Cuba y América Latina: desafíos del legado revolucionario

Reconocer la extensión y profundidad del legado de la Revolución cuba- na es un acto de oportuna justicia, pues a la altura de casi sesenta años de iniciada, sus actores gestan un necesario, pero también inquietante perfeccionamiento; en tanto sus detractores pujan por deshacer hasta la memoria. Estamos ante un acto que convoca y distingue a quienes la hicieron y la hacen a diario. Si además, la revelación de tal herencia se asienta en la gura de Haydée Santamaría Cuadrado, mujer de ex- quisita sensibilidad, heroína del Moncada, combatiente de la Sierra, fundadora de CASA de las Américas, la evocación conducirá de modo inequívoco a rea rmar y a enriquecer los aportes del proceso iniciado en Cuba en 1959.

Los ensayos concurrentes en este volumen muestran la comple- jidad de la obra revolucionaria, sus aciertos y desaciertos, ganancias y pérdidas, avances y retrocesos, en correspondencia con la riqueza y variedad de la realidad misma, y de las apropiaciones que cada ensa- yista ha hecho a partir de sus propias trayectorias en torno a ella. La presencia de autores diversos, según su formación política y profesio- nal, origen territorial, pertenencia generacional y de género, provee a los análisis de perspectivas y enfoques variados, pero coincidentes en el cuidado de los elementos contextuales, históricos, procesuales, que les conduce a exponer con elevado rigor sus reconstrucciones en los tópicos seleccionados.

Más allá de las distinciones académicas, la posición política y el compromiso social sustentan las evocaciones de la huella revoluciona- ria, sin evadir tópicos controvertidos ni períodos álgidos, haciendo gala de la libertad y la responsabilidad de la palabra bien fundada y mejor esgrimida. No se trata de elementales panetos, lineales y uniformes; por el contrario, son vívidas narraciones capaces de sensibilizar y problematizar el futuro del socialismo cubano e incluso sus implicaciones para Latinoamérica.

Tal es el caso del ensayo Cuba: Pensar y hacer su democracia, de la doctora Delia Luisa López García, profesora de la Facultad de Ciencias Sociales (FLACSO) de Cuba, dirigido a fundamentar que la transición socialista es inviable sin su propia democracia. A lo largo de cincuenta y ocho páginas, la autora re exiona acerca de la democracia cubana; para ello desbroza un camino tenso, estructurado en varias paradas, yendo desde las cuestiones más generales hasta las más especí cas del contexto cubano actual.

En un inicio analiza las teorizaciones acerca de la democracia moderna en tanto constructo del pensamiento burgués; para ello se nu- tre de los aportes de destacados estudiosos del tema, lo cual le permite criticar reduccionismos y simpli caciones en una temática tan com- pleja, en especial los abordajes anclados en los derechos humanos de primera generación. Luego abre su mirada a otra visión de democracia, cimentada en la participación social, desde donde examina en extenso la historia más reciente de la sociedad cubana, no sin antes reconstruir de manera sucinta la con guración en la república neocolonial.

La transición socialista y la democracia forjada para lograrla, mantenerla y hacerla avanzar, constituye el centro de sus re exiones. No dirige una mirada complaciente a los años de Revolución; por el con- trario como intelectual – y por qué no, en su condición de protagonista- realiza un repaso riguroso del período fundacional, de su asentamiento y madurez, y de la etapa desatada a partir de la crisis de los noventa, ofreciendo un panorama del diseño y funcionamiento del sistema polí- tico cubano, de su correspondencia con las expectativas y necesidades del pueblo para ejercer su poder.

Esto último remite al proceso de participación y a su nexo con una democracia pensada, de nida y asumida, de acuerdo con las demandas de la práctica revolucionaria. Reconocer la vitalidad del pensamiento en torno a este tópico, y en paralelo el anquilosamiento de los mecanismos para el ejercicio del poder, conduce a la autora a preguntar(se) y responder(se) cuestiones clave que comprometen el fu- turo de la democracia cubana en tiempos de transición socialista. Su respuesta –ampliamente compartida- apuesta por el revolucionamiento de la democracia.

No menos importante y retador es el ensayo El futuro de Cuba, de la MSc. Diosnara Ortega González, investigadora del Instituto Cubano de Investigación Cultural “Juan Marinello”, quien escruta las casi seis décadas de Revolución, con el n de pensar y decodi car el vínculo entre tiempo y política, su simbólica interin uencia, así como la relati- vidad del encadenamiento de pasado, presente y futuro. Todo ello como contexto y pretexto para ahondar en los temas que han caracterizado su trayectoria investigativa: la cultura política y las subjetividades políticas en tanto ejes del fututo de Cuba.

En su disertación sobresalen el rigor y la originalidad en el ma- nejo de sus categorías centrales; hace un recuento por los principales rasgos del tiempo moderno, y entre ellos nos atrapan la aceleración y la división social del tiempo. A partir de ahí se nos permite comprender la complejidad de la mediación de las experiencias -tanto individua- les como colectivas- y de su trascendencia al proveer de sentido a las subjetividades políticas. Deja al descubierto la engañosa linealidad del tiempo y su decisiva circularidad cuando se trata de construir perma- nentemente procesos revolucionarios; y también asienta que la relación entre pasado-presente-futuro y sus contenidos, está marcado por la diversidad, desde donde impactan la política.

Con tales consideraciones, Ortega examina el período revolucio- nario, sus emergencias, urgencias y resistencias, sus continuidades y rupturas, con partida en los revolucionadores años sesenta, y llegada en los cuestionados primeros quinquenios del presente siglo. Nos de- vuelve en términos de sus presupuestos teóricos tempo-políticos los principales con ictos, construcciones, satisfacciones y retos de cada etapa, traducidos en expresiones de certidumbres y con anza o sus contrarios. Enfatiza en la población joven, un sector central según los propios códigos de la política cubana, cuyas distinciones psicológicas propician que la densidad de sus proyecciones se ubique en el corto y mediano plazos, lo que hace característicos sus tiempos en política.

Sus conclusiones tratan de calibrar el peso de certidumbre y con anza requerida para darle a Cuba el futuro que necesita, cada vez más revolucionador y transformador, con una potencia integradora su- ciente para conducir a una intergeneracionalidad política, expresada en mayores continuidades que rupturas.

Las elaboraciones ya presentadas, al rememorar el itinerario de la Revolución cubana han destacado su fecundidad en los primeros años; justamente en este período se enmarca el ensayo Representaciones del intelectual (revolucionario) del doctor Leonardo Martín Candiano. La conexión entre cultura y política durante algo más de la década del 60 (1959-1971) enmarca igualmente su propuesta; se trata de una articulación de profundas raíces en la historia de la nación cubana, en la que buena parte de la intelectualidad del país, no sólo se identi có con alguna tendencia, sino que mostró su arrojo en las manifestaciones políticas más comprometidas en pos de la soberanía y la independencia.

En tal sentido, es sin dudas José Martí el mayor exponente.
Candiano muestra la época inscrita en el debate público soste- nido al interior de la intelectualidad, así como entre esta y la dirección del país durante varios encuentros de amplia convocatoria. En efecto, los primeros años de la Revolución constituyeron escenario de compro- misos y escisiones, de una marcada polarización en el orden político; y la vida cultural no estuvo ajena a ello. En paralelo, y así lo recoge el texto, los sesenta fueron el espacio para desarrollar una instituciona- lidad, democratizar la cultura y digni car todas sus manifestaciones. En consecuencia, quebraron los moldes establecidos, se ensancharon y diversi caron formas expresivas, fuentes de inspiración y sujetos de interlocución. Las con guraciones resultantes condujeron a tendencias

y corrientes, algunas de las cuales se extienden hasta la actualidad. En la reconstrucción de aquel ámbito, Candiano reconoce el im- pacto favorable del pensamiento de Fidel y el Che, resaltando los pro- nunciamientos recogidos en Palabras a los intelectuales y El socialismo y el hombre en Cuba. Del mismo modo advierte y explica la metamorfosis del discurso o cial ante condiciones de asedio y agresión, los con ic- tos y retrocesos ocurridos en la vida cultural en el transcurso de la década del setenta, que coartaron una parte importante del arte y elpensamiento.

En el proceso de recuperar el debate acerca del merecimiento de la cali cación de intelectual y del sentido de la obra producida, transita por el examen de las denominaciones de intelectual experto, comprome- tido u orgánico, para nalmente mostrarse partidario de intelectuales re- volucionarios, donde articula la altura profesional y política. Se permite entonces, de nir así a los legendarios líderes de la Revolución cubana.

Nutrirse de buena parte del pensamiento más fervoroso en el tema, le conduce a desplegar hacia los nales de su exposición un pro- fundo optimismo, que coloca en una perspectiva de honda creación revolucionaria a la intelectualidad cubana de hoy. Su postura nos hace recordar a Fernando Martínez Heredia1, a quien los episodios de nales de los sesenta y de los sesenta, -y ¿por qué no? de los 90- lo hicieron un intelectual más revolucionario, implicado y comprometido con el hacer de su tiempo.

Al igual que los ensayos ya comentados, “De lo simbólicamente exacto a lo simbólicamente verdadero. Domésticas y Revolución en Cuba: Entre cambios y desafíos” de la MSc. Magela Romero Almodóvar, escru-

1 Fernando Mar nez Heredia (1939-2017), reconocido intelectual cubano – lósofo, his- toriador, sociólogo- dis nguido con importantes premios y condecoraciones -Premio Nacional de Ciencias Sociales y Premio Nacional de Inves gación Cultural, entre otros muchos y relevantes. Al momento de su fallecimiento era Director General del Ins tuto Cubano de Inves gación Cultural “Juan Marinello”, valorado en su estatura humana, académica y patrió ca por quienes le conocieron. Está en una estructura temporal, una cuestión de especial importancia en el proceso revolucionario cubano: la problemática femenina, la cual por mérito propio se ubica dentro del conjunto de aportes a significar; no podía omitirse entonces, en los ensayos inspirados en Haydée Santama- ría y en las contribuciones de la obra que ayudó a fundar y a desarrollar.

Con apoyo de conmovedores testimonios y de un detallado re- cuento de las políticas sociales y de datos censales, Magela Romero coloca la evolución del trabajo doméstico remunerado y de sus protago- nistas, como una de las esferas donde se hace más tangible la transfor- mación de la sociedad cubana. Su análisis ja sus raíces en la colonia, deja ver el impacto de la república neocolonial, y luego dedica amplias referencias a develar el comportamiento de esta actividad desde 1959 hasta la actualidad. En esta última etapa presenta las uctuaciones acontecidas, tanto en las prácticas como en las representaciones y en las legislaciones; de estigmas y prohibiciones a favorables reevaluaciones en términos económicos, es parte del camino recorrido.

De acuerdo con la autora, tal trayectoria está vinculada al diseño y ejecución –desde los primeros momentos de la Revolución- de una estructura de oportunidades dirigida a digni car la gura femenina, y opuesta totalmente a fórmulas anteriores. Sin embargo, tal empeño no quedó exento del in ujo de prejuicios, incomprensiones y simpli – caciones de la vida cotidiana, ni de los efectos estructurales causados por las transformaciones económicas –de los noventa y del presente siglo. Al concentrarse en el presente, el nexo mujer-Revolución-trabajo doméstico remunerado, es descrito en toda su complejidad, dejando ver las especi cidades que lo diferencian de las etapas anteriores y de otras regiones de América Latina. Así, llama la atención respecto a apropia- ciones en torno al ascenso social, unido a las mediaciones raciales, de género y condición territorial.

El compromiso de Romero con el tema se hace explícito en tér- minos de proyecto de agenda investigativa, seguido del reexamen de las políticas sociales requeridas para actualizar el legado revolucionario en esta área clave del socialismo cubano; todo ello anclado en mayor equidad y participación social femenina.

Un recorrido por las contribuciones más signi cativas del que- hacer cubano en los últimos sesenta años, no puede prescindir de las referencias a su sistema de salud pública, pues este conjuga innova- ciones diversas. Así lo expresa el Dr. José Antonio Monje en “Salud de exportación. Economía política del conocimiento, cooperación in- ternacional y modelos alternativos de desarrollo desde la salud pública cubana”, un ensayo que describe la estructura general, esquemas de funcionamiento y principales resultados, unido a los retos fundamen- tales del mencionado esquema organizativo en Cuba, con el  de fundamentar la superioridad del paradigma de un sistema de salud sustentado desde el estado.

Monje descompone en detalle la institución cubana en sus dimen- siones interna y externa; señala tanto los logros como los retos de ambas secciones, comprendiendo su interconexión. En un inicio se detiene en la con guración de los servicios de salud en el país, desde la atención prima- ria hasta la terciaria; exhibe un cuadro pormenorizado de las instalaciones y del progreso de los indicadores más sobresalientes reconocidos por el Sistema de Naciones Unidas. A partir de ahí se adentra en las peculiarida- des de la combinación de recursos tecnológicos y humanos, destacando el valor de estos últimos debido a su formación académica y axiológica.

Dedica especial atención al papel que desempeña la biotecnología en el sistema de salud cubano, derivado de sus múltiples investigaciones y variedad de aportes a los distintos niveles de atención médica. Este ren- glón Monje lo reconoce como una muestra de las capacidades instaladas en el país, desarrolladas a partir de una explícita voluntad política y de las limitaciones resultantes del bloqueo impuesto por Estados Unidos.

El centro de sus re exiones lo constituye el despliegue de la di- mensión externa del sistema de salud, desde sus comienzos en la déca- da del sesenta hasta el presente siglo, en sus experiencias en África y América Latina con exitosos programas. Resalta en su examen la visión política y a largo plazo de la colaboración médica, en tanto rea rma- ción del rumbo socialista de la sociedad cubana, y expresión de apoyo a los derroteros progresistas seguidos por otros países. Su lectura de los acontecimientos logra captar y revela el punto de in exión distintivo en la experiencia cubana, que distanciada de los tradicionales paliativos, ayudas temporales y epidérmicas, se dirige a la transferencia tecnoló- gica, la asesoría técnica y la realización de investigaciones conjuntas que contribuyen a transformar los escenarios de formación de recursos humanos, perfeccionar los procesos de prevención y educación para la salud, y transmitir buenas prácticas, que a la postre resultan una fortaleza para los sistemas sociales en ascenso.

Por último, dirige su mirada a los bene cios económicos que re- porta la cooperación internacional, a la especi cidad de tales provechos según las condiciones de cada país, de modo que generen bene cios en varios sentidos y niveles, capaces de trascender las relaciones bidirec- cionales para convertirse en convenios multiactorales.

Monje presenta el esquema de salud pública cubana en calidad de escenario de combate tecnológico, político, ideológico, y económico, con sistemáticas batallas en cada uno de estos campos, que han sido ganadas porque responden a una proyección humanista y están sus- tentadas en un estado socialista. En estudiar, socializar y extender los procedimientos del sistema cubano de salud pública sitúa una parte esencial del legado construido por la Revolución cubana.

Al hacer un recuento, vale resaltar en las obras presentadas, su au- dacia, originalidad y utilidad en el plano académico y político. Han tratado con rigor el devenir e in uencia de las políticas sociales en ámbitos crucia- les para el desarrollo social socialista, los procesos de inserción y partici- pación social y política, así como la subjetivación de los mismos según los distintos sectores de cubanas y cubanos implicados en ellos. Sus conside- raciones apuntan el deterioro que sobrevino hacia los nales de la década del sesenta, con impactos en el orden individual y colectivo, corporeizado en amenazas recurrentes de parálisis o fractura en la sociedad cubana. A pesar de ello, en el subtexto de los ensayos se aprecia la hondura de la identidad –necesariamente cultural y política para ser nacional- bene cia- da por el contexto socialista, que emerge ante cada suceso estremecedor o amenazante para la soberanía y la independencia, espolea los mecanismos

formales de participación y emite fuertes señales de cohesión social.
A las contribuciones ya citadas es posible añadir otras en diferen- tes campos y con distinto nivel de visibilidad. Entre ellas es imposible obviar la construcción cultural y política de ser joven, que ha emanado de la conjunción de oportunidades y asignación de roles en diferentes esferas y momentos históricos. Tal condición está recogida de manera directa o simbólica en la formulación de cada ensayista, pues solo con la presencia efectiva de las personas jóvenes es posible pensar la continui- dad de la obra revolucionaria. Son preocupaciones latentes: los modos en que ellas revolucionan la democracia del período de transición socialista en que viven; la de nición y acople de sus tiempos a los pasados, presen- tes y futuros de otras generaciones; las formas de valorar, implicarse y legitimar las distintas alternativas de inserción en el mercado del trabajo.

Estas inquietudes tal vez desencadenen nuevos ensayos.
Precisamente en esta mitad del 2017, se reconstruye y fortalece la unidad, con el n de rebatir las nuevas embestidas –no por absurdas, menos importantes- de la política del actual presidente de los Estados Unidos de América. Esa comunión no pudiera tener lugar a despecho de los jóvenes, por constituir siempre la expresión de las principales con- tradicciones de su época y el eje central del parteaguas entre dos tiem- pos. Recibir y perfeccionar sucesivamente el legado de la Revolución distingue a sus jóvenes. Acompañando este proceso estarán siempre las más claras ideas del pensamiento de Fidel y el Che, y la poesía de Silvio Rodríguez, que recuerdan la necesidad de continuar haciendo posible lo imposible. Así lo expresan los textos.

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