3 poemas de Otto René Castillo

Otto René Castillo 

La ternura en tus manos

 

Está naciendo

la ternura en tus manos,

esta tarde,

mi dulce visitante.

Acudes

alegremente

al vuelo golondrino

de tus dedos

que se inician

de entrega.

 

Sabes.

 

La ternura se despierta

para siempre,

y tus manos descubren

muy pronto

que les gusta su rostro.

 

Créeme, es tu minuto más grave.

 

Quizá concluyen aquí

tus vientos infantiles.

Desde ahora

tienen tus manos

vuelo propio,

 

¡alto vuelo de ternura!

 

 

 

Libertad

 

 

Tenemos

por ti

tantos golpes

acumulados

en la piel,

que ya ni de pie

cabemos en la muerte.

 

En mi país,

la libertad no es sólo

un delicado viento del alma,

sino también un coraje de piel.

En cada milímetro

de su llanura infinita

está tu nombre escrito:

libertad.

En las manos torturadas.

En los ojos,

abiertos al asombro

del luto.

En la frente,

cuando ella aletea dignidad.

En el pecho,

donde un aguante varón

nos crece en grande.

En la espalda y los pies

que sufren tanto.

En los testículos,

orgullecidos de sí.

Ahí tu nombre,

tu suave y tierno nombre,

cantando en esperanza y coraje.

 

Hemos sufrido

en tantas partes

los golpes del verdugo

y escrito en tan poca piel

tantas veces su nombre,

que ya no podemos morir,

porque la libertad

no tiene muerte.

 

Nos pueden

seguir golpeando,

que conste, si pueden.

Tú siempre serás la victoriosa,

libertad.

Y cuando nosotros

disparemos

el último cartucho,

tú serás la primera

que cante en la garganta

de mis compatriotas,

libertad.

Porque

nada hay más bello

sobre la anchura

de la tierra,

que un pueblo libre,

gallardo pie,

sobre un sistema

que concluye.

 

La libertad,

entonces,

vigila y sueña

cuando nosotros

entramos a la noche

o Ilegamos al día,

suavemente enamorados

de su nombre tan bello:

libertad.

 

Retorno al dolor de todos

 

 

He vuelto

después de cinco años.

Y sola estaba la calle

para mí.

Este viejo viento

que conozco desde niño,

caracoleó un poco en mis cabellos

y se quedó ahí de pie, y alegre

tal vez por mi regreso.

 

De los amigos,

ninguno estaba para verse.

 

Casi todos siguen lo mismo,

me dijeron vagamente,

pero su piel

se ha vuelto grave ya.

 

Casi todos también

laborando en la sombra,

dejando

con su vejez

una dura y amarga constancia

de su lucha.

 

Algunos, sin embargo,

se han cansado ya y le dieron

las espaldas al pueblo y a su frente.

Para poder comer y dormir

mejor

se despojaron de sí,

se convirtieron tristemente

en el gusano que odiaban

y ahora reptan,

hondo,

en la inmundicia,

donde se hartan

junto a las bestias.

 

A pesar de todo,

han sido muy pocos

los traidores,

los que un día

temblarán

ante la furia

múltiple

del pueblo

y pedirán perdón

y serán dura,

cierta,

justamente

castigados,

porque ellos

siempre supieron

lo que estaban haciendo.

He vuelto

después de cinco años.

Y nadie

pudo acudir a saludarme.

Ni aún aquellos

para quienes he vivido

luchando, gritando:

‘¡Vosotros sois grandes,

poderosos, y unidos podéis

hacer más llevadera la vida.

Subleváos!’

 

Ni aún ellos me recuerdan.

 

Mis compatriotas

siguen y siguen sufriendo

diariamente.

Tal vez ahora

un poco más que siempre.

 

He vuelto, digo.

Y estoy aquí

para seguir luchando.

Y aunque,

a veces,

me ardan otras lunas

muy lejanas y muy bellas

en la piel,

me quedaré con todos,

a sufrir con todos,

a luchar con todos,

a envejecer con todos.

 

A su regreso,

dirán después los hombres,

no hubo nadie, no hubo nada,

a no ser la calle sola.

Y este viejo viento

que conoció de niño,

hace ya tanta estrella

y tanta, tanta lluvia.

 


Otto René Castillo fue un poeta oriundo de Guatemala, nacido en el año 1936 en la ciudad de Quetzaltenango. Desde el comienzo asumió su rol de escritor con una gran responsabilidad, utilizando sus versos para luchar por sus ideales. Con tan sólo 18 años de edad, debió exiliarse a El Salvador tras manifestarse en contra del golpe de estado llevado a cabo por Norteamérica para derrocar al presidente Jacobo Arbenz, quien había sido elegido en forma democrática por su pueblo.

Pero su historia apenas comenzaba, dado que luego de años de haber viajado por varias partes del mundo regresó a su país de manera clandestina y se unió a un movimiento guerrillero. Tan sólo un año después, en 1967, recibió graves heridas en medio de un enfrentamiento y fue raptado junto a su pareja y torturado durante días, pagando con una pesadilla en vida por haber intentado defender aquéllo en lo que creía. Luego de casi una semana de agresión desmedida, fueron fusilados y quemados, el 17 de marzo.

Su poema “Vámonos patria a caminar, yo te acompaño” fue utilizado por sus asesinos mientras lo humillaban y lo herían gravemente, simbolizando de una manera cruel los cobardes tajos con los que lo desfiguraron antes de matarlo.

Poemas del alma 

Categories: Guatemala, Literatura, Poesía