El espejismo de Barichara, más allá de un pueblo patrimonio

Por Angélica Blanco Ríos

Ubicado a escasas tres horas de Bucaramanga y a 255 kilómetros de Bogotá, está Barichara, el pueblito más lindo de Colombia, denominado así en 1975, fecha en la que también se convirtió en Monumento Nacional y Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad, pero donde se vive hoy una historia distinta a la que ven sus visitantes.

Pues allí, sobre sus calles empedradas de colores tierra y en las edificaciones blancas que se levantan, aires de modernidad ya se sienten en los sectores en los que no debería ocurrir esto. Según el Congreso de Colombia, los territorios declarados como patrimonio, deben conservar cada objeto, tumba, inmueble y superficie, como lo estipula la Ley 163. Es decir, deben permanecer intactos.

Es por eso que la otra cara de la moneda de este lugar la cuenta Henry Bohórquez Sosa, rector del Instituto Técnico Aquileo Parra, que lleva este nombre en honor al único presidente de Colombia que nació en Santander.

Y él, sentado frente al parque principal, que es amplio y fresco, explica que aunque Barichara se convirtió en un destino obligado, por ser una de las joyas del turismo para el nororiente colombiano, sufre las consecuencias del desarrollo económico que buscan las personas que llegan hasta allí.

Foto: Jhon Acevedo.Foto: Jhon Acevedo.

“Este se ha convertido en un municipio expulsor de habitantes. Si bien acá no hubo violencia física, hay una grande en torno a las necesidades económicas. A mucho nativo lo expulsan, porque Barichara es un espejismo. Es muy bonito el Monumento Nacional, pero los campos están llenos de hambre… No hay presencia del Estado en el campo y esto está cerca de ser un desierto”, dice Henry Bohórquez.

Además, cuentan que hace más de una década, quienes tenían poder adquisitivo, llegaron a estas tierras, en las que se siente una temperatura promedio de 22 grados centígrados, con ánimos de conquista y desde entonces todo empezó a cambiar.

Para Fulgerman Ortíz, uno de los cerca de ocho mil pobladores que tiene Barichara, el municipio está en una situación que no solo le duele verla, sino la siente como suya, pues con el pasar de los años ha presenciado cómo sus amigos, familiares y conocidos, han abandonado estas tierras santandereanas, para buscar un futuro mejor o porque sencillamente la vida los dejó en la calle.

Foto: Jhon Acevedo.Foto: Jhon Acevedo.

“Hay un desplazamiento involuntario, porque yo vendo, me quedo sin nada y me tengo que ir. Y eso ha sucedido. La gente tiene que partir sin dinero y perdiendo las fincas que tenía. Uno conoce vecinos que ha quedado de la noche a la mañana sin nada porque les compran las tierras baratas y los ilusionan”, detalla Ortíz, quien a sus 49 años pertenece a la Junta de Patrimonio, que sueña y trabaja por ver a este lugar como lo que fue: un tesoro arquitectónico, construido con tapia pisada y bahareque, con el detalle fino que hace de la provincia de Guanentá, algo único y de este pueblo en donde se siembra y nace el tabaco, algo mágico.

Foto: Jhon Acevedo.Foto: Jhon Acevedo.

“Esas costumbres que nosotros tenemos no nos las pueden cambiar, porque como dice el dicho ‘donde fueres, hicieres lo que vieres’ y llegan es a imponer y eso es algo que nos preocupa”, asegura.

Radio Nacional Bucaramanga

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