10 poemas de Violeta Parra

10 poemas de Violeta Parra

Violeta Parra 

Pa’ cantar de un improviso

Pa’ cantar de un improviso
se requiere buen talento, (1)
memoria y entendimiento,
fuerza de gallo castizo. (2)
Cual vendaval de granizos
han de florear los vocablos,
se ha de asombrar hast’ el diablo (3)
con muchas bellas razones, (4)
como en las conversaciones
entre San Peiro y San Pablo.

También, señores oyentes, (5)
se necesita estrumento,
muchísimos elementos
y compañero ’locuente;
ha de ser buen contendiente, (6)
conoce’or de l’historia.
Quisiera tener memoria
pa’ entablar un desafío,
pero no me da el sentí’o
pa’ finalizar con gloria.

Al hablar del estrumento
diríjome al guitarrón;
con su alambre y su bordón
su sonoro es un portento.
Cinco ordenanzas le cuento,
tres de a cinco, dos de a tres,
n’el clavijero a sus pies
l’entrasta’úra ’legante;
cuatro diablitos cantantes
debe su caja tener.

Y pa’ cantar a porfía
habrá que ser toca’ora,
arrogante la cantora
para seguir melodía,
galantizar alegría
mientras dure ’l contrapunto,
formar un bello conjunto,
responder con gran destreza:
yo veo que mi cabeza
no es capaz par’ este asunto.

Por fin, señores amables
que me prestáis atención,
me habéis hallado razón (7)
de hacerle quite a este sable.
Mas no quiero que s’entable
contra mí algún comentario,
pa’ cominillo en los diarios
sobran muchos condimentos.
No ha de faltarm’ el momento
que aprenda la del canario.

Comentario: Habla sobre lo que es cantar para ella y que para hacerlo utiliza la guitarra que es un instrumento sencillo.

Muda, triste y pensativa

Muda, triste y pensativa
ayer me dejó mi hermano
cuando me habló de un fulano
muy famoso en poesía. (1)
Fue grande sorpresa mía
cuando me dijo: «Violeta,
ya que conocís la treta
de la versá’ popular,
princípiame a relatar
tus penurias ”a lo pueta”».

«Válgame Dios, Nicanor,
si tengo tanto trabajo,
que ando de arriba p’abajo
desentierrando folklor.
No sabís cuánto dolor,
miseria y padecimiento
me dan los versos qu’encuentro;
muy pobre está mi bolsillo (2)
y tengo cuatro chiquillos
a quienes darl’ el sustento».

En ratitos que me quedan
entre campo y grabación,
agarro mi guitarrón,
o bien, mi cogot’e yegua.
Con ellos me siento en tregua
pa’ reposarme los nervios,
ya que este mundo soberbio
me ha destinado este oficio,
y, malhaya el beneficio,
como lo dice el proverbio.

Igual que jardín de flores
se ven los campos sembra’os
de versos tan delica’os
que son perfeutos primores.
Ellos cantan los dolores,
llenos de fe y esperanzas;
algotros piden mudanzas
de nuestros amargos males;
fatal entre los fatales
voy siguiendo estas andanzas.

Por fin, hermano sencillo
que no comprendís mi caso,
¿no sabís que un solo lazo
lacea un solo novillo?
Pica’o tengo el colmillo
de andar como el avestruz,
sin conseguir una luz
ni una sed de agua siquiera.
Mientras tanto, la bandera
no dice ni chuz ni muz.

Comentario: Es una decima que trata sobre Nicanor Parra descubriendo el don que Violeta tenia de poder hacer poesía.

Pero, pensándolo bien

Pero, pensándolo bien
y haciendo juicio a mi hermano,
tomé la pluma en la mano
y fui llenando el papel. (1)
Luego vine a comprender
que la escritura da calma
a los tormentos del alma, (2)
y en la mía, que hay sobrantes, (3)
hoy cantaré lo bastante
pa’ dar el grito de alarma.

Empezaré del comienzo
sin perder ningún detalle;
espero que no me falle
lo que contarles yo pienso.
A lo mejor no convenzo
con mi pobr’ inspiración, (4)
escas’ ando de razón,
mi seso está ’polilla’o,
mi pensamiento nubla’o
con tanta preocupación.

Recularé algunos años
y de lugar mudaré,
así les relataré
sin «coilas» y sin engaños.
Que se descarguen los daños
en la pobre relatora
por no valerle hast’ ahora
haberse amarra’o a Chile.
Si el canto no le da miles,
válgame Dios, la cantora.

Primero, pido licencia
pa’ «trasportar» la guitarra;
después, digo que fue Parra (5)
quien me donó l’existencia.
Si me falta l’elocuencia
para tejer el relato,
me pongo a pensar un rato
afirmando el «tuntuneo»,
a ver si así deletreo
con claridez mi retrato.

Tenga calma la compaña,
ya viene la despedí’a;
la poca sabiduría
mis ocurrencias empaña.
Siempre la suerte m’engaña
por mucha ilusión que tenga.
Que la fuerza me sostenga (6)
si el sacrificio es en vano,
y no me condene, hermano:
no hay mal que por bien no venga.

Comentario: Violeta se da cuenta que puede escribir poesía al igual que su hermano, y demuestra como lo disfruta.

Aquí presento a mi abuelo

Aquí presento a mi abuelo,
señores, demen permiso:
él no era un ñato petizo,
muy pronto van a saberlo.
En esos tiempos del duelo
versa’o fue en lo de leyes, (1)
hablaba lengua de reyes,
usó corbata de rosa,
batelera elegantosa,
y en su mesa pejerreyes.

José Calixto, su nombre,
fue bastante respeta’o, (2)
amistoso y muy letra’o,
su talento les asombre.
Más le aumente su renombre (3)
al decir muy en breve, (4)
nomás entre marte’ y jueves,
procura mostrar su honor,
defendiendo el tricolor
el año setentainueve.

En la ciudad de Chillán
vivía en un caserón,
dueño de una población
de gran popularidad.
Pa’ mayor autoridad
manda sus hijo’ a l’escuela, (5)
y a petición de mi abuela (6)
les enseña a solfear, (7)
par’ un’ orquesta formar
de arpa, violín y vihuela.

El día de San José,
nombre del dueño de casa,
s’hizo una fiesta grandaza
según lo supe después.
Había muerto una res,
llegan noventa visitas
con flores y tarjetitas,
besan y abrazan al santo, (8)
lo avivan con harto canto,
valse, mazurca y cuadrilla. (9)

Las damas con abanico,
de fraque los caballeros,
perfumosos y altaneros,
como son siempre los ricos.
Saltaban como unos quicos
cuando bajaron del coche
y armaron tremendo boche
los chiquillos copuchentos,
hormigueando to’os mugrientos (10)
entremedio ’e los fantoches.

Comentario: Trata sobre Violeta presentando a su abuelo, un hombre respetado.

 Mi abuelo por parte ’e maire

Mi abuelo por parte ’e maire (1)
era inquilino mayor,
capataz y cuidador
poco menos que del aire.
El rico con su donaire
lo tenía de obliga’o,
caballerizo monta’o,
de viñatero y rondín,
podador en el jardín
y hortalicero forza’o.

Todo esto, señores míos,
por un cuartito de tierra
y una galleta más perra
que llevaba a sus críos.
Algunos reales, ¡Dios mío!,
pa’ alimentar quince humanos,
sin mencionar los hermanos
que se apegaban al pial;
don Ricardo Sandoval,
cristiano entre los cristianos.

Al verlo a primera vista
parece mi lindo abuelo
algún arcángel del cielo,
gemelo de Juan Bautista;
azules sus pupilitas,
dorada su cabellera,
montado en su yegua overa
no hay niña que no lo mire,
ni vieja que no suspire
por detrasito ’e mi abuela.

Cuenta mi madre afligida
que mi abuelito Ricardo
era un hermoso leopardo
pa’ batallar por la vida; (2)
fuera de noche o de día (3)
de aquí para allá galopa.
Se le empapaba la ropa
en los inviernos terribles,
y en los veranos temibles
sudaba como as de copa.

Mi abuela a cargo ’e la casa,
amamantando sus críos,
llevando el agua del río
pa’ preparar buena masa,
criando pollos de raza,
sacando miel en enero,
limpiando trigo en febrero
para venderlo en abril,
y en mayo, ¡qué perejil
cosecha junto al estero!

Comentario: El abuelo de parte materna, era un hombre honrado y trabajaba duro para mantener la familia.

La cena ya se sirvió

La cena ya se sirvió
en una mesa largucha:
en cada plato, una trucha,
pa’ la trucha, un botellón,
pa’ la botella, un copón,
pa’ la copa, una galleta,
encima ’e una servilleta
con un plateado cubierto;
como el pescado está muerto
le asoma ají por la jeta.

Sirven el aperitivo
p’alentar el apetito,
mistelas y pastelitos;
después vendrá el bajativo.
Ya se ven menos altivos
en el salón elegante, (1)
porque el vino es abundante
en el banquete d’estilo.
¿Qué pensarán los pililos,
comiendo guata picante?

Después sirven estofa’o,
a la chilena, por cierto;
nunca se vio cocimiento
más sabroso y aliña’o.
Pa’ llenar tanto invita’o
se precisan diez corderos,
de alverj’ almudes enteros,
gallinas y longanizas,
vino del que se usa en misa
todos los viernes primeros.

Una mujer cuarentona,
rolliza y bien agraciá’,
va y viene de aquí pa’ allá
con su carita monona.
Ya lleva una cantimplora,
ya trae un frasco de sal,
y en su blanco delantal
le zarandean los vuelos
cuando sirvió los buñuelos,
l’almíbar y el pan candeal.

¡Ya, niño, a los estrumentos!,
desea música el santo. (2)
Romp’ el arpa, sigue’l canto
con su gracioso portento;
el violín, con su lamento,
reban’ aquel humo ambiente,
y la guitarra presente
completa la gallardía,
dándole gran bizarría
al festín de mis parientes.

Comentario: Violeta describe los almuerzos familiares.

Más van pasando los años…

Más van pasando los años
las cosas son muy distintas,
lo que fue vino hoy es tinta,
lo que fue piel hoy es paño,
lo que fue cierto hoy engaño,
todo es penuria y quebranto.
De las leyes de hoy me espanto,
lo paso muy confundí’a,
y es grande torpeza mía
buscar alivio en mi canto.

Han visto la mantequilla,
dicen de que es vegetal
y que de leche animal
fabrican la mostacilla.
Las lineas de las chiquillas
desmáyese el más sereno,
que lo que miran por seno
no es nada más que nilón.
Pregunto con emoción:
¿quién trajo tanto veneno?

En este mundo moderno
no sabe el pobre de queso,
caldo de papas sin hueso
menos sabe lo que es terno.
Por casa, callampa infierno
de lata y lairillos viejos.
¿Como le aguanta el pellejo?
Eso sí que no lo sé,
pero bien sé que el burgués
se pita al pobre verdejo.

Yo no protesto por migo
porque soy muy poca cosa,
reclamo porque a la fosa
van las penas del mendigo.
A Dios pongo por testigo
que no me deje mentir,
no me hace falta salir
un metro juera ‘e la casa
pa’ ver lo que aquí los pasa
y el dolor que es el vivir.

Dispénsenme las chiquillas
si me hei salí’o del tema,
es que esta verdá me quema
el alma y la pajarilla,
que más está la sopaipilla
pa’l pobre ya no hay razones,
hay costras en los corazones
y horchata en las venas ricas,
y claro, esto a mí me pica
igual que los sabañones.

Comentario: Menciona como el tiempo a ido cambiando, esto le provoca angustia. Y haciendo poesía se libera de esto.

De tal palo, tal astilla

De tal palo, tal astilla,
se dequivoca el refrán:
solo le cuadra a San Juan, (1)
pero no a esta mocosilla;
bien dorá’ fue la tortilla, (2)
muy revueltita después.
Ya ven, mi abuelo José
con el Código en su mente,
y quién hubo más prudente
como mi otro abuelo fue. (3)

Tan sabios conocimientos
no recayeron en hijos;
con un misterio prolijo
pasan directo a los nietos, (4)
en lo cual yo no les miento,
tengo la prueba en la mano: (5)
yo les presento a mi hermano
como el más bonito ejemplo.
Si ahora no tiene un templo (6)
lo tendrá tarde o temprano.

No es que yo quiera pasarme
el lomo por l’escobilla;
tampoco hacerle cosquilla
al que ha venido a escucharme.
Con prisiones y gendarmes
castiguen mi vanidad,
a la pat’e la verdad
yo estoy contando mi cuento.
Perdonen mi atrevimiento
y mi escasa habilidad.

Toco vihuela, improviso,
compongo mis melodías,
las noches las hago días
pensando si lo preciso;
buscando el oro macizo
salgo volando al camino,
y el versear «a lo divino»
es oro de gran quilate.
Si pa’ vos es disparate
pa’ mí no, pues, Secundino.

Sentencia de doble multa
es no saber pentagrama.
Si en el mate arde una llama
destiná’ pa’ gente culta,
en el cerebro me abulta
causándome confusión,
y al toque del guitarrón
le voy cambiando el estilo
por un concierto pililo
que alegra mi corazón.

Comentario: Se refiere en este poema a como el dicho “de tal palo a tal astilla” no calza con ella.

La suerte mía fatal

La suerte mía fatal
no es cosa nueva, señores;
me ha dado sus arañones
de chica muy despiadá’.
Batalla descomunal
yo libro desde mi infancia;
sus temibles circunstancias
me azotan con desespero,
dejándome años enteros
sin médula y sin sustancia.

Dice mi mama que fui
su guagua más donosita,
pero la suerte maldita
no lo quiso consentir.
Empezó a hacerme sufrir,
primero, con la alfombrilla,
después la fiebre amarilla
me convirtió en orejón,
otra vez, el sarampión,
el pasmo y la culebrilla.

De Santiago, pa’ Lautaro
con siete crías colgando,
petaca’ y monos andando,
busca mi taita reparo.
Su capataz l’hizo un aro
diciendo: «Mire, Parrita,
la cosa está aquí malita,
se le traslada pa’l sur,
acomode su baúl,
recíbame esta platita».

Mi taita fue muy letrario,
pa’ profesor estudió,
y a las escuelas llegó
a enseñar su diccionario.
Mi mama, como canario,
nació en un campo florí’o,
como zorzal entumí’o
creció entre las candelillas.
Conoce lo qu’es la trilla,
la molienda y l’amasijo.

Con un chiquillo en los brazos,
los otros seis a la cola,
entramos como una ola,
contentos como payasos,
casi pisando los pasos
de mi preocupa’o paire,
que los monta por los aires
una casa misteriosa
que yo la vi más hermosa
que la capilla del fraile.

Comentario: Durante este poema menciona la suerte que tuvo al salvarse de hartas enfermedades.

Pasamos por Longaví 

La alegre nos duró poco
porque la casa decente
menió toitita la gente
dando chilli’os de loco.
Mi taita poquito a poco
fue engañándonos muy bien
qu’stábamos en un tren
y no hay por qué tener susto,
dejándonos muy a gusto
nos arrimamos a él.

Saliendo de la ciudad,
fue la primera sorpresa
que me dejó la cabeza
un tanto destartalá’.
Mi taita con majestad
dijo: «Es el campo, niñitos,
aquellos son corderitos
y esas alturas, montañas,
y esas, humildes cabañas
de los pobres, pues, hijitos».

Pasaban como unos rayos
uno por uno los bueyes,
derechos como unos reyes,
los puentes y los caballos.
Un hombre vendiendo paños,
otr’ ofertando peinetas.
«Si no te callas, Violeta
–con cara de vinagrera,
dijo mi mama sincera–,
yo voy a darte la fleta».

Y yo que por vez primera
paseaba como una reina,
dichosa porque me peina
el viento la calavera.
«¡Benhaiga la ventolera
que dentra por la ventana!»
–protesta de mala gana
un franciscano gruñón,
al verse sin «guarapón»
y al cogote la sotana.

Pasamos por Longaví,
llegamos a Miraflores,
como chirigües cantores
abrimos el cocaví;
los pasajeros allí
comieron pollito fiambre.
Después vide los alambres
que s’iban y se venían,
y de repente veía
de pájaros un enjambre.

Comentario: Aqui Violeta habla de su primer viaje en tren con su hermano, y lo que ven.

Vigency