Por generaciones, familias poblanas se han dedicado a la siembra y cosecha de la flor de cempasúchil

Aspectos del corte de flor de Cempasuchil y flor de terciopelo, en el municipio de Atlixco, estado de Puebla en México, para conmemorar el día de muertos en noviembre.

Por generaciones, cientos de familias poblanas se han dedicado a la siembra y cosecha de la “flor amarilla”, es decir, la flor de cempasúchil.

La flor amarilla y la de terciopelo son dos de los elementos más representativos en las festividades del Día de Muertos y grandes iconos de la agricultura mexicana.


Texto: Fernanda Ortíz
Fotografía: Pablo Spencer

En lugares como Atlixco y Cholula, los agricultores comienzan a preparar las semillas de la flor en época de lluvias; desde inicio de julio para tenerlas listas el día 31 de ese mismo mes y sembrarlas.

Después de 20 días de espera, la siembra comienza a brotar y los agricultores trasplantan las flores hacia los canales; con mucha paciencia son cuidadas por dos largos meses para llegar a medir hasta un metro de altura y hasta cinco centímetros de ancho.

Se cree que por su tamaño y colorido aspecto, estas las flores fueron elegidas, en la época prehispánica, para cubrir los altares a los muertos, dando inicio así a la tradición que perdura hasta este día.

Poblanerías en línea realizó un recorrido por los campos poblanos de la cempasúchil. Algunos agricultores señalaron que aún después de todo el trabajo en el campo poblano, no todas las flores cosechadas servirán para su venta.

Platicaron que las flores se diferencian entre machos y hembras, estás últimas son las que tienen el aspecto que todo mundo conoce, pues los machos, solo alcanzan a tener 10 pétalos.

Los agricultores de Atlixco calculan que solo 60% de flores hembras servirán para el comercio; el resto es pérdida a nivel de ventas.
Los agricultores cargan hasta 10 veces por día sus camionetas, esperando encontrar buenos postores para sus productos.
En octubre comienzan con el corte de la flor para iniciar su distribución, poco a poco se van separando las hembras en buen estado y se forman en grandes racimos o “maletas”.

En Atlixco, los agricultores venden la mercancía en diferentes mercados de la zona, donde llegan compradores de Estado de México, Tlaxcala, Guerrero, Oaxaca, Morelos e incluso sitios más lejanos como Jalisco y Tamaulipas, además por supuesto de todo el estado de Puebla.

Este año, el trabajo de los agricultores se ha ido dificultando por distintas razones. Sus cosechas son resultado de mucho trabajo duro y paciencia, que al llegar a manos de distribuidores y revendedores se ve menospreciado al ser “regateado”, al grado que solo quedará para pagar el salario de unos cuantos peones.

Muchos de los vendedores atribuyen una baja en las ventas, debido a la inclusión de la cartonería y afiches artificiales en las ofrendas “modernas”, que catalogan como un “insulto” a las verdaderas raíces de la tradición de las ofrendas.

Desde el 28 de octubre hasta el 1 de noviembre, los agricultores cargan hasta 10 veces por día sus camionetas, esperando encontrar buenos postores para sus productos en el menor tiempo posible.

Suelen pasar la noche del 31 en ese lugar para lograr vender el mayor número de flores y recuperar el equivalente al tiempo de la cosecha.
Suben y bajan de los sembradíos al mercado, cargados de “maletas” de flores hasta donde sus vehículos lo permiten, para intentar gastar lo mínimo de gasolina posible.

En el mercado, los vendedores pasan horas de pie e incluso algunos suelen pasar la noche del 31 en ese lugar para lograr vender el mayor número de flores y recuperar, al menos, el equivalente al tiempo invertido en la cosecha.

La mayoría de las personas dedicadas a esta actividad, conservan una tradición familiar que se dificulta año con año por varios contextos sociales y económicos.

A pesar de las complicaciones, las familias saben que la vida de campo es difícilpero que tiene grandes recompensas que solo alguien con amor a la tierra que trabaja, lograría comprender.

Así es como la tradición se mantiene viva. La flor de cempasúchil ha cobrado gran impacto y es reconocida en muchas partes del mundo como un emblema de la cultura mexicana.

Poblanerías 

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