Historia de las mujeres un discurso zapatista / 248

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Barricada de la APPO en la ciudad de Oaxaca, 2006. Foto: Nadja Massün

 

Por Comandanta Miriam, EZLN

Voy a platicar un poco de la historia de las mujeres, de las abuelas de nuestros bisabuelos, de nuestros tatarabuelos que fueron explotados en las fincas. Antes, cuando estaban los finqueros, los rancheros que decimos, nuestras abuelas fueron explotadas, discriminadas, porque nunca lo tomaron en cuenta, que la mujer no sirve para nada, que la mujer no vale nada, que la mujer sólo sirve para tener hijos, para cuidar la casa. Nuestras abuelas sufrieron durante mucho tiempo de la esclavitud porque ellas están sometidos de tantos trabajos por los patrones. Nuestras abuelas se levantan muy temprano para hacer todo el trabajo necesario de la casa, porque al amanecer tienen que ir a trabajar en la casa del patrón.

Nuestras abuelas, cuando se enferman, el patrón nunca le da permiso a que descanse sino que es obligado, tienen que trabajar y cuando se van en la hacienda en el trabajo las maltratan, las humillan, las desprecian por ser pobres y por ser mujeres. Nuestras abuelas cuando trabajan en casa del patrón tienen que dejar listo lo que comen sus hijos y su esposa, cuando llegan a la casa del patrón ella tienen que agarrar un trabajo de lavar la ropa, de barrer la casa, lavar los platos y todo lo que les dice el patrón tienen que hacer.

Las mujeres jóvenes trabajan con el patrón, les obligan que quiere que lo atiendan pues cuando llega el patrón, le quitan los zapatos, lo sacan, o sea lo llevan todo lo que necesitan para ir a bañar, es lo que hacen las muchachas y a veces ahí son violadas. Y así fue el sufrimiento de nuestras abuelas porque ellos a veces les dan el trabajo duro, el más duro trabajo es que muelen la sal del ganado, y cuando es tiempo de cosecha de café las mujeres se van porque le dan un costal de café despulpado para quitar la cáscara, todo el día tienen que trabajar ahí nuestras abuelas, y el día de descanso, que dicen los patrones, que no llegan a la casa grande del patrón a trabajar porque se turnan las abuelas.

No es porque descansan sino que tienen que ir a la milpa a cargar el maíz, a cargar la leña, a limpiar la milpa, porque nuestros tatarabuelos nunca pudieron pagar su deuda porque cada mes, cada vez, cuando rentan un pedazo de terreno tienen que pagar en el trabajo del patrón, no tuvo tiempo para limpiar sus milpas, por eso nuestras abuelas son ellas que tienen que trabajar duro.

Es lo que pasó con nuestras abuelas, pero hay otros que son los mozos, los criados que dicen que siempre están dentro de la casa del patrón, que no tienen familia sino que el patrón lleva a la casa grande los niños huérfanos y son los criados del patrón, y esos que llegan ahí, los niños o niñas son del patrón, porque los explotan, porque ahí no tiene libertad para jugar.

Ellos cuidan los animales, los puercos, los perros, las gallinas, cargan agua, cargan leña, desgrana maíz, si son niños chicos, si no pueden desgranar el maíz, la patrona llega donde están las hormigas y le meten la mano a los niños aunque lloran los niños, nadie los defiende, nadie los escucha y así sufrieron muchos años.

Y cuando ya son hombres grandes les cambian el trabajo, les ponen como si fueran los arrieros que trasladan las mercancías, los productos que cosechan el patrón, a las ciudades; ellos son muy maltratados, hasta a veces nos da tristeza cuando nosotros nos cuentan los niños. Los patrones cuando hacen fiesta con sus compadres, sus amigos, los criados, los niños que son criados ahí en esa hacienda le dejan en la puerta. No los dejan entrar ni un perro a la casa donde está conviviendo el patrón con sus amigos, no les daban de comer todo el día, a veces sólo les da tiempo para tomar un poquito de pozol, es lo que le pasa así los criados.

Cuando se van en las ciudades a traer mercancía, porque los patrones traen todo lo que necesitan, la gente que estaban ahí viviendo dentro de su rancho como si fuera la tienda de raya, ahí sacan todo lo que necesitan y aumenta y aumenta sus deudas que nunca lo pueden pagar, así sufrieron nuestros abuelos y abuelas y así sufrieron las mujeres maltratadas que nunca tuvieron el derecho de reclamar.

Después decían nuestros abuelos que un día se dieron cuenta de la explotación y el maltrato, salieron y subieron a las montañas porque los patrones lo tenían acaparado todas sus tierras buenas pero el cerro no lo quiere porque es cerro, porque hay pedregales, nuestros abuelos salieron a refugiarse a vivir ahí en los cerros para que pudiera salvarse un poco de la explotación. Por familia fueron huyendo en las montañas, buscaron dónde hay agua, ahí vivieron mucho tiempo, después se dieron cuenta que no debe ser así, estar separados.

Nuestros abuelos tuvieron que buscarse en el lugar donde están para bajar a buscar un pedazo de tierra donde vivir en la comunidad y así hicieron, los poblaron, en un lugar se juntaron, volvieron a regresar y ahí formaron una comunidad para poder trabajar así en común.

Gracias a nuestros abuelos que ellos nunca dejaron de trabajar en común, en colectivo, y así fundaron sus poblados, no eran ejidos, son poblados, pero más aún no salieron en la libertad nuestras abuelas, porque nuestros abuelos traían un pensamiento del patrón, aprendió del patrón de cómo trataban a las mujeres y ya después aparece el patroncito de la casa, los hombres no respetan a las mujeres, las maltratan, lo golpean a las mujeres, lo humillan a las mujeres.

Y después, ya ahí es donde los padres cuando nacemos como niñas no somos bienvenidas en este mundo porque somos mujeres, pero si nace un niño ahí sí hacen fiesta porque nace un niño, que el niño vale más, que el niño es el que puede hacer el trabajo; las mujeres sólo servimos para la casa, para cuidar niños; es lo que se metió en su cabeza nuestros abuelos. Pero después cuando había escuelas nosotros no nos mandaba a la escuela nuestra mamá, ¿por qué? Porque nos enseña a cargar el hermanito, a lavar la ropa, a moler la masa, a tortear la tortilla, porque lo que aprendemos es lo que dicen ellos, que si nos casamos ya sabemos atender nuestros esposos, es lo que decían nuestras mamás.

Por eso muchas de las mujeres no saben escribir, pero después nos dimos cuenta que gracias a nuestra organización nos dio este lugar como mujeres, pero falta todavía para poder tomar ese lugar. Y es lo que nosotros tenemos que ocupar nuestro lugar donde nos han arrebatado durante muchos años que nos han negado nuestros derechos, por eso estamos tomando nuestro lugar como mujeres, pero tampoco quiere decir que nosotros lo vamos a despreciar a los compañeros a que nosotros somos más que ellos. Lo que queremos entendernos es que tenemos que respetarnos, respetémonos a las compañeras y que nos respetemos a nuestros compañeros.

Pero lo estamos viendo el gobierno nos trata de engañar una vez más con sus recursos económicos, con sus políticas y culturales donde nos quieren meter malas ideas, donde nos quieren quitar otra vez nuestras tierras y no sólo van a quitar las tierras buenas sino nos quieren quitar todo, absolutamente todo, hasta los cerros. Es lo que hace el gobierno ahora, es lo que quiere quitar otra vez, pero nosotros no lo vamos a permitir.

Su plan neoliberal no sólo quiere conquistar a un país, sino que quieren conquistar todo el mundo y si nosotros no hacemos nada, si no nos organizamos, tal vez vuelva otra vez como nuestros abuelos que sufrieron, que vamos a ser explotados, más peor como sufrieron nuestros abuelos y abuelas, y eso, compañeros y compañeras, no vamos a permitir.

Pero ni pensemos que con el Concejo Indígena de Gobierno, ni con nuestra vocera, no vamos a pensar que ellos nos van a salvar. Cada uno de nosotros tenemos que salvarnos, porque si no hacemos nada, nuestra vocera tampoco nos va a salvar, porque no es ése que manda pues, es el pueblo que tiene que dar la fuerza a nuestra vocera, es el pueblo que manda y nuestra vocera y nuestro Concejo de Gobierno tienen que obedecer al pueblo. Es lo que queremos, que no tengamos miedo a nadie, luchemos donde quiera que estemos, en nuestra colonia, en nuestro paraje, en nuestro centro de trabajo.

Caracol de Morelia, Chiapas

14 de octubre de 2017

La Ojarasca

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