liderazgo de Ada Sotomayor de Vaca, la emprendedora social que reunió a las artesanas y un pequeño equipo de diseñadores, artistas y otros especialistas que ofrecen supervisión, orientación e ideas. Al aprovechar los recursos humanos y desarrollar otros, Ada y su equipo han estimulado a las mujeres a forjar un nuevo futuro para sí mismas y sus 64 comunidades.

Ada Vaca creció en un hogar afromestizo en la costa peruana. Como licenciada en servicio social, se sumergió en las complejidades de organizar comunidades en Lima. Allí conoció a Lorgio Vaca, uno de los muralistas y pintores más conocidos de Bolivia. Se casaron y se domiciliaron en Santa Cruz, la ciudad natal del pintor. Trabajar con las manos era natural para Ada, hija de carpintero, y aprendió a crear cerámicas y muebles de cuero de vaca para la exigente clientela de clase media que surgía en la ciudad. Cuando su marido perdió contratos del gobierno debido a su visible oposición a uno de los regímenes más represivos de Bolivia, las ventas del taller que tenía en su casa sustentaron a la familia.

Pero el interés de Ada se trasladó con el tiempo de su propio negocio a las artesanas subestimadas que sufrían las consecuencias de la discriminación —como mujeres, campesinas e indígenas bolivianas— y la explotación por parte de intermediarios inescrupulosos. Una avalancha de productos industriales estaba desplazando a sus artesanías a medida que Santa Cruz se transformaba en la economía de mayor crecimiento de Bolivia. Ada se propuso vitalizar estas artes fomentando la participación de las comunidades. Su visión, gusto refinado e incansable compromiso social motivarían a las mujeres artesanas a desarrollar su talento y su técnica y apreciar sus contribuciones al vibrante patrimonio multicultural de Bolivia. El equipo de Ada también se concentraría en el desarrollo de mercados especializados. Pero, ¿abriría la sociedad de Santa Cruz sus ojos, su corazón y su billetera a la belleza producida por artesanas de diversas etnias y comunidades rurales?

Conocí a Ada en 1982, cuando se comunicó conmigo por ser yo representante de la Fundación Interamericana para hablar de su propuesta de proyecto. Nos pusimos en contacto por intermedio de un amigo mutuo, un antropólogo con muchos años de experiencia en Bolivia. Ada, que tenía entonces 44 años de edad, y Lorgio participaban activamente en la Cooperativa Cruceña de Cultura, un distinguido grupo de artistas, arquitectos, sociólogos, pedagogos y artesanos con conciencia social, profundamente apegados a Santa Cruz. La cooperativa patrocinó discusiones de los temas que surgían de la rápida modernización y crecimiento; su revista, Debate, se concentraba en políticas públicas y problemas que habían sido ignorados en de una región considerada el motor económico de Bolivia. Ada dirigió la comisión de artesanas de la Cooperativa que se escindiría para formar el CIDAC.

Un inicio ambicioso

La propuesta de Ada me pareció demasiado ambiciosa. Solicitaba US$200.000 para un programa de tres años en ocho localidades muy distantes entre sí, que representaban a docenas de comunidades. No recuerdo haber analizado, ni anterior ni posteriormente, un proyecto que abarcara tantos grupos étnicos dispersos en una zona tan extensa. Era como ver ocho propuestas en una. Así que, después de varias reuniones e intercambios de correspondencia, negociamos un presupuesto más “realista” y redujimos el alcance de manera a abarcar tres localidades en un espacio de dos años. A continuación, la IAF aprobó una donación para cubrir sueldos modestos para un personal reducido, materia prima y visitas de observación; luego financió la compra de un auto usado para reducir el tiempo de viaje. Visto retrospectivamente, yo había subestimado el grado de preparación de CIDAC para emprender su programa. Durante la siguiente década, impulsado por alrededor de US$500.000 en fondos de la IAF, iría a ampliar su alcance mucho más allá de las comunidades originalmente contempladas.

El objetivo del CIDAC era crear una institución multiservicio multiestratificada que solo para comenzar abriera mercados, redujera costos de producción y mejorara las destrezas y la materia prima. Las pioneras en la estrategia de revitalización del CIDAC fueron las tejedoras de hamacas indígenas Guarayos de Urubichá, las tejedoras de sombreros de palma mestizas y chiquitanas de Buena Vista en la provincia de Ichilo y las ceramistas mestizas de Cotoca en la provincia de Warnes. “En cada localidad —explicó Ada— fui de casa en casa, visitando a las mujeres en sus hogares, para describir la misión del CIDAC y preguntarles sobre su trabajo. Examiné materiales, telares y hornos alfareros; ofrecí consejos para mejorar y diversificar los productos, y traté de aprender lo máximo posible sobre su proceso de producción y comercialización. Amplié mucho mis conocimientos y pude establecer la buena relación necesaria para incorporar mujeres al programa. Como mujer, tenía ciertas ventajas en este sentido”.

La estrategia de Ada logró atraer a 60 tejedoras de hamacas a quienes los intermediarios itinerantes habían estado pagando tan poco como unas barras de jabón por artículo terminado. El CIDAC comenzó a proveer hilo de calidad, colorantes en rosas y verdes intensos, instrucción en la creación de borlas y bordes en crochet, y un mejor canal de ventas en Santa Cruz. Entre las talentosas guarayas hay ahora personas que se destacan en pintura y escultura, aunque las tejedoras de hamacas todavía son las que predominan y lideran en ingresos. El tejido de sombreros con hojas de la palma jipijapa, originalmente una actividad de los varones, había sido asumido por las mujeres al participar los hombres cada vez más en la agricultura de subsistencia. Cuando el CIDAC llegó a Buena Vista, un solo comerciante compraba los sombreros y los revendía con un margen de beneficio del 500 por ciento. El CIDAC reclutó a 57 tejedoras para su programa y, según su práctica establecida, contrató a las más talentosas para ayudar a las demás a refinar sus destrezas. En Cotoca, a solo 20 minutos de Santa Cruz, nueve ceramistas estuvieron dispuestas a trabajar para mejorar la tecnología del horneado de alfarería y diversificar sus cerámicas de color tierra. Aunque el grupo no ha crecido mucho, sus cerámicas se distinguen por la innovación y su fina confección.

Al empezar en cada pueblo, por más pequeño que fuera, CIDAC tuvo que superar intereses arraigados y dudas en cuanto a sus intenciones. “Aunque el proceso de reclutar artesanas fue esencialmente exitoso tanto en Urubichá como en Ichilo —dijo Ada— circularon rumores de que nuestras prácticas eran explotadoras, lo cual debe de haber mantenido a distancia a algunas artesanas. Por supuesto que tales sospechas reafirmaron nuestra decisión de proceder con cautela y en forma progresiva, y de no hacer promesas exageradas. Nuestra estrategia fue comenzar una muestra manejable e incorporar gradualmente nuevas artesanas una vez que hubiésemos hecho mejoras y demostrado la comerciabilidad de los productos hechos por las mujeres ya integradas. Al final, ello nos permitiría ganar su confianza”.

Creación de una red regional

De los 11 grupos que siguieron al inicial en el programa del CIDAC, quizá el más sorprendente haya sido el de las mujeres chiquitanas que actualmente residen cerca del pueblo de Tajibos, que no se encontraba en la lista original de Ada de las comunidades con tradiciones artesanales rescatables. Los chiquitanos constituyen el grupo étnico más grande en Santa Cruz y en una época ocuparon el mayor territorio indígena. La presencia de misiones jesuíticas y, posteriormente, la incursión de actividades madereras y ganaderas quizá expliquen la pérdida de su tierra, su idioma y otros aspectos de su patrimonio. Las 16 mujeres chiquitanas que se incorporaron al programa del CIDAC comenzaron a aprender un nuevo arte, el bordado, y a decorar fundas para almohadas y crear cuadros bordados con escenas bucólicas y aldeanas y motivos florales y frutales en tonos intensos contrastantes. Además, llevaron el programa a los terruños chiquitanos en Lomerío y enseñaron a otras mujeres como ellas, lo que con el tiempo dio lugar a una línea de productos característica con la cual identificarse. Las bordadoras de Lomerío son ahora más numerosas que las de Tajibos.

Durante la primera década del CIDAC, el programa también comenzó a trabajar con los indígenas más golpeados por la pobreza: los pueblos izoceño y ayoreo de la árida región chaqueña cuyo extenso ecosistema se extiende hasta Argentina, Brasil y Paraguay. Los izoceños de habla guaraní viven a lo largo del bajo Parapetí a unas 10 horas en auto de la ciudad de Santa Cruz, habiéndose reducido su territorio original debido a la “colonización ganadera” del siglo XIX, cuando rancheros criollos soltaron sus animales para establecer “derechos de propiedad”. Con poco en cuanto a educación, tierra productiva y ganado, la mayoría de las familias que el CIDAC encontró vivía de la caza, la agricultura de subsistencia y la migración estacional de los hombres para cortar caña de azúcar en el norte de Santa Cruz. Las artesanías izoceñas habían comenzado a decaer al ir erosionándose las estructuras tradicionales de apoyo pero conservaban una iconografía de gran contenido simbólico que sugería el potencial para atraer a los compradores. El personal del CIDAC se propuso inspirar el respeto hacia la cultura izoceña para ofrecer opciones a las mujeres del lzozog que habían caído en la pobreza. Pero como los intermediarios que pasaron por allí habían pagado una miseria por sus bolsos, ponchos y hamacas hechos a mano, aquí también las propuestas del CIDAC fueron vistas inicialmente con desconfianza.

El CIDAC asignó a Hugo Pereira, sociólogo afroboliviano, la tarea de impulsar el renacimiento en Izozog. Pereira se enfrentó a la oposición del jefe local, pero su oposición amainó cuando su hermana se integró como artesana y, más importante aún, como líder en el programa de CIDAC. Al ir surgiendo otros problemas, el CIDAC se valió de los conocimientos de antropólogos y de los intelectuales guaraníes para ayudar a sortear este complejo ámbito social y cultural. Con el tiempo, la persistencia, la paciencia y los resultados del CIDAC abrieron el camino para que 118 hábiles tejedoras se integraran al programa, obteniendo todas ellas ingresos de sus excelentes diseños. Las izoceñas más jóvenes fueron incorporadas a las actividades de venta en la tienda de ARTECAMPO, lo cual ayudó a crear confianza y entendimiento entre la zona urbana de Santa Cruz y sus comunidades rurales.

Los ayoreos, también nativos de la zona amazónica boliviana, habían sido un pueblo nómada que se mantuvo literalmente al margen de la sociedad boliviana hasta la década de l950 cuando su asimilación fue acelerada por grupos misioneros que los asentaron en un nuevo hábitat y una vida más sedentaria. En décadas recientes, su supervivencia dependió de una combinación de agricultura de subsistencia, trabajo de jornalero, explotación forestal y, en las calles de Santa Cruz, de vez en cuando, limosna y las ventas de artesanías. Como pueblo, los ayoreos han sufrido múltiples formas de discriminación. El primer ayoreo en terminar la secundaria se graduó recién en el año 2007, lo cual resalta el déficit educativo en esta comunidad. Pero la destreza de los ayoreos era evidente en sus bolsos de fina textura hechos con fibra de garabatá, la cual habían teñido utilizando la vegetación local desde tiempos inmemoriales. Ada y sus colegas se admiraron de su creatividad, su habilidad y sus motivos sutiles y a la vez intrigantes que representaban su estructura social basada en los clanes. Para mediados de la década de 1990, unos 60 ayoreos se habían unido al programa del CIDAC. Sus bolsos se han vendido bien, incluso en Japón. Con la asistencia de un escultor local contratado por CIDAC, los ayoreos lanzaron luego una línea de artesanías talladas en madera que representaban personalidades y seres animados de su folklore basado
en sus bosques amazónicos.

La expansión del programa también llevó al CIDAC al pueblo de San Miguel, donde los talladores de madera chiquitanos crean reproducciones del arte religioso del siglo XVIII introducido por los jesuitas, y a la provincia de Valle Grande, donde las mujeres tejen frazadas, alforjas y alfombras de lana en telar, y crean figuras de vainas de maíz. En el año 2002, el CIDAC se extendió más allá de Santa Cruz para incorporar a mujeres ceramistas en Tentayapi, una aislada comunidad guaraní del departamento de Chuquisaca, y a pescadores weenhayek del departamento de Tarija, que se destacan en el tallado de diminutos pájaros. El CIDAC también organizó el Taller Experimental donde jóvenes urbanos indígenas han perfeccionado móviles y retablos, entre otros productos.

Formación de las asociaciones

Una clave del método del CIDAC para difundir su renacimiento fue organizar a las artesanas de las comunidades, elementos constitutivos de una estructura que vincula la ciudad al campo. Las asociaciones eligen directoras para mandatos de dos años y realizan reuniones y talleres periódicos dirigidos por mujeres distinguidas como maestras notables. Las artesanas establecen vínculos de amistad a medida que exploran su identidad como mestizas e indígenas bolivianas que son víctimas de la discriminación, incluso en sus propios hogares. “Antes de integrarme a la asociación, era muy tímida cuando me encontraba en un grupo de gente”, observó una tejedora de hamacas guaraya de Urubichá a mediados de la década de 1990. “El simple acto de ir al porche de un vecino e iniciar una conversación era aterrador. Pero debido a la asociación me vi forzada a asistir a reuniones mensuales y, con el tiempo, me acostumbré a hablar delante de otras mujeres. En nuestras clases teníamos ejercicios de preparación de facturas y documentación de nuestras transacciones. Pude reaprender las habilidades básicas de escritura que había perdido por falta de práctica”.

Inicialmente, cada asociación nombró de entre sus filas a una “coordinadora” que se desempeñaría como enlace con el CIDAC para distribuir materia prima, reunir productos para la venta en Santa Cruz y registrar transacciones financieras, apuntaladas en su gestión por profesionales del CIDAC. Con el tiempo, la coordinadora se convirtió en la responsable de producción, administración y contabilidad, reflejando las destrezas necesarias, y recibió un estipendio mensual financiado con las ventas de la asociación. Hoy día, cada asociación tiene dos responsables que además de sus deberes originales controlan el inventario y el calendario de producción, ayudan a artesanas individuales con la contabilidad en sus libros, comunican instrucciones y comentarios, transportan artículos a la oficina administrativa en Santa Cruz y anotan información detallada sobre cada pieza en un archivo informático.

El apoyo constante de la IAF a lo largo de una década dio lugar a la consolidación de una estructura estable para encauzar recursos adicionales a un programa que incorporaba constantemente artesanas y comunidades nuevas. La estructura formada por asociaciones que producen artesanías coloridas y singulares ha sido esencial para atraer fondos de donantes estadounidenses, europeos, multilaterales y bolivianos. Siete de las asociaciones más sólidas se beneficiaron del programa de donaciones creado por el Banco Mundial en respuesta a la crisis social derivada de la aplicación por parte de Bolivia de recetas de reformas económicas neoliberales. Gracias a la inversión por parte del gobierno boliviano de estos fondos en la construcción con uso intensivo de mano de obra en comunidades de bajos ingresos, las siete asociaciones adquirieron infraestructura que consistió en oficinas, salas de muestras, salones de reunión, tiendas y espacios para talleres, almacenamiento y reuniones sociales. Además, un porcentaje de las ganancias fue asignado por algunas asociaciones a fondos sociales que apoyan, por ejemplo, el desarrollo de mejores papas para siembra, el cultivo de algodón nativo, la adquisición de una propiedad, las existencias para una tienda textil e incluso exposiciones artesanales. El estudio de Oxfam-America sobre el desarrollo de base en la región amazónica, Amazonia: Economía Indígena y Mercado, Los Desafíos de Desarrollo Autónomo, elogió a este fondo social por su eficacia en la promoción de inversiones beneficiosas para la comunidad.

Las asociaciones facilitaron además los intercambios entre las localidades. Este tipo de visita se practica ampliamente en el desarrollo de base porque ayuda a los individuos a forjar sistemas de apoyo mutuo e intercambiar experiencias e ideas. Las artesanas del CIDAC se beneficiaron considerablemente de los intercambios con colegas de otros grupos étnicos. Vi a mujeres izoceñas hablar entusiasmadas de la actitud segura de las mujeres guarayas. Los intercambios se intensificaron cuando las asociaciones existentes dieron un gigantesco paso hacia adelante con la formación de la federación ARTECAMPO, un organismo multiétnico que habla con una voz representativa a las autoridades regionales y al público general. En 2007, el 20° aniversario de ARTECAMPO reunió a 70 delegadas de las 14 asociaciones para tratar los temas básicos del desarrollo de base. Ellas se turnaron para presentar balances, tendencias de ventas y planes de trabajo para análisis y discusión. El técnico del campo de CIDAC Andrés Castillo suministró sus evaluaciones de la gestión administrativa y financiera de cada asociación.

La discriminación de género, la identidad cultural y la importancia de la artesana han llegado a ser temas de destacado interés en las reuniones, y las mujeres reflexionan sobre su triple jornada. “Pensamos en nuestra situación injusta, ya que nuestra jornada consiste en levantarnos temprano, limpiar la casa, hacer las camas, preparar el desayuno, buscar el agua, dar de comer a los animales, vestir a los niños para la escuela, lavar la ropa, preparar y llevar el almuerzo a nuestros maridos en el campo, hacer el café para la siesta, tejer un sombrero de paja, preparar la cena, lavar los platos, limpiar la cocina, y luego volver a tejer durante las horas restantes del día”, observó una tejedora de sombreros. Elba Montano, tejedora de hamacas, dijo cuando fue presidenta de ARTECAMPO: “Nosotras las mujeres del campo hemos agregado a nuestro trabajo de tiempo completo del hogar y la granja, la tarea artesanal. Sin embargo, no somos simplemente artesanas. También somos trabajadoras culturales porque mantenemos vivas nuestras tradiciones, aumentamos nuestro entendimiento de nosotras mismas y ofrecemos nuestros productos para que otros los disfruten. Somos una parte importante del desarrollo económico de la región aunque muchos se rehúsan a reconocer este hecho”.

Sin embargo, a pesar de importantes adelantos, las asociaciones invariablemente se enfrentaron a desafíos al luchar por crear estructuras administrativas democráticas caracterizadas por ser competentes y responsables. Tampoco fue fácil para las mujeres de bajos ingresos con estudios limitados desempeñarse como contadoras y administradoras. Para fines de la primera década del programa del CIDAC, las destrezas para crear productos artesanales habían evolucionado mucho más que las precisadas para dirigir un emprendimiento social que ofrece servicios y capacitación.

El antropólogo boliviano Antonio Ugarte, quien realizó el monitoreo de las asociaciones a fines de la década de 1980, informó a la IAF que la informalidad y falta de reglas, responsabilidades y procedimientos de éstas permitió que ciertos líderes artesanos se beneficiaran de manera desproporcionada de los recursos del grupo. Esta situación en la que un individuo clave para el funcionamiento de la organización no puede ser fácilmente responsabilizado o reemplazado constituye un caso frecuente en el desarrollo de base. Esta característica problemática causó a CIDAC y ARTECAMPO momentos difíciles y considerables reflexiones introspectivas.

A mediados de la década de 1990, a Malena, hija de Ada, historiadora del arte, la convirtieron por necesidad en jefa de planificación del CIDAC, encargada de reevaluar las actividades y recomendar cambios. La muy capaz Malena argumentó en favor de más frecuentes asambleas de ARTECAMPO para resolver los problemas a medida que surgieran y alentó a las artesanas a mejorar su alfabetismo, repasar temas de la escuela primaria e inscribirse en cursos cortos para aprender a redactar informes, dirigir reuniones y discusiones, formular proyectos básicos de desarrollo comunitario o fomentar una mayor participación. “Eso —dijo ella —preparó a la larga el camino para delegar la administración financiera en algunas afiliadas”. Una transición hasta el punto en que las responsables en 12 de las 14 asociaciones pudieran manejar la cuenta bancaria tomó varios años, pero CIDAC-ARTECAMPO siguió pujando por institucionalizar las prácticas. Las responsables ahora producen los balances anuales de sus asociaciones, que se presentan y consideran en la reunión general anual de ARTECAMPO.

Un mercado nuevo

En 1984, la tienda del CIDAC abrió sus puertas en un encantador edificio de un piso a solo seis cuadras de la plaza central de Santa Cruz, como heraldo del renacimiento cultural de la región. Inicialmente, la variedad de productos de las tierras bajas orientales de Bolivia contrastaba con la selección de artesanías aymara y quechua de las tierras altas occidentales que llenaba las otras tiendas. Una sala de exposición al estilo museo también distingue a la tienda.

Con solo poner un pie adentro se siente una descarga de adrenalina. Todo tipo de artículos de diferentes tamaños, formas, colores y diseños están organizados por asociación en las paredes, estantes y plataformas. Una selección de cubrecamas, manteles, individuales, cinturones y bolsos muestra cómo las tejedoras guarayas han diversificado su línea. Sombreros clásicos de Ichilo de tejido tupido pero flexible y elegantemente femeninos se encuentran junto a cestos y pequeñas cajas ovaladas y rectangulares del mismo material. En un nicho, pájaros de color cacao, una vasija con forma de pato de elegantes proporciones, urnas, figuras de animales y pantallas decorativas de arcilla para lámparas demuestran la técnica e imaginación de las artesanas de Cotoca. Al lado de las hamacas, bolsos y tapices de coloridas rayas de Izozog están los rojos, verdes y amarillos intensos de las alfombras y tapices de Valle Grande y figuras hechas de vainas de maíz. (PETROBRAS, la empresa petrolera estatal brasileña que ha realizado importantes inversiones en Bolivia, encargó 12.000 de estos muñecos, pedido que tomó a las artesanas de Valle Grande un año en despachar.)

Textos y fotos identifican a las mujeres, sus tecnologías, asociaciones y localidades y cuentan algo de su historia. “Estamos tratando de informar a nuestros clientes sobre la vida y el trabajo de las artesanas indígenas y mestizas”, dice un cartel. “Queremos demostrar que en pueblos remotos hay productores talentosos de origen indígena que permanecen ocultos e ignorados. Otro objetivo es informar a los clientes sobre los precios justos y la menor disponibilidad de materia prima a la que se enfrentan algunas comunidades”. Entre los compradores que aprecian los productos se cuentan hombres de negocios y funcionarios públicos que buscan el regalo perfecto para visitantes. Varios bancos de Santa Cruz han expuesto los productos de ARTECAMPO en sus vidrieras. La proliferación de empresas que venden copias de los diseños del CIDAC-ARTECAMPO, hechas sin el mismo control de calidad, es el halago más sincero.

El reconocimiento del CIDAC-ARTECAMPO en el mercado ha aumentado debido a numerosos artículos en los medios de difusión sobre su impacto cultural, social y económico en Santa Cruz en los últimos 25 años. La feria anual de artesanías celebrada desde l984 atrae un bombardeo mediático de los nuevos diseños y productos disponibles a los compradores durante la época de Navidad. Las publicaciones turísticas identifican la tienda como un lugar de obligada visita. La influencia del CIDAC-ARTECAMPO parece verse por todos lados, incluso en las carrozas de carnaval y en las boutiques de Miami que venden creaciones de diseñadores cruceños residentes. Hace unos años, cuando Miss Bolivia desfiló por el escenario en la competencia de traje típico de un concurso de belleza latinoamericano celebrado en Quito, vistió un llamativo conjunto en rojo y negro reconociblemente en la tradición perpetuada por las artesanas de ARTECAMPO en Valle Grande. En oportunidad de la Cumbre del 2004 de presidentes latinoamericanos, la exposición de ARTECAMPO en el Hotel Tajibos fue un símbolo apropiado e impresionante del orgullo en un patrimonio multicultural que se está extendiendo rápidamente por toda Bolivia.

Resultados

Para el año 2002 las actividades de venta de las tiendas eran totalmente autosuficientes y CIDAC cedió el control a ARTECAMPO. En años recientes, ARTECAMPO adquirió las concesiones “duty free” de los aeropuertos internacionales de Santa Cruz y La Paz y un local de venta en un elegante barrio de esta última. Las organizaciones han aprendido a asignar el 18 por ciento de cada venta a gastos generales, consistentes en ocho sueldos de tiempo completo y la factura de servicios públicos. La capacitación incluye visitas en la ciudad para reunir la información necesaria para calcular precios realistas y exponer a las artesanas a la dura competencia a la que se enfrentan. Para conservar una ventaja en el mercado cada vez más bombardeado con artículos más baratos importados de Asia, son esenciales las normas elevadas, la innovación constante y las técnicas más modernas. Controlan la calidad las dirigentes de la asociación, quienes, al establecer los precios, asignan a las piezas destacadas un “premio” que representa un precio superior; Ada y la gerente de comercialización de ARTECAMPO Patricia Rojo también están integralmente involucradas en esta dinámica de control. En los últimos tres años, el CIDAC presentó 73 diseños nuevos, algunos creados por Ada, la ceramista Olga Ribera y Graciela Niera, quien tiene una gran sensibilidad para los colores e imágenes de la selva amazónica. Lorgio Vaca, designado como “voluntario”, contribuye con grandes conceptos, y las artesanas también aportan. El desarrollo de productos es un proceso interactivo con diseñadores, artistas, maestras notables y artesanas que adaptan, modifican e innovan. Los expertos han inyectado sus perspectivas frescas en el proceso.

“Hemos usado el mejor talento local”, dijo Ada. “Lorgio y un grupo de ceramistas de Santa Cruz han estudiado los distintos tipos de arcilla y vidriados y sus usos. También brindaron capacitación a las artesanas en las tecnologías de hornos alfareros y en técnicas tales como la producción de tejas. Olga Ribera es desde hace mucho tiempo un pilar multifacético de nuestro programa. Hemos traído extranjeros a Santa Cruz. Una mujer ecuatoriana enseñó a las tejedoras de sombreros a innovar utilizando círculos concéntricos de color. Tejedores japoneses les enseñaron técnicas de uso de la palma y ceramistas de Japón les enseñaron técnicas de cocción en Cotoca. El ceramista argentino Jorge Fernández Chiti ha ofrecido cursos con nuestro patrocinio. Ramón Lándivar, estadounidense de ascendencia boliviana que ahora trabaja en el sudoeste de EE.UU., enseñó técnicas para reproducir la cerámica precolombina”.

Las ventas reflejan variaciones considerables entre las asociaciones. En un extremo, las tejedoras de hamacas guarayas obtuvieron ingresos brutos de US$60.535 en el año 2007; los ingresos de las bordadoras, pintoras y escultoras aumentaron el ingreso total guarayo a US$156.281. Los empobrecidos izoceños y ayoreos obtuvieron ingresos de US$13.429 y US$10.770, respectivamente, y la incipiente asociación en Tentayapi obtuvo solo US$1.346 de las cerámicas transportadas desde del departamento de Chuquisaca a la lejana Santa Cruz por trabajadores de la Cruz Roja Suiza. Según un estudio realizado hace varios años, las artesanas de ARTECAMPO ganan un promedio del 36 por ciento de sus ingresos familiares respectivos (siendo el resto atribuible a la agricultura de subsistencia y los jornales de los hombres). En todas partes las ventas, por asociación, reflejan el factor humano al ir las artesanas envejeciendo, muriendo, migrando, enfermándose, abandonando el programa, independizándose o recurriendo a otras organizaciones y comerciantes. Actualmente, las exportaciones representan de un 10 a un 15 por ciento de las ventas, mientras ARTECAMPO sigue concentrándose en el mercado nacional. Los diseñadores neoyorquinos que aconsejan a Aid to Artisans (un organismo internacional que trabaja con la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional, USAID) consideran alto el potencial de exportación de las artesanías de ARTECAMPO. Los productos han sido vendidos en línea por la empresa Salvatierra Imports.

Sin embargo, la importancia de ARTECAMPO no puede medirse exclusivamente por los ingresos. Los técnicos de campo del CIDAC recientemente documentaron la magnitud de esta experiencia de desarrollo de base de un cuarto de siglo con respecto a las 6.000 artesanas que se han beneficiado económicamente de esta revitalización de las tradiciones artesanales típicas de Santa Cruz. La pregunta es si ARTECAMPO puede convertirse, al igual que su programa de comercialización, en autosuficiente. Ahora las asociaciones dependen menos de CIDAC en cuanto a asistencia técnica, aunque el apoyo que les brinda todavía es clave. CIDAC, por su parte, depende de la ayuda exterior, aunque menos que en el pasado. Pero, ¿dónde encontramos un ejemplo de una asociación regional de artesanos que haya logrado la independencia financiera? Los desafíos que enfrentan se ven intensificados por la polarización política en Santa Cruz y por el movimiento por la autonomía de la región. Además de las tensas relaciones con el gobierno boliviano en La Paz, esta situación ha resultado en una reducción del turismo, y la manipulación e intensificadas divisiones de las comunidades indígenas. Las artesanas se han visto perjudicadas, aunque sus productos siempre se venden.

Ada, que ahora tiene 70 años, está reduciendo la cantidad de viajes que realiza para controlar el trabajo. Aún comparte y compara experiencias en eventos en Bolivia y el exterior, y está ayudando al CIDAC a sentar las bases de un museo para exponer artesanías de toda América Latina. El futuro de ARTECAMPO está en las manos de las maestras notables, y Ada confía en ellas. “Es responsabilidad de estas artesanas talentosas —sostiene— capacitar a muchas otras para un mercado en el que la demanda de nuestros productos excede la oferta”.

Kevin Healy es representante de la IAF para Bolivia y Colombia. Este artículo es una versión actualizada de un capítulo de su libro Llamas, Weavings and Organic Chocolate (Notre Dame Press: 2001). El autor quiere agradecer la colaboración de Marisol Susano y Yoshi Higa Kishimoto, de CIDAC, y de Claudio Vaca.

Spanishiaf 

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