5 poemas de la uruguaya Delmira Agustini

5 poemas de la uruguaya Delmira Agustini

Poeta uruguaya nacida en Montevideo en 1886, en el seno de una familia burguesa descendiente de alemanes, franceses y porteños.

Desde muy corta edad incursionó en el campo poético publicando su primer poemario, El libro blanco en 1907. Luego aparecieron Cantos de la mañana en 1910 y Los cálices vacíos.

Mujer de gran sensibilidad y sensualismo, asombró a Montevideo y Buenos Aires con sus libros de versos.

Contrajo matrimonio en 1913. Su matrimonio fracasó a los dos meses, y un año después, en 1914, murió asesinada por su marido quien se suicidó después.

Después de su muerte se publicaron dos composiciones más: El rosario de Eros y La Alborada.


Delmira Agustini

 

Boca a boca

 

Copa de vino donde quiero y sueño

beber la muerte con fruición sombría,

surco de fuego donde logra Ensueño

fuertes semillas de melancolía.

 

Boca que besas a distancia y llamas

en silencio, pastilla de locura,

color de sed y húmeda de llamas…

¡Verja de abismos es tu dentadura!

 

Sexo de un alma triste de gloriosa;

el placer unges de dolor; tu beso,

puñal de fuego en vaina de embeleso,

me come en sueños como un cáncer rosa…

 

Joya de sangre y luna, vaso pleno

de rosas de silencio y de armonía,

nectario de su miel y su veneno,

vampiro vuelto mariposa al día.

 

Tijera ardiente de glaciales lirios,

panal de besos, ánfora viviente

donde brindan delicias y delirios

fresas de aurora en vino de poniente…

 

Estuche de encendidos terciopelos

en que su voz es fúlgida presea,

alas del verbo amenazando vuelos,

cáliz en donde el corazón flamea.

 

Pico rojo del buitre del deseo

que hubiste sangre y alma entre mi boca,

de tu largo y sonante picoteo

brotó una llaga como flor de roca.

 

Inaccesible… Si otra vez mi vida

cruzas, dando a la tierra removida

siembra de oro tu verbo fecundo,

tú curarás la misteriosa herida:

lirio de muerte, cóndor de vida,

¡flor de tu beso que perfuma al mundo!


 

 

Boceto inconcluso   

 

A veces, cuando el amado y yo soñamos en silencio,

-un silencio agudo y profundo como el acecho

de un sonido insólito y misterioso-

siento como si su alma y la mía corrieran lejanamente,

por yo no sé qué tierras nunca vistas,

en un raudal potente y rumoroso…

 


 

 

Ceguera

 

Me abismo en una rara ceguera luminosa,

un astro, casi un alma, me ha velado la Vida.

¿Se ha prendido en mí como brillante mariposa,

o en su disco de luz he quedado prendida?

No sé…

Rara ceguera que me borras el mundo,

estrella, casi alma, con que asciendo o me hundo.

 

¡Dame tu luz y vélame eternamente el mundo!

 


 

 

Con tu retrato

 

Yo no sé si mis ojos o mis manos

encendieron la vida en tu retrato;

nubes humanas, rayos sobrehumanos,

todo tu Yo de Emperador innato

 

amanece a mis ojos, en mis manos.

¡Por eso, toda en llamas, yo desato

cabellos y alma para tu retrato,

y me abro en flor!… Entonces, soberanos

 

de la sombra y la luz, tus ojos graves

dicen grandezas que yo sé y tú sabes…

y te dejo morir… Queda en mis manos

 

una gran mancha lívida y sombría…

¡Y renaces en mi melancolía

formado de astros fríos y lejanos!

 


 

 

Cuentas de fuego

 

Cerrar la puerta cómplice con rumor de caricia,

deshojar hacia el mal el lirio de una veste…

-La seda es un pecado, el desnudo es celeste;

y es un cuerpo mullido, un diván de delicia.-

 

Abrir brazos…así todo ser es alado;

o una cálida lira dulcemente rendida

de canto y de silencio…más tarde, en el helado

más allá de un espejo, como un lago inclinado

ver la olímpica bestia que elabora la vida…

 

Amor rojo, amor mío;

sangre de mundos y rumor de cielos…

¡Tú me los des, Dios mío!

 

A media voz 

Categories: Literatura, Poesía, Uruguay