Cuentos del Arañero: El viejo como un guerrero

Cuentos del Arañero: El viejo como un guerrero

En Barinas, junto a su hermano mayor, Adán Chávez.

Cuentos de Familia

El viejo como un guerrero

Hugo Chávez Frías 

El día jueves en la noche mi padre sufrió un accidente cerebro vascular, cumpliendo con sus labores allá de gobernador de Barinas. Se la pasa por los pueblitos atendiendo a la gente, viviendo con la misma angustia existencial que vivimos nosotros ante la tragedia de los campesinos, y cumpliendo con sus responsabilidades. Fue sorprendido, una emboscada de la vida como yo la llamo.

El viejo como un guerrero se paró, lo trajimos esa madrugada a Caracas y llegó una doctora a hacerle preguntas. Algo importan­tísimo es que papá nunca perdió la conciencia, y Dios mediante se está recuperando. Pero esa madrugada, como a las cuatro de la mañana, llegó la doctora. “¿Tú sabes silbar?”, le dijo. “¿Qué quieres que te silbe?”. Yo lo veía muy preocupado, pero por dentro con una gran esperanza al verlo con aquella picardía, ahí guapeando. Después le dice la doctora: “¿Pero tú silbas y cantas también?”. “Sí”, y le cantó una canción, una canción viejísima.

Papá fue parrandero. Yo era muy niño y él tenía un amigo llamado John que tenía una guitarra y ellos cantaban, daban serenatas y a veces los viernes llegaba a medianoche. Imagínate tú, era maestro de escuela y vendía carne por los campos en un burro negro. Conoció a mi mamá que nació y se crió en un campito más adentro del pueblo, en las costas del Caño de Raya, un caserío que se llama Los Rastro­jos. Ahí nació mi mamá. En las Frías eran casi puras hembras ¿no?, y buenas mozas. Papá se la trajo en el anca del burro y se casaron.

Cuando nació Adán, el mayor, papá tenía veinte años; mi mamá diecisiete. Yo nací al año siguiente. Somos seis varones en fila india. A mi papá lo recuerdo, chico, jugaba béisbol; de ahí nació mi pasión por el béisbol. Papá es zurdo, jugaba en el equipo “Los Centauros” de Sabaneta, en un peladero de chivo, jugando primera base. Lo recuerdo también de bochador de bolas criollas, con la zurda. Él sacaba la bola por un lado, “pac”.

Y le cantó esa vieja canción a la doctora, a las cuatro de la ma­ñana. Es una tonada hermosa que termina diciendo: A mí me dicen llanero, ay, sí / y de eso no me quejo / porque traigo mi sombrero / porque traigo mi sombrero de paja y con barboquejo.

Cuentos del Arañero 

Categories: Cuento, Literatura, Venezuela