«El Portalito»: bar y restaurante guatemalteco cumple 85 años

«El Portalito»: bar y restaurante guatemalteco cumple 85 años

Por Dennis Orlando Escobar Galicia

Situado en el ombligo de Ciudad de Guatemala, en el interior del Portal del Comercio (zona 1) frente al Palacio Nacional de la Cultura , El Portalito es un emblemático bar y restaurante que ha cobijado a personajes nacionales e internacionales, de las más diversas acciones y profesiones: Miguel Ángel Asturias, Augusto «Tito» Monterroso, Rigoberta Menchú, Ernesto «el Che» Guevara…solo por mencionar algunos nombres.

Tantas personalidades de renombre han traspasado la puerta de tan icónico bar y restaurante, que incluso han surgido leyendas, a saber: que en sus mesas se han rubricado proyectos ingeniosos como golpes de Estado y revoluciones como la cubana, y que se han firmado autógrafos de héroes libertarios y de divas del canto y la cinematografía mundial. En sus paredes hay vestigios de toreros españoles, audaces guerrilleros, célebres artistas, jocosos universitarios y…más.

Sus vetustas mesas de cedro de primerísima calidad han sido el soporte de manos masculinas y femeninas; manos que se han estrechado con sinceros saludos y que también han elevado tarros de cerveza y copas de variopintos licores para brindar por una nueva nación: ¡Una Guatemala próspera y revolucionaria!

Nació como El Portal pero ha sido tal el cariño de los bohemios, comensales y artistas que su nombre se ha metamorfoseado en cariñoso diminutivo: ¡El Portalito! No obstante los dueños generacionales, por cuestiones de contabilidad, lo siguen consignando como El Portal.

Escritores, periodistas, pintores, fotógrafos, músicos, dramaturgos y demás miembros de arte y de obra intelectual (mágica tribu, diría la escritora nicaragüense –salvadoreña Claribel Alegría) se han inspirado más de alguna vez en tan acogedor e histórico lugar. Y no vaya usted a creer que solo asisten quienes gustan de las bebidas espirituosas. ¡No!… También lo frecuentan honorables familias acompañadas de sus infantes o abstemios ascetas entregados a sus pensamientos.

Quien esto escribe cuando niño acompañó a familiares adultos que frecuentaban El Portalito. Ellos degustaban vasos con cerveza mixta (cerveza negra y cerveza rubia) y él bebía una minúscula gaseosa de uva (una «grapetilla»). ¡Ah! … Pero las boquitas (aperitivos o tapas) si se consumían en común. Como no recordar las pequeñísimas tostaditas con frijol, aguacate, salsa; las papitas con mayonesa y perejil; las tajadas de remolacha y cebolla con limón; las sopitas de mariscos con apazote. Esas y otras boquitas del arte culinario guatemalteco siguen siendo el deleite hasta el día de hoy.

El Portalito ha sido punto de encuentro para ver en sus pantallas televisivas memorables e increíbles encuentros internacionales de futbol, como el de las semifinales del mundial del 2014 cuando Alemania venció 7 a 1 a Brasil. También para ver hazañas en repetición como cuando el guatemalteco Erick Bernabé Barrondo obtuvo la Medalla de Plata en marcha de los Juegos Olímpicos de Londres. Esas veces las lágrimas de emoción caían a cántaros sobre las bebidas y bocas «portalianas».

«En el justo centro de la Guatemala de la Asunción de los años 1930, el Portal del Comercio era punto de reunión de toda clase de gente, de todos los sectores y las más diversas actividades. Entre ese mágico ambiente de arcos y pasajes que inspiró a Miguel Ángel Asturias para describir la sociedad y el perfil urbano de ese entonces, se fundó el que hoy es el restaurante más antiguo de Guatemala.

Desde 1932, El Portal ha dado la bienvenida a propios y extranjeros con música de marimba, una «chibola» de espumosa cerveza mixta y las más exquisitas bocas típicas. Sus paredes legendarias han sido testigos de animadas tertulias entre políticos empresarios, burócratas, artistas, estudiantes, amistades, parejas y familias, que en conjunto forman la estampa multicolor de El Portalito, y que han servido a fotógrafos y cineastas contemporáneos para plasmar el más tradicional entorno chapín.

Han transcurrido ocho décadas desde que abrió sus puertas, y muchos de quienes ahora lo visitan acudieron por primera vez de la mano de su padre o su abuelo, después de una procesión de Semana Santa, o bien, junto al grupo de compañeros universitarios tras ser protagonistas del desfile de la Huelga de Dolores de la Universidad de San Carlos de Guatemala. En El Portal se disfruta, se bebe y se come tan bien como siempre. Y aunque pareciera haberse detenido en el tiempo, en El Portal se sigue haciendo historia y se hacen vivos los recuerdos.»

Los anteriores párrafos entrecomillados y con negrilla fueron anotados en un tapete de colección con motivo de los ochenta y «pico» años de fundación del Portalito. Yo, el escribiente de esto, a veces en casa colocó la alfombrilla en la mesa y trato de imitar bebidas y boquitas del Portalito.

El autor de este escrito tiene muchas anécdotas de su estadía en El Portalito, como cuando a la edad de diecisiete  años fue visto in fraganti por su tío (el mismo que lo había llevado de chiquillo a conocer el lugar)   empinando un enorme tarro de cerveza.  O como cuando se leyó de un tirón Bajo la rueda de Herman Hesse, de una edición popular mexicana en cuya portada aparece un beodo recostado en una mesa redonda similar a las del Portalito.

¡Para un brindis cabal: una chibola de cerveza mixta en El Portalito! ¡Porque Latinoamérica Exuberante y su editora Ilka cumpla tantos años como el octogenario Portalito! ¡Salud! ¡Salud! ¡Salud!

Categories: Guatemala, Misceláneo