Guillén en el Caribe

Por Alessandra Riccio

El poeta

Hace cien años, el 10 de julio de 1902, poco más de un mes antes de ser proclamada la República de Cuba, en Camagüey, en el centro de una feraz llanura de caña de azúcar y de ganaderías, nace Nicolás Guillén. Su padre, un liberal masón que se dedica a la orfebrería, combatiente de la guerra de independencia, ha padecido la humillación de la intervención norteamericana que le quitaba a los independentistas cubanos la alegría de la victoria firmando en Madrid una paz que imponía cuatro años de protectorado yanqui y el peso de la enmienda Platt a la flamante Constitución. Durante quince años, la vida de Guillén y de sus hermanos se desarrolla en el clima patriótico y mestizo de la familia y de sus allegados: su mamá era una mulata oscura, su tía Conchita parecía blanca, hermanos y amigos lucían todas las posibilidades del color: todo mezclado.

Durante quince años los hermanos Guillén crecen protegidos por la figura paterna hasta que, en 1917, durante la insurrección conocida como La Chambelona, el orfebre liberal y masón, es asesinado por los militares del Presidente Menocal mientras, enfermo, había buscado amparo en una hacienda amiga. Este vil asesinato quedará grabado en la memoria del poeta y marcará su vida. Obligados a trabajar para ayudar la familia, los dos hijos varones se emplean en una tipografía.

También los ayuda el compadre de Nicolás, don Sixto Vasconcelos y Rivero, hombre culto, amigo de Clarín y aficionado a la cultura española. Con la ayuda de don Sixto, quien se ha dado cuenta de la pasión de Guillén por la escritura (desde muy joven ha empezado a colaborar con diarios de provincia enviando sus primeros poemas juveniles), el joven mulato deja las llanuras camagüeyanas por la aventura universitaria en la capital. Es un joven bohemio, herido todavía por la violenta e injusta muerte del padre, que se mantiene lejos de la política aun cuando la Universidad de La Habana, en aquellos años, está fuertemente politizada y, en el mismo año en que Guillén se matricula, esplotan violentas manifestaciones contra el cuerpo docente y se crea la primera Federación Estudiantil cuyo secretario, Julio Antonio Mella, es también el director del periodiquito universitario “Alma Mater” en el cual Guillén publica uno de sus primeros poemas que es también una declaración del rechazo del joven provinciano a dedicar sus años juveniles a conseguir una carrera de Derecho

[…]

Deshojar cuatro años esta existencia vana,

en que Paris es sueño y es realidad La Habana;

gemir, atado al poste de la vulgaridad,

 

y a pesar del ensueño de luz en que me agito,

constreñir el espíritu sediento de infinito

a las angostas aulas de una Universidad.

 

III

 

¿Y después? Junto a un título flamante de abogado,

irá el pobre poeta con su melancolía

a hundirse en la ignorancia de alguna notaría

o a sepultar sus ansias en la paz de un juzgado.

(Al margen de mis libros de estudio)

 

 

En consecuencia, se dedica al periodismo y sobretodo a conocer y reconciliarse con la capital que, si es cierto que no era París, ofrecía toda su originalidad a la curiosidad del provinciano que descubría allí el mundo de los negros, castigado por la pobreza y por la discriminación pero dotado de una vitalidad de la cual Guillén sentía la energía y la positividad. La constitución de 1902 había declarado la paridad de derechos entre la población blanca y la población de origen africano y en este convencimiento había crecido nuestro autor segun el cual en Cuba la “negritud”, una palabra que no usava ni tampoco amaba , era, no sólo una incontestable evidencia, sino que ofrecía un extraordinario enriquecimiento a la composición de una sociedad felizmente “impura”, afortunadamente “toda mezclada”. Sus colaboraciones en el suplemento dominical del “Diario de la Marina”, “Ideales de una raza” dedicado a la gente negra y dirigido por Gustavo Urrutia, nos permiten seguir la evolución de Guillén hasta aquel ya célebre 20 de abril de 1930 cuando, rompiendo un silencio poético de siete años, en aquel suplemento publica su revolucionario Motivos de son. 1930 es el año en que, de vuelta de la fría Nueva York, Federico García Lorca hace escala en Cuba donde siente el encanto del ritmo y de la vitalidad del son; es el año en que Langstone Hugues viaja a La Habana y es entrevistado por Guillén , mientras el tema africano estaba dando lugar, en Europa, a una extraordinaria secuencia de intervenciones culturales motivadas por la diversidad africana (el etnólogo austriaco Leo Frobenius, Apollinaire, Matisse y Picasso, Braque, Derain, la Antología Negra de Blaise Cendras, los reportages de Paul Morand “Paris-Tomboctou” y de André Gide sobre Chad y Congo, Josephine Baker, el jazz, la rumba, Al Jonson y, en Cuba, la “Bailadora de rumba” de Ramón Guirao, “La rumba” de José Z. Tallet y “La liturgia ñáñiga” de Carpentier, escrita en París para Alejandro García Caturla y que luego se convertirá en el poema sinfónico “Yamba-O”.

Motivos de son, que entre los primeros admiradores puede lucir nada menos que el severo don Miguel de Unamuno, se deshace de toda la retórica del modernismo y de sus epígonos y afirma un verso de ruptura y fundación, de búsqueda de estilo y de ritmo que habla al negro y del negro para encontrar su justo papel en la cultura nacional y para definir su contribución:

 

Guillén descubre al alienado negro cubano su propia belleza, rescatándosela de

las manos a la supremacia de los cánones griegos o latinos impuestos durante

la colonia.

 

El son es una danza popular que nace del encuentro entre blancos y negros en las islas antillanas. Guillén cuenta que escribió aquellos ocho breves y revolucionarios poemas despertándose a las cuatro de la madrugada con en la cabeza el eco persistente del “simple juego rítimico y fonético” de dos palabras: negro bembón. El año siguiente ya está listo Sóngoro Cosongo (que el autor pudo publicar gracias a haber ganado un premio de 300 pesos en la lotería) menos leve, más beligerante y mucho más estructurado, con algunos de los poemas mejor contruidos del autor como Velorio de Papá Montero y Secuestro de la mujer de Antonio. El poeta va a cumplir treina años y sabe que ha logrado superar su crisis y que está encaminado hacia una nueva vida:

 

Pobre y negro, me salvé de milagro -iba embriagado y con puñal al cinto-, pero

no sin dejar tiras de piel viva en mi camino. A los treinta años aquel joven de

dieciocho era un hombre escéptico, irónico, sarcástico, conocedor ya de que un

liberal era lo mismo que un conservador, y que entre los dos le habían matado al

padre. Por eso es que cuando se desploma la primera tiranía republicana, está

listo para el gran salto, ligero de equipaje, como los hombres del mar.

 

En 1934 publica West Indies Ltd., donde el Caribe vibra junto a Cuba por los frustrados intentos revolucionarios de 1933 cuando una revolución animada por la mejor juventud del pueblo se fue a bolina, según la eficaz expresión de un ilustre protagonista, Raúl Roa, mientras el sargento Batista tomaba el poder por primera vez. Cuando en 1935 el poeta Rafael Alberti y su esposa María Teresa León visitan Cuba, esta sensaciónal pareja de intelectuales revolucionarios de la España republicana tuvo que moverse en una semi-clandestinidad para evitar la censura del gobierno, sin embargo de ahí nació una amistad duradera entre dos de los poetas militantes más importantes del siglo XX. Por haber publicado un capítulo de la escandalosa novela de Carlos Montenegro, Hombres sin mujeres, Guillén, que en la época dirigía la revista “Mediodía”, fue encarcelado y procesado. Es tiempo de alejarse del clima represivo de la isla y Guillén acepta la invitación de Juan Marinello y se traslada en el México del Presidente Lázaro Cárdenas donde escrive Cantos para soldados y sones para turistas (1937), una visión de la América del militarismo despiadado y del turismo oleográfico dirigido sobretodo al público norteamericano, lleno de folklóricos lugares comunes de procedencia hollywoodiense. Con este libro, la voz de Guillén pasa del pequeño mundo negro de los barrios de La Haban de Motivos de son, que se hace problema nacional en Sóngoro Cosongo y antillano en West Indies, Ltd., a una dimensión americana global para reafirmar una visión de la humanidad en la cual la diferencia, que tendría que ser un elemento enriquecedor, es usada y esplotada para separar y dividir:

 

No sé por qué piensas tú,

soldado, que te odio yo,

si somos la misma cosa

yo,

 

Tú eres pobre, lo soy yo;

soy de abajo, lo eres tú;

¿de dónde has sacado tú,

soldado, que te odio yo?

(No sé por qué piensas tú)

 

En México escribe también su doliente homenaje a la República Española, agredida por las tropas franquistas, y a la memoria de Federico García Lorca, fusilado sin razones, España. Poema en cuatro angustias y una esperanza.(1937). En este mismo año emprende un viaje increíble que lo lleva en tren de Cuidad de México a Nueva York y de allí a Quebec, para embarcar en un barco que lo deja en Cherburg, y todavía horas de tren hasta los Pirineos donde sólo el encanto (y quizás el dinero) de Delia del Carril, entonces esposa de Pablo Neruda, convence los irascibles aduaneros franceses que no quieren permitir la entrada en España al poeta mulato invitado al II Congreso en Defensa de la Cultura, convocado por Neruda y Alberti. Recién llegado a Valencia, el hotel donde se hospeda sufre un bombardeo, lo cual fue tomado con cierto valor por los participantes al Congreso (entre otros, Octavio Paz, Tristan Tzara, Ilja Herenburg, Hemingway, Hughes, Alberti, León Felipe, Antonio Machado y el editor y poeta Manuel Altolaguirre quien le publicó España. Poema en cuatro angustias y una esperanza). En Valencia Gullén se inscribe en el Partido Comunista, una militancia que durará toda su vida y en España Guillén refuerza su convicción que el problema no es la raza sino la discriminación y la explotación:

 

 

Yo que amo la libertad con sencillez,

como se ama a un niño, al sol, o al árbol plantado

frente a nuestra casa;

que tengo la voz coronada de ásperas selvas milenarias,

y el corazón trepidante de tambores,

y los ojos perdidos en el horizonte,

y los dientes blancos, fuertes y sencillos para tronchar raíces

y morder frutos elementales;

y los labios carnosos y ardorosos

para beber el agua de los ríos que me vieron nacer,

y húmedo el torso por el sudor salado y fuerte

de los jadeantes cargadores en los muelles,

los picapedreros en las carreteras,

los plantadores de café y los presos que trabajan

desoladamente,

inutilmente en los presidios sólo porque han querido

dejar de ser fantasmas;

yo os grito con voz de hombre libre que os acompañaré,

camaradas;

que iré marcando el paso con vosotros,

simple y alegre,

puro, tranquilo y fuerte,

con mi cabeza crespa y mi cuerpo moreno,

para cambiar unidos las cintas trepidantes de vuestras

ametralladoras,

y para arrastrarme, con el aliento suspendido,

allí, junto a vosotros, allí donde ahora estáis, donde estaremos,

fabricando bajo un cielo ardoroso agujereado por

la metralla,

otra vida sencilla y ancha,

limpia, sencilla y ancha,

alta, limpia, sencilla y ancha,

sonora de nuestra voz inevitable.

(La voz esperanzada)

 

Después de una estancia en París, el poeta regresa a Cuba en 1939. El clima político ha cambiado mucho y el partido comunista es illegal. Acepta la invitación de su amigo Jaques Roumain, a quien dedicará una famosa elegía, de trabajar en Haití de donde saldrá para un viaje de años por toda América: desde Nueva York donde vuelve a ver a Langston Hugues que ha traducido y publicado versos de Guillén en su Cuba Libre, al Chile de Neruda, al Venezuela de Otero Silva, al Brasil de Cándido Portinari y Jorge Amado, al Uruguay de Amorim. Es una afirmada y querida voz poetica cubana y americana sin embargo ni Cuba ni América ofrecen un clima seguro: en 1952, en su Cuba, la policia de Batista lo lleva a la cárcel, en 1954 está en Guatemala cuando la capital vive el bombardeo y la invasión de los marines que apoyan el golpe contra el Presidente Jacobo Arbenz, e incluso París, donde ha transcurrido largas temporadas en el famoso Hotel Saint Michel junto con Jorge Amado, Neruda, Nazim Hikmet, se revela inhóspita y la policía de migración francesa, después de tres días de cárcel, expulsa al poeta que encuentra a duras penas refugio en la Argentina gracias a Rafael Alberti que allí ha encontrado asilo después de la derrota de la República Española. Y en la Argentina le llega la noticia -enero de 1959- de la huida de Batista y de la llegada de los barbudos a La Habana.

El poeta que regresa a la isla es también el autor de la extraordinaria Elegía a Jesús Menéndez (un texto al cual ha trabajado durante tres años y que por su misma confesión es el que le ha costado mayor esfuerzo), es el anónimo panfletista de las Coplas de Juan Descalzo y además el autor de Paloma de vuelo popular, que recoge la experiencia de sus viajes alrededor del mundo. En Cuba vuelve al periodismo, es nombrado Presidente de la recién fundada Unión de Escritores y Artistas de Cuba, un cargo que ha mantenido hasta su muerte, publica en 1964 el libro que recoje la experiencia de la revolución, Tengo, y junto con este gran libro de poesía civil, sus Poemas de amor; en 1967 la sátira jocosa de El gran zoo y en 1972 La rueda dentada y El Diario que a diario. Multiplica sus viajes como embajador de la revolución en el mundo y acumula premios y reconocimientos (en 1972 le otorgan el Premio Viareggio); cuando ya es un anciano monstruo sagrado de las letras sorprende sus lectores con un librito para niños, Por el mar de las Antillas anda un barco de papel. Sin embargo no fue un comunista “ejemplar”, sin manchas (es conocida su pasión para el juego de las loterías que le había otorgado algúnas ganancias importantes), al contrario, justo en los años setenta, cuando más riguroso es el alineamiento del gobierno cubano a las directivas soviéticas, cuando el país entero entra en aquel período que luego, y con alguna exageración, fue definido “la década negra”, Guillén escribe un poema que produce escándalo:

 

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro.

Entre otras cosas

falta saber si es que lo puro existe.

O si es, pongamos, necesario.

O posible.

O si sabe bien.

[…]

En fin, la pureza

de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro

para saber qué cosa es la pureza.

 

Punto, fecha y firma.

Así lo dejo escrito.

(Digo que yo no soy un hombre puro)

 

 

La muerte después de una larga enfermedad (16 de julio de 1989), le ahorró al poeta el dolor de asistir al derrumbe del muro de Berlín, pero el puesto que había ocupado como “poeta nacional” a lo largo de los años de la revolución y que nadie había puesto en discusión, amenaza quedar vacío para siempre ya que su voz, más que cualquier otra, supo resumir con coherencia la rabia del marginado, la prepotencia del amo, la alegría de la vida, la conmoción y el gusto del triunfo. Militante del partido comunista desde 1937, Guillén ha denunciado la explotación y el racismo, el imperialismo y el terror de la represión pero también el triunfo de una nueva historia. Su militancia le costó un precio alto: la persecución, el exilio, la lucha. Y si en la dramática Elegía a Jesús Menéndez el poeta elevaba una vibrada protesta contra el asesinato del legendario dirigente sindical, gran parte de su poesía pertenece a la extraordinaria corriente vanguardista de las primera décadas del siglo veinte. En los años veinte y treinta, en Cuba, Guillén tuvo la osadía de traer un nuevo y genuino tema de la negritud en la poesía contemporánea del cual supo comunicar los mitos, los ritos, la vitalidad. Enriqueció la poesía cubana de una sensualidad más corpórea y vital que la de los grandes poetas del modernismo o de los representantes más enconados de la vanguardia. Poeta del Caribe, del cruce de razas, poeta del sexo y de la tradición africana llevada a las Antillas, supo representar en sus versos todos los matices de aquella mezcla de tradiciones y de contrastes que conviven en la gente mulata. Su verso prepotente, siempre vital, alegre y sensual fue capaz de suscitar el compromiso de la conciencia y su prosa, cultivada en géneros secundarios, presenta la misma elegancia, particularmente en los textos autobiográficos como Prosas de prisa o El diario que a diario.

 

El Caribe

Una etimología incierta pero indudablemente poética, atribuye el origen de la denominación Mar de las Antillas a una metáfora: la infinitud de islas y cayos esparcidos en aquel mar son como lentilles flotando sobre los increíbles azules de aquella parte del Océano que el poeta José Lezama Lima amaba llamar un mar violeta. Esta poética visión a vuelo de pájaro de un lugar destinado a encarnar sucesivos y contradictorios mitos, describe una entidad natural sin habitantes y sin historia: la alegre guirnalda de islas aparece como un lugar de arribo y de salida y no como un centro de vida. Desde la belleza paradisíaca descrita por Colón, a las aventuras de piratas, bucaneros y corsarios, desde centro de espionaje y de contrabando a paraíso turístico, al Mar de las Antillas hoy se le llama con más frecuencia Mar Caribe, un nombre que recuerda las agresivas poblaciones que navegaban, arrogantes, entre estas islas incluyendo también aquellas tierras firmes bañadas por aguas caribeñas: desde las costas de Estados Unidos, a Venezuela, a Colombia, a México. Semejante dilatación del área geográfica que acostumbramos a llamar Caribe, transforma aquel mar de ente natural en ente cultural ya que de paisaje inanimado, escenario de aventuras ajenas, deviene lugar social, político, económico y cultural. Este lugar, rozado por las aguas calientes de la corriente del golfo y abrazado por el Trópico del Cancro, llega a ser una comunidad cuando se toma conciencia de la común historia de esterminios de las poblaciones indígenas, de la misma importación forzada de esclavos africanos, de la compartida economía de plantaciones y del común destino de encrucijada de tráficos -más ilícitos que lícitos- que siguen siendo sus características hasta hoy. Este mar está bien descrito en el editorial de la revista “Temas” que le ha dedicado un número monográfico:

 

El Caribe posee una dicha única. Atravesado por una tupida red de fronteras invisibles y rutas marítimas, extendidas entre las islas, y entre éstas y sus vecinos continentales; contorno económico, histórico y cultural diferenciado, con la mayor pluralidad étnica, lingüística, de sistemas políticos, escalas fiscales y estatutos de soberanía en el entorno continental; ámbito de minúsculos estados, para cuya integridad los uracanes, el crimen organizado, el narcotráfico y las grandes corporaciones representan amenazas gigantescas; vecinos cercanos con niveles ínfimos de cooperción e integración económica, plataformas de exportación, teatros de operaciones financieras, eslabones de cadenas productivas y comerciales transnacionales; comarca de las colonias más ricas del Nuevo Mundo en su época, y de los países más pobres del continente en la actual; pasadizo de barcos piratas, cruceros turísticos, balseros, flotas de guerra y supertanqueros de petróleo; archipiélago de bases militares norteamericanas; apostadero colonial de distintas potencias europeas; crisol de religiones de Oriente y Occidente; fiel geopolítico del Norte y del Sur del emisferio.

 

Además de todas las diferencias señaladas arriba, la diferencia lingüística entre las poblaciones del Caribe constituye en el plan cultural uno de los factores de deshomogenización más difíciles de resolver; pues las lenguas habladas -excluyendo las lenguas créoles que de todas formas tampoco son originarias sino el producto de un proceso de transculturación todavía en desarrollo- son todas de procedencia imperial y, aun cuando suplen ya una lengua materna desaparecida junto con las poblaciones indígenas que las hablaban, ponen un problema ético-político ya que son las lenguas del dominador. En el Caribe hispanófono, como en gran parte de la América hispana, la lengua fue aceptada y se ha estabilizado como lengua local no sólo por los cinco siglos de imposición sino también porque el castellano ha funcionado como una koiné para una población que, en cuanto fruto de procedencias locamente eterogéneas, producía una cultura otrotanto compuesta:

 

De un constante choque de culturas en este trópico nació la cultura caribeña, hija de gallegos, mayas, catalanes, taínos, andaluces, bretones, celtas, germanos, galors, íberos, yorubas, congos, ararás y yolofes y, hasta con envidiable discreción, chinos e indios orientales.

 

Existe un discrimen en la historia de la humanidad que no creo esté presente en la naturaleza: el que existe entre superioridad e inferioridad. Una conocida fábula de Fedro, Lupus et agnus, nos cuenta que el lobo -uñas y dientes afilados- está en las orillas de un riachuelo, en lo alto (superior stabat) y que el cordero -sin instrumento alguno de ofensa ni de defensa- está en la misma orilla, pero mucho más abajo (longeque inferior). El concepto de superioridad y de inferioridad, que presume explicar las diferencias, no nace, según Fedro, de los pertrechos de ofensa y de defensa de que la naturaleza ha dotado las criaturas ni de su habilidad en usarlos, sino de una posición, de la causalidad de encontrarse más arriba o más abajo. De esta diferencia de posición (diferencia que implica el estar y no el ser) brota pues la prepotencia del lobo y la submisión del cordero. El apólogo sirve para llamar la atención sobre una cuestión general: el que cree que es superior, que pertenece a un ámbito superior, que está arriba como el lobo (y sin ninguna razón lógica), agrede al otro con argumentos insostenibles desde el punto de vista de la razón y de los sentimientos. Es más, blinda sus razonamientos con corazas de normas, estatutos y cánones que hacen indiscutible su pertenencia a la esfera de la superioridad. Lo cual es válido, según me parece, para todas las culturas y para todos los tiempos pasados y no sólo para el Caribe que ocupa todavía uno de los ínfimos peldaños del estar en lo bajo, de la inferioridad. Es válido también para las vidas individuales y vale para las mujeres y su historia, consideradas inferiores con respeto al hombre. Y ya que la mujer es un sujeto transversal que atraviesa raza, edad, clase y muchas otras diferencias, ella, desde su impuesta condición de inferioridad, está dotada de la sensibilidad necesaria para comprender la angustia de la marginación, la humillación de la inferioridad, la injusticia del agravio, la dificultad del bilingüismo, la necesidad de hacer audible la voz de los vencidos, de los “inferiores”.

Estoy convencida de que hay que tener el mayor cuidado para que quede siempre abierta esta sensibilidad evitando, con todos los medios, incluso corriendo el riesgo de ahogarse en el desorden y en el caos, de caer en el error propio de quien se considera “superior”, de blindar el saber trabajosamente conquistado en los estrechos términos de una norma inventada para el caso. Por añadidura, la práctica academica nos induce a analizar los fenómenos culturales para reconducirlos a una unidad normativa. Personalmente trataré siempre de evitar el error de contribuir a formular una norma de la excepción. El magma étnico, cultural y lingüístico del Caribe no puede reducirse, por substracción, a unidad, al contrario, debe abrirse de par en par, por adición, a todas sus desordenadas diferencias. Trabajar sobre la alteridad, las diferencias, ofrece extraordiarios estímulos y aperturas al conocimiento pero hay que vigilar contra el riesgo que el otro se quede como algo separado y lejano en vez de llegar a sumarse a nuestra experiencia.

Pensar desde los márgenes, narrar desde los márgenes, gritar desde los márgenes significa sabotear el centro, hacer explotar los esquemas, volver a ponerlo todo en discusión. Se ha dicho que el métissage es el lugar de lo indecible y de lo indeterminado. La voz caribeña y el cuerpo mulato de Nicolás Guillén nos enseñan a sumar en vez de restar, anulando la superioridad del blanco y la inferioridad del negro, mancomunados por el canto y por el llanto resonantes en sus versos “de la cepa castellana pura”.

A partir de finales del siglo XIX y sobretodo de las vicisitudes de la guerra de independencia de Cuba, el español hablado en el Trópico, a pesar de ser un idioma ex-imperial, era también la lengua que se oponía al inglés de Norteamérica, una lengua identificada con la política neoimperialista de Estados Unidos. Pensemos en la resistencia cultural de Puerto Rico que todavía sigue luchando contra la penetración lingüística del inglés tanto en la isla como en los barrios portoricanos de los Estados Unidos. El español de América es una lengua fuerte y plasmable de la cual se han servido sin malestar alguno los escritores del Caribe para narrar y narrarse y para dar vida a aquella literatura original que Alejo Carpentier ha definido de lo real maravilloso.

Las diferencias lingüísticas y las diferentes dominaciones coloniales; la diversidad de regímenes políticos y de historias nacionales han mantenidos distantes los países del Caribe pese a que, a finales del siglo XIX, el cubano José Martí, poeta modernista pero también hombre político y revolucionario, advertía con fuerza la importancia geopolítica de la zona del Caribe como última barrera entre los agresivos Estados Unidos y el resto de América que, con una expresión que ha llegado a ser universal, había bautizado Nuestra América. En su Diario de campaña, Martí describe con gran eficacia poética aquella naturaleza que Colón había ilustrado a los Reyes en términos paradisíacos y con la avidez del conquistador. Martí puebla aquella naturaleza exuberante y espléndida de seres humanos heroicos y miserables, pobres y hospitalarios, desesperados y luchadores, negros y blancos; con él el escenario mudo del Caribe se ve animado por un grito de guerra.

Recordemos que por el mar de las Antillas han andado con su cetro las coronas de España, Inglaterra, Francia, Holanda, Suecia, Dinamarca incluyendo Estados Unidos, que si en la Española ya en 1538 se había fundado la Universidad de Santo Tomás de Aquino, habrá que esperar hasta 1920 para la fundación de la Universidad de Estado en Haití, 1949 para la University of the West Indies y 1968 para la Universidad de Surinam. Al contrario, es en Haití donde se consigue primero la independencia (1804) y casi un siglo después, con el pesado control norteamericano le toca a Cuba y Puerto Rico. Pero para Jamaica (1962), Barbados (1966, Surinam (1975), Belice (1981) y Aruba (1996) hubo que esperar la segunda mitad del siglo veinte mientras quedan todavía islas que prefieren ser territorio europeo antes que quedarse perdidas en el mar violeta.

Las distancias entre las entidades que integran el Caribe existen, es cierto, sin embargo según Franklin Knight éstas atraviesan la misma experiencia general del resto de América, sólo que en diferentes períodos de tiempo;   se trata de un desfase temporal, un desigual avance histórico, que dificulta mucho un discurso literario caribeño desarrollado entre los rieles de las historias literarias y nacionales pero que encuentra su camino posible acudiendo a los instrumentos de los estudios culturales. Por otra parte ¿es posible pensar que un pueblo y una población que se encuentran en una posición (en un estar) diferente a la que es reconocida y organizada por quienes se encuentran en otra zona del tiempo y del espacio, no tiene derecho a una cultura propia? Un sacerdote dominicano de Santiago de los Caballeros resumía la inestabilidad de las dominaciones coloniales y la incertidumbre de los pobladores del Caribe al quejarse:

 

Ayer español nací,

a la tarde fui francés,

a la noche etiope fui,

hoy dicen que soy inglés;

¡no sé que será de mí!

 

El elemento africano presente en esta queja constituye, según Ana Pizarro, “el nexo más vinculante” entre las diferencias caribeñas evidenciándose en el proceso de trasculturación afroamericano , un proceso lento, de siglos, que después de la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, sufre una aceleración en el XX debido al interés suscitado en Europa por el arte negro tanto de procedencia africana que americana:

 

Una Europa inmersa en una honda crisis de valores, que se vuelca a la búsqueda de lo exótico, de lo primitivo, de todo aquello que quedara fuera del mundo burgués reglamentado y mecanizado. Es este afán de fuga, de ruptura con el orden establecido lo que conduce, en gran medida, al fecundo contacto de la cultura europea, y especialmente la francesa, con el arte negro […]este amplio movimiento alcanza su apogeo a partir de la Primera Guerra Mundial cuando con las tropas norteamericanas el jazz cruza el Atlántico.

 

Tal parece que en las primeras décadas del siglo XX la crisis de las vanguardias europeas, su falta de estabilidad y de certidumbres, su rechazo hacia el orden establecido van a coincidir con lo irresuelto caribeño, con su fragmentariedad, casi que la no-sincronía del Caribe (interna, pero también relativa al ámbito externo), se hace intelegible por primera vez al racionalismo cartesiano europeo. En 1921 el prestigioso Premio Goncourt recae sobre el autor martiniqueño René Maran con su Batuala donde narra las costumbres de algunas tribus del Africa Ecuatorial, un libro que suscitó un gran eco en el mundo de las letras y que, sin embargo, fue prohibido en La Martinica casi que el tema negro, si era tolerable en los esquisitos salones del Goncourt, devenía intolerable entre las palmas y las chozas de la isla. El jamaiquino Claude Mckay, emigrado ya en 1912 a Nueva York y protagonista del Harlem Renaissence, lo denuncia en su novela coeva, Banjo. En la primera mitad del siglo el tema negro se hace patente y visible, incluso con cierto éxito; sin embargo en su generalidad se trata de una búsqueda de tradiciones africanas llevadas en el espacio continental africano y casi nunca en el nuevo contesto americano. En este clima, Margarita Mateo hace notar que:

 

A fines de la década del veinte tiene lugar una fuerte aceptación de lo negro en el Caribe de habla española […] Una de las tendencias que se aprecian en el acercamiento a este problema es la búsqueda de las tradiciones africanas, pero no en su nuevo contexto americano, no como parte integrante de una cultura que no era resultado de un profundo proceso de transculturación, sino an Africa misma. El ancestro africano, de este modo, se revelaba más que como una herencia, como una fuerza con valor propio en sí. En otros términos, se trataba de una actitud mimética que miraba más hacia los valores africanos puros que hacia la propia realidad caribeña. René Depestre, que ha realizado importantes estudios sobre esta problemática, explica acertadamente cómo esta visión, más que a una reivindicación del hombre negro, puede conducir a la creación de nuevos mitos, a la exaltación de valore metafísicos propios de una supuesta <esencia negra>, para arribar en última istancia a un nuevo estereotipo que -a partir de presupuestos raciales- pierda de vista el condicionamiento social e histórico.

 

No fue este el caso de Nicolás Guillén. Desde Motivos de son, la voz de Guillén ha hablado siempre a partir del nuevo territorio americano y a partir de la transculturación de sus habitantes. Sin querer quitarle nada a la importancia del tema negro en su poesía, me parece oportuno notar esta diferencia fundamental: el poeta cubano al afirmar que lo africano aporta su contribución a una posible definición del ser humano, establece el principio que el hombre (léase la humanidad) es suma de diferencias y variedades, un principio que en el Caribe desciende de la mera observación del paisaje humano. Por consiguiente, la irrupción de nuevos ritmos y musicalidades en la poesía en lengua española que empieza en 1930, cuando el poeta despierta en plena noche llamado por la insistencia y la repetición de dos palabras, “negro bembón, negro bembón” y se lanza a escribirlas junto con los otros siete motivos, no es la irrupción del tema negro “pasando por Montparnasse y el Barrio Latino, y aun por la Sorbona”   sino la explosión de la voz del Caribe mulato que el poeta nos va a narrar. La experiencia poética que va de Motivos… a Sóngoro… arribando a West Indies…y hasta Son entero ( cuyos poemas más tarde fueron incluidos en Sóngoro…) constituye el acabado itinerario antillano del poeta del Caribe.

 

El poeta en el Caribe

El pequeño mundo de negros de los barrios de La Habana que conforma los Motivos de son, se amplía a nivel nacional en Sóngoro Cosongo llegando a adquirir un alcance antillano en West Indies Ldt. donde el poeta construye el puente que desde Africa llega al Caribe mestizo en una aventura deshumana, por cierto, pero sorprendente en su resultado novedoso y estimulante de un encuentro inédito de razas y culturas que se funden y confunden delineando el perfil definitivo de América. En Sóngoro Cosongo el poeta afirma la posición del africano en suelo americano, su presencia , la de alquien que llega de lejos, capaz de tener el remo, de puño fuerte y conocedor de las aguas y al mismo tiempo alguien a quien lo espera “la ciudad con sus palacios”, con sus calles (Llegada ). Alguien que viene de lejos y confía que llegará el momento en que le pedirán perdón, comerán de su ajiaco y bailarán con su voz (Canción del Bongó) así como ha llegado el momento “de lucirse negro mientras aplaude el bulvar, / y frente a la envidia de los blancos / hablar en negro de verdad” (Pequeña oda a un negro boxeador cubano).

Pero sólo cuando el verso de Guillén logra abarcar todo el Caribe, lo cual ocurre enWest Indies Ltd., se perfila con sus matices un hombre antillano, que ya puede ser autoafirmativo e insertado en la modernidad, un hombre que ya puede narrarse:

 

Aquí,

en medio del mar,

retozando en las aguas con mis Antillas desnudas,

yo te saludo, Trópico.

Saludo deportivo,

primaveral,

que se me escapa del pulmón salado

através de estas islas escandalosas hijas tuyas.

(Palabras en el Trópico)

 

Sin embargo, este hombre que es el producto de dos sangres mezcladas, la del abuelo negro y del abuelo blanco,

los dos del mismo tamaño,

bajo las estrellas altas;

los dos del mismo tamaño

(Balada de los dos abuelos)

 

necesita aprender a conocerse y a afirmarse, a reivindicar su presencia, su posición en este mundo desconocido por nuevo y al mismo tiempo familiar por tropical. Un hombre en quien la rabia explota y necesita ser controlada por la razón y la evidencia de que al negro antillano le toca por fin la ineludible tarea de tomar su destino:

 

Coge tu pan, pero no lo pidas;

coge tu luz, coge tu esperanza cierta

como a un caballo por las bridas.

Plántate en medio de la puerta,

pero no con la mano abierta,

no con tu cordura de loco:

aunque te den el pan, el pan es poco,

y menos ese pan de puerta en puerta.

(Sabás)

 

Tiene que hacerse protagonista de su vida pese al duro trabajo, en la caña, en el puerto, contra siglos de esclavitud:

 

Es que aquí están los gritos silenciosos

y el sudor hecho vidrio; las tremendas

horas de muchos hombres musculosos

 

y débiles, sujetos por las riendas

como potros. Volunades en freno,

y las heridas pálidas sin vendas.

(Nocturno en los muelles)

 

Tiene que renunciar al consuelo de la superstición, aprender a conocerse y apreciarse a si mismo, tiene que deshacerse del miedo o, a lo menos, aprender a controlarlo:

 

Las turbias aguas del río

son hondas y tienen muertos;

carapachos de tortuga,

cabezas de niños negros.

De noche saca sus brazos

el río, y rasga el silencio

con sus uñas, que son uñas

de cocodrilo frenético.

(Balada del güije)

 

El hombre que está en el Caribe porque allí lo ha traído la operación mercantil más desalmada que el Occidente recuerde, encuentra su identificación en la solución de las adivinanzas que suman las palabras negro, hambre, caña y limosna en un “yo” a partir del cual Guillén reconstruye la dignidad del antillano, con quien está totalmente identificado:

 

Un hombre que está llorando

con la risa que aprendió.

¿Quién será, quién no será?

-Yo.

(Adivinanzas)

 

El espacio en que lo han obligado a vivir no está aislado: se encuentra entre tierras americanas donde hace ya tiempo una potencia agresiva controla el Caribe. Contra ella Guillén llama a vigilar: que las alegres maracas que amenizan las vacaciones del turista norteamericano, maracas artistas, tomen conciencia del peligro y no sigan ignorándolo;

 

Esa ignora que hay yanqui en el mapa;

vive feliz, ralla su pan sonoro,

y el duro muslo a Mamá Inés destapa

y pule y bruñe más la Rumba de oro.

(Maracas)

 

Se trata de un peligro que se desliza alevoso a ras del suelo, un peligro contra el cual hay que defenderse con armas oportunas, con las armas de la tradición, con el sencillo convencimiento que hay que liberarse de la concreta amenaza de caer en las manos de un poder neocolonial, liberarse de la amenaza y del peligro matando a la serpiente ya que:

 

La culebra muerta no puede comer,

la culebra muerta no puede silbar,

no puede caminar,

no puede correr.

La culebra muerta no puede mirar,

la culebra muerta no puede beber,

no puede respirar,

no puede morder.

(Sensemayá)

 

Por otra parte, la sociedad antillana toda es el producto de cruces ancestrales y secretos, de vivencias entrecruzadas, de opresiones y explotaciones compartidas. Hay que enfrentar esta verdad: ningún antillano puede pretender una pureza racial imposible de mantener en la abigarrada historia de las islas donde se han mezclado Africa y Europa, dominador y dominado, esclavo y amo:

 

¡Ah, mi señora! Mírate las venas misteriosas;

boga en el agua viva que allá dentro te fluye,

y ve pasando lirios, nelumbios, lotos, rosas;

 

que ya verás, inquieta, junto a la fresca orilla

la dulce sombra oscura del abuelo que huye,

el que rizó por siempre tu cabeza amarilla.

(El abuelo)

 

En estas islas va caminando el yo identidario de Guillén, un yo que no siempre logra controlar la rabia sacrosanta del oprimido y un yo que sabe que sus poderosos brazos tienen que remar, que sus fuertes piernas tiene que caminar para llegar -a veces bravo y furioso- al tiempo de la conciliación:

 

Ay,

las piernas se ponen duras,

caminando;

los ojos ven desde lejos,

caminando;

la mano agarra y no suelta,

caminando.

(Caminando)

 

Un tiempo difícil de conseguir porque implica la fuerza grande del perdón y la lucidez necesaria a comprender que estas islas que “van navegando encendidas” (Calor) albergan un mismo destino y una misma miseria:

 

Están unidos como dos buenos perros…

Juntos así como dos buenos perros,

uno negro, otro blanco,

cuando llegue la hora de la marcha

¿querrán marchar como dos buenos hombres,

uno negro, otro blanco?

(Dos niños)

 

La miseria no discrimina entre una raza y otra, es la explotación del poderoso sobre quienes ha condenado a la inferioridad lo que produce la insalvable diferencia, el sufrimiento, la rebeldía. En su Balada el negro Simón Caraballo, hambriento y perseguido, se queja:

 

La sarna me come en vida,

el reuma me amarra el pie;

luna fría por la noche, madrugada sin café.

(Balada de Simón Caraballo)

 

Al pobre Simón, antes de que el guardia lo declare preso, la muerte equitativa lo libera de la cárcel. Pero no siempre es éste el destino del esplotado; la rabia, la desesperación, el hambre también llevan a la rebelión:

 

¡Animo, amigos! ¡Piernas sueltas,

diente afilado, hocico duro,

y no marearse con dar vueltas!

 

¡Saltemos sobre la ciudad,

como perros abandonados

en medio de una tempestad!

(Canción de los hombres perdidos)

 

Todos los temas enunciados hasta ahora se encuentran enlazados en las ocho partes en que está dividido el poema que le da el título al libro, West Indies, Ltd.; el atraso histórico de las dos principales componentes raciales :

 

Bajo el relampagueante traje de dril

andamos todavía con taparrabos;

gente sencilla y tierna, descendiente de esclavos

y de aquella chusma incivil

de variadísima calaña,

que con el nombre de España

cedió Colón a Indias con ademán gentil.

 

El paisaje inanimado:

 

¡Ah, tierra insular!

¡Ah, tierra estrecha!

¿No es cierto que parece hecha

sólo para poner un palmar?

 

“Los coroneles de terracota, los políticos de quita y pon”, la condena de la caña y el deshumano trabajo de la zafra, el hambre (“¡Hambre de las Antillas, / dolor de las ingenuas Indias Occidentales!”), la lucha:

 

De entre la oscura

masa de pordioseros que trabajan,

surge una voz que canta,

brota una voz que canta,

sale una voz llena de rabia,

se alza una voz antigua y de hoy,

moderna y bárbara…

 

Y finalmente, sobre la mezcla ancestral, los nuevos peligros de la norteamericanización que hace de las Indias Occidentales al mismo tiempo el paraíso del turismo y el infierno de la explotación:

 

Esta es la grotesca sede de companies y trusts.

Aquí están el lago de asfalto, las minas de hierro,

las plantaciones de café,

los ports docks, los ferry boats, los ten cents…

Este es el pueblo del all right

donde todo se encuentra muy mal;

este es el pueblo del very well,

donde nadie está bien.

 

[…]

 

Un altísimo fuego raja con sus cuchillas

la noche. Las palmas, inocentes

de todo, charlan con voces amarillas

de collares, de sedas, de pendientes.

Un negro tuesta su café en cuclillas.

Se incendia un barracón.

Resoplan vientos independientes. Pasa un crucero de la Unión

Americana. Después, otro crucero,

y el agua ingenua ensucian con ambiciosas quillas,

nietas del viejo Drake, el filibustero.

 

Lentamente, de piedra, va una mano

cerrándose en un puño vengativo.

Un claro, un claro y vivo

son de esperanza estalla en tierra y oceano.

El sol habla de bosques con las verdes semillas…

West Indies, en inglés. En castellano,

las Antillas.

 

Una Lápida parece cerrar el poema y el libro:

 

Esto fue escrito por Nicolás Guillén, antillano,

en el año de mil novecientos treina y cuatro

 

y sin embargo, antes de que termine definitivamente este extraordinario libro de poemas que, quince años antes del Canto General de Neruda, ha suscitado del impasible mar violeta el mundo antillano y su fervor misterioso, todavía aparece, en un inolvidable boceto, la pequeña Guadalupe con su Point-à-Pitre, mudos y sordos al llamado del poeta:

 

Parte el vapor, arando

las aguas impasibles con espumoso estruendo.

Allá quedan los negros trabajando,

los árabes vendiendo,

los franceses paseando y descansando,

y el sol ardiendo.

(West Indies, Ltd.)

 

Nicolás Guillén sigue en su coloquio con las Antillas en El son entero (1947) dilatando sus fronteras hasta Colombia y Venezuela y llegando a invocar para Stalin (el Stalin vencedor de la invasión nazista y por lo tanto símbolo de esperanza para los oprimidos), la protección de los orishas antillanos :

 

Stalin, capitán

a quien Changó proteja, a quien resguarde Ochún…

(Una canción a Stalin)

 

y reafirmando en su estribillo “todo mezclado, todo mezclado”, la importancia de la suma de diferencias que han hecho del Caribe un lugar especial en el mundo, canta:

 

Yoruba soy, soy lucumí,

mandinga, congo, carabalí.

Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:

 

Salga el mulato,

suelte el zapato,

díganle al blanco que no se va…

De aquí no hay nadie que se separe;

mire y no pare,

oiga y no pare,

beba y no pare,

coma y no pare,

viva y no pare,

¡que el son de todos no va a parar!

(Son número 6)

 

A lo largo de los textos señalados, pero principalmente en West Indies,Ltd., Nicolás Guillén ha ido construyendo la narración de un espacio de tierra y agua que la historia, con sus intereses, con sus maldades y prepotencias ha poblado de gentes de procedencias geográficas, raciales, étnicas, lingüísticas, religiosas de lo más diferentes. Con la sabiduría de quien sabe a ciencia cierta que no se le puede dar vuelta a la historia, el poeta mulato concibe un mundo en que las impurezas, las variedades, lejos de verse anuladas sean exaltadas por lo que son: una riqueza más para la humanidad.

 

 

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