26 de julio: de solidaridad, unidad, amor y lucha

26 de julio: de solidaridad, unidad, amor y lucha

Por Nicolás Canosa 

Estamos viviendo una tragedia económica y social, en Argentina, en América Latina, en el mundo también.

Más que nunca necesario que nos guíe el espíritu solidario, de compromiso con el prójimo que es la patria, de amor y de entrega por una causa justa, que nos enseñó esa legendaria mujer, eterna en el corazón del pueblo, la abanderada de los humildes, Evita.

Eva Perón, que se nos fue un 26 de julio de 1952. Mismo día que el ideal de Martí, que recorría “el subsuelo de la patria” y “el espíritu de la tierra” de una isla sometida por un cruel dictador cipayo, se expresó una revolución nacional y popular en Cuba, en la cual también se ve el latinoamericanismo presente con el Che, con la llegada de México de los revolucionarios, con la apelación a la unidad de nuestra América de ese pueblo que hizo de su cultura -entendida ésta como modo de habitar el mundo según valores- la espada y escudo de su revolución.

Mismo día que estrecharon ese abrazo de Guayaquil dos gigantes de la independencia, como San Martín y Bolívar, advirtiendo la imprescindible unidad continental ante el peligro balcanizador de Gran Bretaña y “los Estados Unidos, que parecían destinados a plagar el mundo de miseria en nombre de la libertad”, como presagió Bolívar en una carta inolvidable.

Una tragedia económica y social, que podemos superar. Que no es el “Destino Manifiesto”. Que está en disputa. Que se nos va la vida en ello.

Una tragedia civilizatoria que pone en riesgo la humanidad y la naturaleza, a instancias de un neoliberalismo destructivo y salvaje que hace del mar Mediterráneo un cementerio por las guerras que provoca; que expande el hambre y la tristeza por la pobreza y desempleo que implican que gobiernos, como el de Macri, estén al servicio del capital financiero, aplicando las recetas de las instituciones globales como el FMI y de los principales bancos y transnacionales.

Un modelo civilizatorio destructivo, que no prioriza el buen vivir del hombre y la mujer, de los pueblos. Y los pueblos, los que podemos revertir esta historia. Aquí la esperanza. Aquí la lucha, que con valores impulsados por la solidaridad, unidad, amor al prójimo, preparación comprometida y ética profunda de la responsabilidad, puede vencer.

Hasta la victoria, siempre.

 

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