Cinco historias para combatir el éxodo rural

Ashmita Thapa (Nepal) – ABC

La FAO lleva a cabo proyectos de desarrollo rural en todo el mundo para permitir a las poblaciones que se queden en sus hogares


El mundo está en constante movimiento. A día de hoy y debido al aumento de los conflictos y la inestabilidad política, se han visto obligadas a huir de sus hogares más personas que en cualquier momento desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, el hambre, la pobreza y un aumento de los fenómenos metereológicos extremos relacionados con el cambio climático son otros factores importantes que contribuyen al desafío migratorio. En 2013 se estimó en 763 millones el número de personas que se trasladan dentro de las fronteras nacionales, lo que significa que hay más migrantes internos que migrantes internacionales.

Gran parte de los migrantes proviene de zonas rurales, donde más del 75% de los pobres y de la población que padece inseguridad alimentaria del mundo dependen de la agricultura y de los medios de subsistencia basados en los recursos naturales.

Con motivo del Día Mundial de la Alimentación, que se celebra el 16 de octubre bajo el lema «Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural», la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) ha querido poner el foco en los proyectos que está desarrollando en muchos lugares del mundo para luchar contra el éxodo rural. Les presentamos cinco de ellos y a sus protagonistas. 763 millones de personas se trasladan dentro de las fronteras nacionales

Manuel Figueroa, de 20 años de edad, ve ahora un gran potencial donde antes veía falta de oportunidades en su pueblo rural de Guatemala. Manuel es uno de los 60 hombres y mujeres jóvenes que fueron seleccionados para convertirse en agentes de desarrollo rural dentro de sus comunidades, gracias a una iniciativa de la FAO. «Creo que dentro de cinco años podré formar parte de una empresa o de un complejo de ecoturismo que sea productivo y que siga funcionando el tiempo suficiente como para generar empleos y ayudar a las familias a experimentar un desarrollo económico», dice Manuel.El proyecto en que él colabora se llama «La factoría del emprendimiento» y funciona como un centro de formación e incubación de propuestas comunitarias dirigidas por los jóvenes rurales, con fuertes raíces agrícolas, pero con una apertura a otros sectores, como el ecoturismo, las energías renovables y la reforestación. «La base de la dieta y el bienestar de todo un país está arraigada en las mismas comunidades donde se cosechan los productos necesarios», dice Manuel.

Disponibilidad de alimentos nutritivos

Said Touety es un criador de ovejas que vive en el noroeste de Túnez con su madre de 90 años de edad. Viven en Tajerouine, gobernación de El Kef, una zona seca y remota en la frontera con Argelia. «Esta zona está aislada y la mitad de su población se marchó, pero yo me quedé», dice Said. A pesar de poseer un título universitario en matemáticas, Said estuvo desempleado durante 12 años. Dice que le gustaba trabajar con ganado, que había aprendido de su padre, pero para criar ovejas necesitaba recursos y «mi situación financiera no era buena».

Said estaba listo para migrar a Italia, siguiendo a otros hombres de su comunidad. Gracias al proyecto de la FAO, Said aprendió a gestionar una granja de ovejas ecológica y recibió un rebaño de 55 ovejas. Ahora tiene la opción de ganarse la vida en su propia comunidad y la migración ya no es el único camino viable para salir de la pobreza.

Tshitita Godet, de 18 años de edad, está tratando de reconstruir su vida después de perder a sus padres como consecuencia de la violencia en la región de Kasai, en la República Democrática del Congo. Tshitita se vio obligada a huir de su casa y caminó durante una semana hasta encontrar a algunos de sus parientes. «Mi vida ha cambiado. Antes, podía comer y vestirme bien. Mis padres tenían cabras y cerdos. También teníamos muebles. Hoy no me queda nada».

Con la ayuda de la FAO, Tshitita ha recibido semillas y herramientas y una pequeña parcela de tierra, donde ahora está plantando espinacas, gombo y berenjenas. La FAO está proporcionando semillas de hortalizas y aperos de labranza en las regiones de Kasai y Tanganica, que se han visto severamente afectadas, para impulsar la producción de alimentos rápidamente y aumentar la disponibilidad de alimentos nutritivos entre las personas desplazadas y las comunidades de acogida.

Yimam tiene 28 años y vive en el distrito de Kalu, en la región de Amhara, norte de Etiopía. Muchos jóvenes como Yimam se han visto obligados a emigrar a otros países en busca de trabajo y una vida mejor. En su caso de Yiman se trató de Arabia Saudí. «Yo dependía de mis padres. No ganaba lo suficiente para cuidar de mi esposa y de mi hijo. Emigré para tener suficiente dinero para mantener a mi familia», dice. Yimam rememora su viaje a lo que se suponía que era una vida mejor, pero tras muchas penurias fue deportado a Etiopía.

Gracias a un proyecto sobre movilidad de los jóvenes rurales apoyado por la FAO, que comenzó a principios de 2017 en su localidad, fue seleccionado para formar parte de una iniciativa de horticultura. Junto con otros 15 jóvenes, está cultivando coles, cebollas y frijoles en un terreno proporcionado por la administración local. «Estoy feliz de trabajar en mi propio país. Estoy trabajando para cambiar mi vida», afirma.

Ashmita Thapa, de 21 años de edad, vive en el sur de Nepal, en Narapani-2, en la zona de Bhuwan Danda. Ha estado casada durante seis años. El año pasado su esposo se marchó a trabajar a Arabia Saudita. Él era un granjero antes de esto y cultivaba alimentos suficientes para la familia.

Pero las cosechas son ahora cada vez más pobres, dice ella, como consecuencia del cambio climático. No llueve tanto como antes, las infecciones de plagas están aumentando y los vientos son más fuertes. «Tenemos menos de la mitad del maíz que solíamos tener», dice Ashmita.

Nepal es uno de los países más afectados por los efectos del cambio climático. Los campesinos son los más afectados. La pobreza y los efectos del cambio climático están empujando a las personas a migrar.

Gran parte de los migrantes viene de zonas rurales«Nos estábamos enfrentando a muchos problemas. El año pasado nos hablaron sobre este proyecto. Nos sentimos felices porque tendríamos una solución a nuestros problemas», dice. Como parte del proyecto apoyado por la FAO, Ashmita y unos 3.000 agricultores aprenden a cultivar productos mejor adaptados a los efectos del cambio climático y practican una agricultura inteligente y sostenible.Los agricultores prueban variedades diferentes de cultivos y usan técnicas distintas para determinar qué cultivos son los mejores para sus tierras. Aprenden a través de la práctica. También reciben apoyo para criar animales aprendiendo qué y cuándo alimentar a sus animales.

ABC

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