El vuelo de Cali hacia el ecoturismo

Por Juan Ricardo Pulido 

La frase que muchos llevamos en la cabeza es una que quizá por el amor al artista, por lo contagioso de la melodía, o por la calidad de la obra; no hemos analizado como se debería. Es probable que la hayamos cantando tantas veces, que inconscientemente nos hayamos olvidado de visitar la loma por quedarnos en la magia intrínseca con la que se viste la ciudad de Cali.

Esta vez parte del plan era conocer la otra Santiago de Cali, la de occidente. Esa que regularmente uno no visita. Tomamos la vía que comunica con Buenaventura, la salida al mar. Dejamos la ciudad por la Avenida Sexta, buscando la cordillera. Viajamos hasta el kilómetro 18 y giramos hacia el oriente, unos 10 minutos más y llegamos al paraíso de los colibríes.

La ciudad de Cali está integrada por 15 corregimientos que ocupan los 649 kilómetros cuadrados de la ciudad bañada por siete ríos. Es custodiada por la cordillera occidental que, desde lo alto, vigila el valle del río Cauca. Me había quedado en la salsa, en el museo a Jairo Varela, en un chola´o, unas marranitas, pero no en la loma. Esa mañana salimos a conocer una de las más recientes maravillas que se ha descubierto en la ciudad, el paraíso de los colibríes.

Foto:  Andrés Caro.Foto: Andrés Caro.

“Un día se me ocurrió poner un florero delante de la casa. Tomé una botella de gaseosa, la pinté y la ubicamos en la parte de la galería de la casa, la colgamos. Entonces empezamos a ver que llegaban uno, dos especies. Empezaron a llegar 20, 30 pájaros, colibríes; y empecé a ver que el florero no daba a vasto, así que tuve que tomar una decisión y puse un segundo plato”.

Foto:  Andrés Caro.Foto: Andrés Caro.

Su nombre es Raúl Horacio Nieto, nació en ciudad Pergamino en Argentina, es maestro Reiki, y desde hace algunos años que se enamoró de Colombia y de Elsa Ruíz, su esposa. Ha dedicado gran parte de sus días a promover el turismo con avistamiento de aves, desde su finca Alejandría, aquí en el occidente caleño.

Foto:  Andrés Caro.Foto: Andrés Caro.

“Ya después de dos meses había 40 en un lado, 40 en el otro.  Le dije a mi esposa, yo tengo la solución, puse cuatro… Jejeje”.

Foto:  Andrés Caro.Foto: Andrés Caro.

Así nació Alejandría, el paraíso de los colibríes. Un lugar privilegiado por su estratégica ubicación, y reconocido como uno de los mejores espacios del mundo entero para disfrutar del avistamiento de aves. Elsa y Raúl llegaron a la región en el año 2006, buscando un lugar de descanso, un espacio tranquilo, y lo encontraron. En el occidente de la ciudad de Cali, en la vereda La Elvira, corregimiento del mismo nombre, se encuentra ubicada la finca Alejandría. Al espacio llegan diariamente colibríes, tucanetas, tángaras, gorriones, silfos, azulejos, pájaros carpinteros, barranqueros, uno que otro quetzal y guacharacas. Se recibe también la visita de monos, perros de monte, ardillas, armadillos, puercoespines, e incluso se disfruta de la compañía de aquellos que ha recibido para otorgarles un nuevo hogar, osos perezosos y zarigüeyas.

Foto:  Andrés Caro.Foto: Andrés Caro.

Elsa y Raúl ahora deben atender a los visitantes del reino animal, turistas, curiosos, familias y periodistas. El número de bebederos para los pájaros creció a 60 platos, que debe llenar 4 veces al día con los 250 litros de agua endulzada que degustan las aves. Deben surtir con más de 300 bananos los comederos para las otras especies y atender a los cientos de visitantes que cada vez más salen de Cali y se van a la loma, al occidente.

Curiosos caminamos al lado de Elsa. Atentos a cada vuelo, a cada uno de los 60 bebederos, atentos de los visitantes de la Alejandría. Tratando de identificar alguno, unas alas, un pecho colorado, unas patas, una cola. Tratando de tomar una buena fotografía o de grabar un sonido, como buscando amarrar el recuerdo de nuestra colorida experiencia. Fue una tarde inolvidable, cargada de tonalidades, de encuentros muy cercanos. Disfrutamos de esas pequeñas inmensas bellezas, del zumbador o “rumbito buchiblanco”, el tercer colibrí más pequeño del mundo. Nos emocionamos con los “cola de raqueta” y nos maravillamos con la inmensa belleza de la esmeraldita. Todo allí era increíble, fantástico.

Este es un relato nacido en Cali, en sus lomas, en el bosque de niebla de la vereda La Elvira, a tan solo 40 minutos de la ciudad, los champús, la lulada y el ‘pam’, la misma de la Quinta, del barrio obrero y del América y el Cali. Es la del Teatro Municipal Enrique Buenaventura, la del Museo de Oro Calima y el Arqueológico La Merced. Es la ciudad del Cristo Rey, La Capilla de San Antonio y las macetas. Cali es esto y mucho más, es un colibrí o cientos, y es occidente; la nueva ruta del turismo de Cali.

Radio Nacional de Colombia